Investigadores de la Universidad de Columbia Británica (UBC) han descrito dos especies de arañas marinas (picnogónidos) nuevas para la ciencia en el mar de Salish, la gran masa de agua que se extiende entre la costa de la Columbia Británica (Canadá) y el estado de Washington (Estados Unidos). Se trata de los primeros hallazgos de este tipo en la zona en casi un siglo. El estudio, publicado en la revista Organisms Diversity & Evolution, combina imágenes de alta resolución y análisis genéticos y aporta una base de datos clave sobre un grupo de invertebrados marinos todavía muy poco conocido.
El trabajo fue liderado por Cormac Toler-Scott como parte de su maestría en zoología en la UBC. “Estaba interesado en cómo les afectan el cambio climático y la perturbación humana, porque los invertebrados marinos del mar de Salish están especialmente en riesgo, y no encontraba información”, explicó el investigador. Antes de este estudio solo se habían documentado de forma fiable alrededor de 17 a 20 especies de arañas marinas en la región.
Los ejemplares se recolectaron entre septiembre de 2023 y agosto de 2024 durante inmersiones de hasta 18 metros de profundidad en diversos hábitats de la isla de Quadra, Vancouver, Bamfield y Victoria. El equipo generó datos genéticos de varias especies que nunca se habían secuenciado y elaboró una guía de identificación para las arañas marinas de la región.
Una de las especies recibió el nombre de Callipallene pilosuspedes (juego de palabras en latín que significa “pies peludos”) en referencia a las largas espinas curvas que cubren la parte inferior de sus patas. Presenta ojos rojos, un tronco esbelto, una probóscide corta con garras para capturar el alimento y una boca triangular dividida en tres labios con tendrilos sensoriales (comparada en algunos comunicados con un pequeño “Sarlacc” marino). Sus ovígeros —apéndices situados en la base de la cabeza— son muy diestros y le sirven como herramientas de acicalamiento: bajo el microscopio se observó cómo los envuelve alrededor de las patas y utiliza espinas en forma de peine para limpiarse. Hasta ahora solo se ha encontrado un ejemplar.
La segunda especie, Tanystylum kiixin, toma su nombre de un antiguo asentamiento indígena cercano al lugar donde se recogieron los primeros ejemplares. La pronunciación (“kee-hin”) evoca el sonido de las olas rompiendo al pie del poblado. Sus apéndices portadores de huevos son mucho más pequeños y menos ágiles, lo que le impide acicalarse con eficacia. Los investigadores la encontraron con frecuencia cubierta de suciedad, restos y diminutos parásitos propios (protistas), un caso que Toler-Scott describe como “un ecosistema dentro de un ecosistema dentro de un ecosistema”.
Las arañas marinas evolucionaron hace unos 500 millones de años y están emparentadas con escorpiones, arañas terrestres y cangrejos de herradura, aunque nunca abandonaron el océano. Pueden tener hasta 12 patas, respiran a través de la piel y se alimentan succionando los fluidos de presas pequeñas o de organismos más grandes (como hidrozoos) con su probóscide. Los machos son los que cuidan de la descendencia: utilizan los ovígeros para recoger los huevos que las hembras expulsan por poros en sus extremidades y los pegan a su propio cuerpo en racimos. Su tamaño varía desde menos de un centímetro hasta más de 70 cm en especies antárticas.
Esta investigación es la primera sobre las arañas marinas del mar de Salish que combina de forma exhaustiva morfología detallada (incluida microscopía electrónica de barrido) y análisis de ADN. Las dos especies ya se han registrado en bases de datos mundiales, pero Toler-Scott advierte que aún queda mucha diversidad por documentar: “Solo tuve una temporada de campo, pero hay definitivamente más diversidad ahí fuera que no hemos registrado”.






