Un estudio internacional liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) revela que, aunque el número de especies de abejas silvestres y sírfidos (moscas de las flores) se ha mantenido relativamente estable en Europa, la mayoría de ellas ha sufrido importantes reducciones en su área de distribución durante los últimos cien años. Los resultados, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), apuntan a un deterioro significativo del estado de conservación de estos polinizadores esenciales.
El trabajo, uno de los análisis más completos realizados hasta la fecha sobre estos insectos en el continente, se basa en una base de datos validada con más de cuatro millones de registros correspondientes al periodo 1921-2020. Cubre cerca del 88 % de las aproximadamente 3.051 especies conocidas de abejas y sírfidos en Europa.
“El estudio muestra que la aparente estabilidad en la riqueza de especies a escala regional puede ocultar cambios importantes en las comunidades. Aunque el número total de especies se mantenga, y aún no estemos detectando extinciones masivas, muchas especies están perdiendo presencia en distintas zonas de Europa”, explica Carlos Martínez Núñez, investigador de la Estación Biológica de Doñana y primer autor del estudio, realizado en colaboración con instituciones de Francia, Bélgica, Serbia y Marruecos.
A escala continental, la persistencia de las especies es relativamente alta: alrededor del 87-91 % de las especies registradas históricamente siguen detectándose en el periodo más reciente (2001-2020). Sin embargo, la ocupación geográfica cuenta otra historia. La mayoría de las especies de abejas y aproximadamente la mitad de los sírfidos han reducido su distribución. En el caso de las abejas, la ocupación media ha caído en torno a un 0,4 % anual, lo que equivale a casi un tercio de su territorio a lo largo del siglo.
Algunas fuentes resumen que los polinizadores se han retirado de aproximadamente un tercio de los terrenos donde estaban presentes hace cien años. Las abejas clasificadas como “en peligro crítico” por la Lista Roja de la UICN presentan los descensos más acusados. Además, las especies con menos datos históricos también muestran tendencias negativas, lo que sugiere que muchas de las menos conocidas podrían estar sufriendo declives que pasan desapercibidos.
Los sírfidos presentan un panorama algo distinto: muchas especies se han descrito en décadas recientes, por lo que la escasez de registros antiguos limita la detección de cambios a largo plazo.Diferencias regionales marcadasLos cambios no son uniformes. La región atlántica (Reino Unido, Bélgica, Países Bajos y oeste de Francia), sometida a una intensa intensificación agrícola e industrial durante el siglo pasado, muestra los declives más persistentes tanto en abejas como en sírfidos. En gran parte de esta zona, las mayores pérdidas se concentraron antes de 1971. La región continental también registra descensos.
En cambio, las áreas alpinas son la excepción: allí se observan más tendencias positivas, probablemente porque el aumento de temperaturas ha permitido que especies de zonas más bajas colonizen altitudes superiores. En el resto de regiones, las especies con tendencias negativas superan a las positivas.
CAUSAS Y RIESGOS
Entre los principales motores del declive figuran la pérdida de hábitats naturales, la reducción de recursos florales, el uso de pesticidas y la intensificación agrícola. El cambio climático aparece como una amenaza creciente que ya está alterando las distribuciones de muchas poblaciones.
Estos insectos son fundamentales para la polinización de plantas silvestres y de numerosos cultivos, además de contribuir al control de plagas. Su pérdida progresiva puede comprometer los servicios ecosistémicos de los que dependen la agricultura y la biodiversidad.
Ignasi Bartomeus, investigador de la EBD-CSIC y coautor del estudio, se muestra cauto pero esperanzado: “Aún no es demasiado tarde para revertir los patrones de declive que hemos observado. Aunque los resultados alertan de declives importantes, también indican que las extinciones a escala continental son escasas hasta ahora, por lo que existe margen de acción”.
Las recomendaciones pasan por conservar y restaurar hábitats naturales, diversificar los paisajes agrícolas, garantizar la presencia de flores a lo largo de todo el año y reducir el uso de pesticidas. A escala individual, los ciudadanos pueden contribuir plantando flores autóctonas en jardines y balcones, evitando pesticidas y creando pequeños refugios para polinizadores incluso en entornos urbanos.






