UN TECHO, UNA CARRERA, UN FUTURO

Con residencias gratuitas y acompañamiento integral, la Fundación Sí ayuda a cientos de jóvenes de todo el país a acceder a estudios superiores y construir un futuro distinto.
Con residencias gratuitas y acompañamiento integral, la Fundación Sí ayuda a cientos de jóvenes de todo el país a acceder a estudios superiores y construir un futuro distinto.

En Córdoba el frío se hace sentir, y Ezequiel Funes lo sabe bien: aparece abrigado mientras recorre una de las residencias universitarias de la Fundación Sí. Es uno de los tres mil voluntarios que integran esta organización presente en casi todas las provincias argentinas y en la ciudad de Buenos Aires, cuyo objetivo es acompañar a los sectores más desfavorecidos del país.

Actualmente, la fundación impulsa proyectos vinculados con educación, recorridas nocturnas, desarrollo y participación comunitaria y asistencia frente a catástrofes naturales.

Ezequiel comenzó a colaborar hace seis años. “Me enteré por un amigo que había leído una nota en un diario de Córdoba y me pareció una idea genial”, recuerda.

Uno de los programas más importantes es el de las residencias universitarias, destinado a jóvenes de zonas rurales o de otras provincias que desean cursar estudios superiores. Una de las condiciones innegociables es que el lugar de estudio pertenezca al sistema público, porque de otra manera resulta imposible de afrontar económicamente.

En Córdoba funcionan dos residencias coordinadas por Ezequiel junto a otros voluntarios. En una viven 38 jóvenes y en la otra, 28. Allí, chicos y chicas se encargan de la limpieza, el orden y las tareas cotidianas. Además de estudiar, aprenden a convivir, organizarse, administrar alimentos y cocinar.

“Uno llega y se da cuenta de que no todos pensamos de la misma manera, no todos tenemos la misma crianza ni el mismo contexto cultural, entonces van chocando esas cosas, pero con el tiempo se van arreglando”, le cuenta Jonathan Aguirre a Convivimos al recordar lo más difícil de dejar su Formosa natal para instalarse en Córdoba.

Jonathan cursa tercer año de Psicología. Llegó a la provincia porque se abrió una vacante en una de las residencias. Supo de la posibilidad gracias a su mamá, que trabaja en el comedor de una escuela secundaria y conoció el proyecto por medio de una profesora.

Hace tres años dejó atrás El Colorado, una localidad formoseña de poco más de 18 mil habitantes, ubicada a 150 kilómetros de la capital provincial. “Fue difícil adaptarme, estar lejos de mi familia y de mi provincia”, admite.

“Soy la primera generación de estudiantes universitarios de mi familia».
Florencia Pereyra

La historia de Damaris Luna tiene otro recorrido. Llegó desde La Puerta, una pequeña localidad del departamento Río Primero, en Córdoba, para estudiar el Profesorado de Teatro en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba. Si todo sale como espera, el próximo año se recibirá. “Estoy muy emocionada porque arranco mis prácticas en un colegio primario. Y es muy hermoso, porque siento que estoy haciendo lo que me gusta”, expresa con entusiasmo. 

En su caso, la experiencia con la fundación tiene antecedentes familiares: dos de sus siete hermanos también lograron graduarse gracias al acompañamiento de la organización.

Para Damaris, la residencia significa mucho más que un techo. Allí también dan apoyo académico y acompañamiento psicológico si es necesario. La fundación no solo brinda recursos materiales, sino que construye vínculos, acompaña trayectorias y se convierte en una red afectiva fundamental para los jóvenes.

EL PROYECTO

Las residencias universitarias nacieron hace más de una década para ofrecer alojamiento gratuito a estudiantes, pero también alimentos, clases de apoyo y asistencia integral, sea médica, psicológica o psicopedagógica. Todas las áreas de trabajo están atendidas por personas voluntarias. 

Hoy existen 27 residencias en distintos puntos del país donde viven 756 jóvenes. 

Además, la iniciativa contempla el acompañamiento a estudiantes externos: personas que ya cuentan con un lugar donde vivir, pero necesitan ayuda material para sostener sus estudios. Actualmente, la fundación acompaña a 163 jóvenes bajo esta modalidad.

Cada año se habilitan alrededor de 300 cupos para estudiar. “Una de las pocas condiciones que tenemos es que las universidades tienen que ser públicas y gratuitas”, explica Ezequiel. De otro modo, cientos de jóvenes quedarían excluidos de la posibilidad de acceder a la educación superior.

Pueden postularse jóvenes que hayan terminado el secundario –o estén por hacerlo–, sean menores de 25 años y acrediten no contar con recursos económicos suficientes para alquilar.

La inscripción para 2026 permanecerá abierta hasta el 31 de julio. Los requisitos y detalles para aplicar se encuentran en el sitio web de la fundación. Además, cualquier persona puede colaborar mediante donaciones para seguir acompañando a jóvenes de todo el país.

CUMPLIR SUEÑOS

Florencia Pereyra también está haciendo realidad un sueño propio y familiar. “Soy la primera generación de estudiantes universitarios de mi familia. Para mí es un orgullo y una responsabilidad muy grande”, dice con emoción.

Oriunda de Traslasierra, creció en Bajo de Corrales, un paraje cordobés de apenas cien habitantes. Este año terminará la Licenciatura en Trabajo Social y se sumará a la lista de egresados que ya superan los 150 desde que inició este proyecto. 

Y aunque Florencia todavía no tiene definido qué hará después de recibirse, tiene una certeza: quiere devolver parte de lo que recibió. Como Damaris y Jonathan, su deseo es convertirse en voluntaria y ayudar a otros jóvenes a acceder a las mismas oportunidades que cambiaron su vida y le permitieron perseguir sus sueños. 

CÓMO COMUNICARSE:

Fundación Sí: fundacionsi.org.ar

 

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