Desde 2019, el número de satélites activos en órbita terrestre ha aumentado drásticamente, superando los 14.000-16.000 en 2026, impulsado principalmente por megaconstelaciones de telecomunicaciones como Starlink de SpaceX, que ya cuenta con más de 10.700 satélites operativos.
Sin embargo, las propuestas regulatorias actuales contemplan el lanzamiento de más de 1,7 millones de nuevos satélites, una cifra que, según un reciente estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO), tendría “consecuencias devastadoras” para la observación del universo.
El trabajo, liderado por el astrónomo Olivier Hainaut del ESO y aceptado para publicación en la revista Astronomy & Astrophysics, es el primero en cuantificar de forma integral el efecto combinado de estas grandes constelaciones sobre el brillo del cielo nocturno. No solo considera las estelas luminosas que dejan los satélites al cruzar el campo de visión de los telescopios, sino también cómo la luz reflejada incrementa el brillo de fondo del cielo, dificultando la detección de galaxias lejanas, exoplanetas similares a la Tierra o asteroides potencialmente peligrosos.
“Hasta ahora lo hemos conseguido, pero está empeorando”, afirma Hainaut. Aunque empresas como SpaceX han implementado medidas para reducir el brillo de sus satélites, las propuestas actuales van “más allá del límite” de lo que la astronomía puede soportar.
Las simulaciones del estudio muestran que una exposición de dos horas con el Very Large Telescope (VLT) de ESO registraría decenas de estelas de satélites por imagen, con pérdidas de hasta el 28 % del campo de visión. En instrumentos de gran campo como la cámara del Observatorio Vera C. Rubin, gran parte de las imágenes podrían quedar inutilizadas durante varias horas cada noche.
“Los satélites, iluminados por el Sol, son mucho más brillantes que las galaxias lejanas. Cuando uno cruza el campo que observamos, deja una estela brillante en la imagen y arruina la observación del objeto situado detrás”, explica Hainaut.
El estudio presta especial atención a los planes de Reflect Orbital, que busca desplegar una constelación de satélites equipados con espejos para reflejar luz solar durante la noche. La empresa planea lanzar un satélite de prueba (Eärendil-1) en 2026 y alcanzar una flota de hasta 50.000 unidades en 2035. La FCC ya aprobó las operaciones de radio para el primer satélite de prueba.
Según los cálculos, estos serían los satélites más brillantes jamás puestos en órbita. Desde el interior de uno de sus haces reflejados, un satélite podría verse cuatro veces más brillante que la Luna llena. Incluso fuera del haz directo, cada uno brillaría como Venus y elevaría entre tres y cuatro veces el brillo general del cielo nocturno. Con la constelación completa, muchas imágenes astronómicas resultarían inutilizables.
UN LÍMITE
Los investigadores concluyen que, para preservar las observaciones con telescopios modernos, no deberían orbitar la Tierra más de 100.000 satélites lo suficientemente tenues (más débiles que la magnitud visual 7) como para resultar invisibles a simple vista. “No es un número fijo; claramente preferiría 50.000”, señala Hainaut. “Pero 100.000 causa pérdidas a un nivel similar a otras pérdidas técnicas, como fallos de equipamiento”.
ESO, junto con la Royal Astronomical Society y la Unión Astronómica Internacional, ha presentado alegaciones ante la Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. (FCC), que evalúa solicitudes de SpaceX y Reflect Orbital. “Para la astronomía óptica esto es una amenaza existencial”, afirma Betty Kioko, responsable de coordinar la respuesta de ESO.
Las megaconstelaciones no solo afectan a la investigación científica. Los lanzamientos frecuentes y la reentrada de satélites al final de su vida útil generan impactos adicionales en la calidad del aire, los ecosistemas y los ritmos biológicos de la vida silvestre.
El estudio llega en un momento de expansión acelerada: SpaceX ha solicitado autorización para hasta 100.000 satélites adicionales en su constelación Gen3, además de otros planes ambiciosos.








