Un nuevo descubrimiento paleontológico procedente del sureste de Brasil está desafiando las ideas establecidas sobre el origen y la evolución temprana de las serpientes. El fósil, perteneciente a una especie recién descrita llamada Tametara mirim, vivió entre hace 85 y 75 millones de años durante el Cretácico Superior y representa uno de los linajes más basales conocidos de estos reptiles.
Las serpientes surgieron probablemente durante el Jurásico Medio, hace unos 160 millones de años, y se diversificaron notablemente en el Cretácico. Sin embargo, el hábitat ancestral en el que evolucionaron —si fueron excavadoras, terrestres o marinas— ha sido objeto de intenso debate científico. Este nuevo espécimen, adaptado a la vida subterránea, aporta evidencias clave que sugieren un panorama mucho más dinámico y diverso de lo que se pensaba anteriormente.
El fósil de Tametara mirim fue hallado en 2020 en la Formación Adamantina (Grupo Bauru), en el municipio de Presidente Prudente, estado de São Paulo. Se trata del primer fósil de serpiente articulada conocido en Brasil, con aproximadamente el 60% del cráneo y el 70% de la columna vertebral preservados en tres dimensiones.
“Todos los elementos conservados están articulados y preservados en tres dimensiones. Esta es solo la cuarta especie de serpiente fósil del Mesozoico jamás encontrada con este nivel de preservación”, explicó a SINC Tiago Simões, de la Universidad de Princeton y primer autor del estudio publicado en la revista Nature.
Las tomografías microcomputarizadas de alta resolución permitieron a los investigadores reconstruir en detalle la neuroanatomía del animal, incluyendo nervios craneales, oído interno y el cerebro, algo excepcional en fósiles de esta antigüedad.
Uno de los hallazgos más sorprendentes es la morfología cerebral de Tametara mirim. Sus hemisferios cerebrales (relacionados con funciones cognitivas) y el téctum óptico (involucrado en la visión) eran más pequeños en comparación con muchas serpientes modernas, lo que concuerda con un estilo de vida fosorial (excavador), donde la agudeza visual es menos crítica.
“Las formas cerebrales de las serpientes del Cretácico diferían sustancialmente entre sí y con respecto a la mayoría de los linajes modernos de lagartos y serpientes. Esto significa que poseían una diversidad neuroanatómica, y probablemente funciones sensoriales mucho mayores al inicio de su historia evolutiva de lo que se pensaba anteriormente”, destacó Simões.
Tametara mirim medía alrededor de 42 cm de longitud y probablemente se alimentaba de insectos u otros pequeños invertebrados en su entorno subterráneo.
El estudio indica que, mientras Tametara era fosorial, otros linajes basales como Dinilysia mostraban adaptaciones no excavadoras. Esto sugiere que las transiciones ecológicas ocurrieron muy temprano en la historia de las serpientes, con formas adaptadas a hábitats subterráneos, terrestres superficiales y marinos ya en el Cretácico temprano.
“Hipótesis competidoras anteriores sugerían una trayectoria más lineal en la formación de este plan corporal, impulsada por adaptaciones a un estilo de vida marino o fosorial. Nosotros encontramos un panorama mucho más dinámico”, concluye Simões.
Comprender el origen de las serpientes sigue siendo uno de los mayores misterios de la evolución de los vertebrados, según el investigador. “Las serpientes representan uno de los planes corporales más extremos de todos los animales con columna vertebral”, añadió.






