EL AIRE ACONDICIONADO Y EL CAMBIO CLIMÁTICO 

El aire acondicionado resulta un artefacto importante para hacer frente a eventos de temperatura extrema, pero también contribuye al calentamiento del planeta.
El aire acondicionado resulta un artefacto importante para hacer frente a eventos de temperatura extrema, pero también contribuye al calentamiento del planeta.

Las olas de calor se han convertido en la nueva normalidad. El cambio climático agrava estos episodios, y Europa debate si la refrigeración de edificios debe convertirse en un asunto político prioritario.

Según un informe de Greenpeace de 2025, una de cada tres familias españolas no puede mantener una temperatura adecuada en su vivienda durante los meses de calor. Esta cifra se duplica en hogares vulnerables, alcanzando el 53%. La pobreza energética en verano es incluso mayor que en invierno. 

Manuel Ruiz de Adana, investigador de la Universidad de Córdoba y responsable del Grupo de Investigación en Ingeniería Térmica Aplicada, lo subraya: la climatización no es solo confort, es protección sanitaria, especialmente para mayores y niños, cuyos sistemas termorreguladores son más sensibles. “El estrés térmico aparece muy rápido y puede afectar gravemente a su salud”, afirma. 

Factores como la temperatura del aire, humedad, ventilación y actividad física influyen en el confort térmico. Controlar la temperatura del aire es clave, pero no el único.

”El uso masivo de aire acondicionado genera un círculo vicioso. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estimó que en 2022 la refrigeración emitió alrededor de 1.000 millones de toneladas de CO₂ por consumo eléctrico. Estas emisiones agravan el cambio climático y provocan más calor extremo. 

Además, un equipo estándar extrae calor del interior, pero expulsa más al exterior (aproximadamente 15 unidades de calor por cada 5 de electricidad consumida). “Cuanto más se usa, más se calienta el entorno”, explica Ruiz de Adana. En ciudades, esto intensifica las “islas de calor”, que pueden elevar la temperatura hasta 10°C respecto a zonas rurales. 

Marta Olazabal, jefa del Grupo de Investigación en Adaptación al Cambio Climático del BC3, resume el dilema: “El uso del aire acondicionado no es sostenible a largo plazo, pero sí necesario en muchos casos”. El debate no es “sí o no”, sino cómo garantizar confort térmico dentro y fuera de los edificios de forma equitativa. 

SOLUCIONES

Los expertos coinciden en que no se puede prescindir de la climatización, pero debe transformarse:

-Refrigerantes más sostenibles y equipos de alta eficiencia (bombas de calor reversibles, compresores modulares).

-Electricidad renovable: La fotovoltaica correlaciona bien con la demanda de frío en climas cálidos, aunque no cubre todo (especialmente tardes-noches). Se lograría una climatización de “muy bajas emisiones”.

-Medidas pasivas: Aislamiento de edificios, ventilación nocturna y vegetación urbana para reducir la demanda de frío antes de producirlo.

Una alternativa prometedora son las redes de distrito de calor y frío. En vez de aparatos individuales, una central energética común distribuye agua caliente o fría a través de tuberías. 

Ruiz de Adana defiende el cambio estructural: pasar de soluciones individuales a sistemas energéticos urbanos que optimicen renovables, calor residual y gestión de la demanda.

EQUIDAD Y ESPACIO PÚBLICO

No todos pueden permitirse un aire acondicionado ni pagarlo. Las subvenciones (como el 50 % para aislamiento o equipos) suelen beneficiar a rentas altas. Olazabal reclama normativa ambiciosa y medidas en el espacio público: refugios climáticos son útiles a corto plazo, pero no la única solución. Ciudades como Barcelona ya tienen cientos. 

“Todas las medidas son necesarias. Con las temperaturas actuales y las futuras, en Europa no podemos prescindir de sistemas de climatización”, concluye Ruiz de Adana. La clave está en combinar adaptación (confort térmico) con mitigación (bajar emisiones) de forma justa.

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