“Las películas están para poner temas de conversación en la agenda cultural”, dice Matías Ferreyra, el realizador cordobés que este mes estrena en el cine Una casa con dos perros. En su ópera prima, le propone al espectador dos líneas de reflexión. Por un lado, los vínculos familiares: “Poder corrernos de esa mirada romántica de la familia y de las lealtades invisibles que hay, mi intención fue acercarme a un retrato desconfiado de la familia, la cual puede ser un lugar peligroso para crecer”. Y por otro, sobre diciembre de 2001, el contexto que encontró para narrar esta sensación de desamparo y asfixia. “El film revela cierta relación tóxica que tenemos los argentinos con la crisis, como una reincidencia cíclica cada tantos años. En ese sentido, adquiere una mirada política sobre la actualidad que no trabajé de manera consciente cuando comencé el guion. Me parece que está bueno cuando pasa eso con las películas, porque demuestra que son un organismo vivo que dialoga y se transforma”, comenta.
Por eso, confirma que la película no es para relajarse y desconectar, “es una experiencia un poco incómoda, un relato que no es tan fácil de procesar”. “Está parada desde el lado oscuro de las cosas, no trata de resaltar lo luminoso del ser humano, sino más bien de ciertas oscuridades”, concluye el director y guionista.
- ¿Una película que recomiendes?
Love Streams, de John Cassavetes.

UNA CASA CON DOS PERROS
En plena crisis del 2001, la familia de Manuel se muda a lo de su abuela. En una guerra por ocupar los espacios de la casa, el niño siente que su familia no es un lugar seguro. En su abuela encuentra complicidad y un inesperado modo de resistir.
Estreno 29 de mayo en Cine Gaumont (CABA); 5 de junio en Cineclub Municipal Hugo del Carril, Córdoba.






