Marina Casas comenzó su recorrido artístico con la danza, estudió distintas disciplinas y se perfeccionó en el tap. También, desde chica, tuvo inclinación hacia la música, pero recién de grande la reconoció como vocación y hoy va por su segundo disco. En Cicatriz activa, al igual que en el primer disco, Semblantes, recurrió al tap como elemento rítmico y lo incorporó a sus canciones. “Lo que hago es muy auténtico y propio. El tap siempre formó parte de mi vida, entonces es mostrarme como soy. Sin buscarlo, se fue asentando esto de unir todas mis facetas”, cuenta quien además es escritora y psicóloga. La psicología atraviesa su manera de expresarse y, por eso, comenta que, en lo conceptual, el álbum “va a lo profundo, lo oscuro y la introspección”. Y asegura que hay un aspecto disruptivo en las letras, porque tienen “una mirada diferente, con cierta ironía y humor sobre ciertas situaciones”.
Con la etapa compositiva en pausa, está enfocada en presentar el disco. “En el vivo siempre hay algo de nervios, porque el canto tiene un desafío mayor que la danza, al cantar uno conecta con algo muy íntimo. Sin embargo, vengo transitando un camino de muchos años de estudio, de exponerme, y me siento en un lugar supercómodo en los shows, porque son las canciones que creé, que me representan, eso me brinda más seguridad”, dice.
- ¿Un disco que recomiendes?
Motomami, de Rosalía.

CICATRIZ ACTIVA
Diez canciones que juegan entre pop rock, synth e indie, y que hablan del amor, el desamor, el cuerpo, la salud mental, la soledad y el dolor. En algunas de ellas, el tap suena como un instrumento más.
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