Un estudio liderado por el Instituto Wellcome Sanger y la University College de Londres (UCL), publicado en The Lancet Microbe, sugiere que la composición del microbioma intestinal de un bebé en su primera semana de vida podría influir en su riesgo de hospitalización por infecciones víricas respiratorias durante los dos primeros años. Este hallazgo, aunque aún no establece una relación causal, abre nuevas perspectivas para la prevención de enfermedades respiratorias en la infancia.
El microbioma, compuesto por millones de microorganismos y su información genética, comienza a formarse inmediatamente después del nacimiento. Según Cristina García-Mauriño, investigadora de la UCL y primera autora del estudio, el primer mes de vida es una ventana crítica para intervenir y potenciar este ecosistema microbiano, esencial para el desarrollo del sistema inmunitario.
El estudio analizó muestras de heces de 1.082 recién nacidos en Reino Unido mediante secuenciación genómica y revisó sus historiales médicos hasta los dos años. Los resultados muestran que los bebés nacidos por vía vaginal con una mayor presencia de la bacteria Bifidobacterium longum (B. longum), junto con otras especies beneficiosas como B. bifidum y B. dorei, tenían menor probabilidad de ser hospitalizados por infecciones respiratorias, incluso considerando factores como la exposición a antibióticos o el tipo de alimentación (materna, artificial o mixta).
Diversos factores influyen en la composición del microbioma intestinal, como la microbiota materna, la edad gestacional, el modo de parto, las prácticas de alimentación, la exposición a antibióticos y la genética. Investigaciones previas del mismo equipo, publicadas en Nature en 2024, identificaron que los bebés nacidos por vía vaginal presentan un microbioma diferente al de los nacidos por cesárea, aunque estas diferencias tienden a igualarse al cumplir un año.
El estudio actual encontró que no todos los bebés nacidos por vía vaginal tienen la misma composición microbiana. Mientras que algunos presentaban un perfil dominado por B. longum, otros mostraban perfiles asociados con un mayor riesgo de hospitalización por infecciones respiratorias, similares a los observados en bebés nacidos por cesárea.
UNA ASOCIACIÓN, NO UNA CAUSA
García-Mauriño enfatiza que, por ahora, se trata de una asociación y no de una relación causal. “Es necesario seguir investigando para comprender los mecanismos subyacentes y confirmar si estas bacterias pueden proteger contra infecciones respiratorias”, señala. Este conocimiento podría guiar estrategias para adaptar tratamientos clínicos y prevenir enfermedades respiratorias en la infancia.
La investigadora también aclara que los resultados no deben interpretarse como un argumento contra la cesárea, un procedimiento que puede ser vital en muchos casos. “Las decisiones sobre el parto son personales y complejas. No todos los bebés nacidos por vía vaginal mostraron menor riesgo, lo que indica que otros factores están en juego”, añade.






