Un equipo de investigadores del CONICET en el Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM, CONICET-UNLP) ha revelado un avance clave en la comprensión de la infección causada por Bordetella bronchiseptica, una bacteria que afecta a cerdos, perros, gatos y, en menor medida, a humanos inmunosuprimidos.
Este microorganismo es responsable de enfermedades como la rinitis atrófica en cerdos, que deforma la nariz y reduce la alimentación, y la «tos de las perreras» en perros y gatos que conviven en grupo.
En humanos, puede provocar infecciones respiratorias crónicas. Además, es pariente cercano de Bordetella pertussis, causante de la tos convulsa, una afección grave especialmente en bebés menores de un año.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Journal of Bacteriology y destacado en su portada, identifica el rol de dos componentes naturales del organismo infectado —el calcio y la albúmina sérica— en la inhibición de la formación de biofilms bacterianos. Estas biopelículas, una especie de «tapiz» que las bacterias crean para adherirse a las vías respiratorias y protegerse, son clave para su supervivencia. Según Sabrina Mugni, primera autora del estudio y docente de la UNLP, “el calcio y la albúmina actúan como señales que reducen los niveles de una molécula bacteriana llamada c-di-GMP, impidiendo que las bacterias formen o mantengan estas estructuras”.
Federico Sisti, investigador del CONICET y coautor, explica que, durante la infección, B. bronchiseptica coloniza el epitelio respiratorio y forma biofilms. Sin embargo, la respuesta inmune del organismo introduce calcio y albúmina, que interrumpen este proceso en un 80 a 100 %, según los ensayos. Aunque las biopelículas ya establecidas no se desmantelan, se frena su avance y la formación de nuevas colonias, lo que podría limitar la propagación de la bacteria a otros órganos o huéspedes.
“Este hallazgo no solo detalla el mecanismo de infección, sino que también aporta datos sobre las vías de transmisión”, señala Julieta Fernández, otra investigadora del equipo. Este conocimiento podría revolucionar las terapias actuales, como las vacunas, que hoy utilizan bacterias muertas completas. En el futuro, se podrían desarrollar vacunas más precisas, basadas en proteínas específicas, que no solo traten la enfermedad, sino que prevengan la circulación del patógeno.






