Un estudio publicado en la revista Plos ONE revela que la esperanza de vida sigue en aumento a nivel global, con una notable reducción de la brecha entre hombres y mujeres, aunque las diferencias entre países continúan siendo marcadas. El análisis, realizado por un equipo internacional de economistas y demógrafos de instituciones como la Universidad de Alcalá de Henares, la Universidad de Barcelona, la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y la Universidad de Oxford, examinó datos de mortalidad de 194 países entre 1990 y 2020, proyectando tendencias hasta 2030.
El estudio clasifica a los países en cinco grupos según su esperanza de vida. En el primer grupo, que incluye a naciones desarrolladas como las de Europa, Japón, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda, la esperanza de vida supera los 80 años. En contraste, países como Guinea-Bisáu, la República Centroafricana y Uganda, ubicados en el último grupo, apenas alcanzan los 60 años, aunque han mostrado mejoras en las últimas décadas y se espera que continúen haciéndolo.
“Este estudio confirma un aumento global de la esperanza de vida y una reducción de las diferencias entre hombres y mujeres”, afirmó Brandon Yan, de la Universidad de California en San Francisco, en declaraciones a NewScientist. Sin embargo, los investigadores advierten que eventos imprevistos, como pandemias o crisis sanitarias, podrían alterar estas proyecciones.
El análisis destaca que la diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres, históricamente mayor en estas últimas, se está reduciendo. En los países más desarrollados, la esperanza de vida en 1990 era de 72 años para hombres y 77 para mujeres; en 2010, alcanzó 78 y 83 años, respectivamente; y para 2030, se proyecta que llegue a 83 y 86 años. España y Japón lideran consistentemente este grupo.
En los países con menor longevidad, la esperanza de vida en 1990 era de 44 años para hombres y 50 para mujeres, mejorando a 57 y 61 años en 2010. Para 2030, se espera que alcancen 61 y 62 años, respectivamente. Según David Atance, economista de la Universidad de Alcalá de Henares y autor principal del estudio, esta convergencia se debe a avances sanitarios, mayor concienciación sobre enfermedades como el sida y una disminución de muertes relacionadas con el tabaquismo y el alcohol, que afectan más a los hombres.
UN PATRÓN UNIVERSAL
Atance explica que el aumento de la longevidad sigue un patrón común: primero, se reduce la mortalidad infantil; luego, los avances médicos mejoran la calidad de vida en la edad adulta; y, finalmente, se implementan medidas que prolongan el envejecimiento. Sin embargo, subraya que las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres hacen improbable que la esperanza de vida se iguale completamente, ya que los hombres son más propensos a ciertas enfermedades.
Sin embargo, los investigadores reconocen que la pandemia de covid-19 pudo haber afectado la esperanza de vida, especialmente en los hombres, y advierten que eventos imprevistos podrían modificar las proyecciones. A pesar de esto, el estudio refleja un panorama optimista, con mejoras continuas en todos los grupos de países, aunque las disparidades entre regiones persisten.
EL FUTURO
El análisis no solo resalta el progreso en la longevidad, sino también la necesidad de abordar las desigualdades globales. Mientras países desarrollados avanzan hacia una esperanza de vida cercana a los 90 años, las naciones más pobres aún enfrentan retos significativos.






