A cualquier persona le sobrarían los dedos de una mano para nombrar a los bandoneonistas que conoce. Tal vez, los más grandes recuerden a alguno de épocas pasadas del tango, y pocos serán conscientes de que el 2×4 motivó a instrumentistas en distintas partes del mundo. Por eso, Pablo Jaurena se animó a la gran hazaña de reunir a treinta bandoneonistas de tres continentes para grabar un disco en colaboración con joyas perdidas del repertorio tanguero y composiciones contemporáneas. Y a su esfuerzo le creó un nombre: Fueyerías. “Fueye es la palabra del lunfardo que refiere al bandoneón, y fueyerías es el resultado del encuentro de dos o más fueyes. Es un espacio colectivo para compartir y crear entre pares”, dice como si leyera la definición en un diccionario.
Desde Córdoba, el bandoneonista, investigador y docente orquestó esta aventura que lo llevó por Buenos Aires, Tokio, París, Madrid y Medellín. Los colegas que juntó hablan diferentes idiomas y tienen distintas edades, van desde los 22 a los 90 años. “Más que tocar la música, lo más titánico del proyecto fue acordar con todos, cada uno con sus tiempos y personalidades, y que lo disfrutemos”, cuenta. Por eso, además del álbum que lanzó en mayo, Fueyerías será una serie documental con datos, anécdotas y testimonios alrededor de cada tema y proceso de grabación. Estima que el estreno llegará en 2027.
- Inventaste una palabra, ¿también el tipo de reunión?
Más que un invento, fue un gran esfuerzo de producción. Hay una parte mía que es muy ñoña, me gusta conocer un poco más de lo que pasó, de la historia, quiénes hicieron esto primero y cómo lo hicieron, para aprender de ahí. Entonces, por esa hambre de investigar, empecé a ver que había antecedentes de reuniones de bandoneonistas en el tango, pero que estaban un poco desperdigados, un poco ocultos. De lo que no había muchos antecedentes es de reunir tantas voluntades en un álbum. Sí para cosas aisladas, como tocar un tema.
- ¿Tanto esfuerzo te sacó más canas o te rejuveneció?
Me sacó muchas canas, pero me crecieron pelos nuevos de mi color. Es una cosa que se retroalimenta. Es decir, me demanda mucha energía, pero la consigo del proyecto mismo, que me termina llenando de energía. Fue una producción muy desgastante, pero que la hice feliz y la volvería a hacer porque el combustible para mí era lo que íbamos a generar artísticamente. Por eso valió la pena todo el esfuerzo.
- ¿El bandoneón suena igual en las distintas partes del mundo?
Suena diferente en cada músico. Si lo toco yo y después le doy el mismo instrumento a un colega acá, lo va a hacer sonar diferente. Además, hay cuestiones que tienen que ver con las diferentes escuelas.
- ¿Para el público argentino es un instrumento exótico?
Sigue siendo exótico para los argentinos. Puede ser que tenga un poquito más de visibilidad que hace algunos años. Ahora, por ejemplo, Cazzu tiene un bandoneonista en su banda. Yo grabé para Trueno y para Ricardo Montaner. Eso te da visibilidad en otros ambientes, pero no creo que haya un resurgimiento. Hay un reinterés en las nuevas generaciones, pero falta un apoyo estructural en la sociedad. El bandoneón necesita tener otra valoración, se debe enseñar en todos los conservatorios y universidades, el tango también. Porque es una música nacional que ya ha hecho méritos suficientes como para ganarse esos espacios. Los ha ido ganando de a poco, a fuerza de mucha insistencia de colegas y gestores culturales. Pero falta todavía, no alcanza.
- ¿El bandoneón tiene futuro?
Es un instrumento que está en muy buena salud, porque hay muy buenos y nuevos instrumentistas, hay gente componiendo, escribiendo métodos y estudiando. A mí lo que me preocupa es que esa gente tenga trabajo para poder dedicarse a eso. Nosotros somos un eslabón más de una tradición cultural muy fuerte. El tango en la Argentina es una tradición viva que tiene más de cien años, y nosotros somos parte de eso. Estamos luchando para que eso no se corte, para mantener viva esa música que nos representa, que somos.
- ¿Cómo definirías el sonido del bandoneón?
Con palabras es casi imposible, toda definición es muy caprichosa. No sé si es por la construcción mecánica o por qué, de todos los instrumentos posibles que podían haber caído del tango, es el instrumento al que mejor le quedó el traje y que mejor desarrolló la cuestión expresiva, de cómo cantar una melodía. Por algo del fueye, de lo que respira, del aire, me parece que es un instrumento muy humano, en el sentido de la respiración y en la expresión que puede generar. Por eso, la gente dice que es muy triste o que “cala hondo”. El bandoneón puede transmitir esa melancolía que tiene el tango de una manera muy particular, y creo que es por la humanidad que tiene el instrumento.
CAFÉ CON MAESTRO
Luego de presentar Fueyerías en Buenos Aires, el próximo 11 de julio lo hará en Córdoba. Allí, en el Teatro del Libertador, contará con un invitado, el maestro Rodolfo Mederos.
Entre otros países, con su trabajo conoció Colombia, en donde empezó a adentrarse en la cultura cafetera. “Era de los que tomaba café instantáneo con mucha azúcar. Me fui perfeccionando, primero amargo, después en granos. Ahora cuando voy a Colombia hago una compra. Una vez me traje ocho kilos”, confiesa una tarde de lluvia con un jarrito entre las manos.






