Uno de los episodios más legendarios de la Antigüedad sigue fascinando a historiadores y científicos más de 2.200 años después. En el año 218 a. C., el general cartaginés Aníbal Barca partió desde la península ibérica con un ejército compuesto por unos 46.000 hombres, 7.000 caballos y 37 elefantes de guerra. Su objetivo: invadir Italia cruzando los Pirineos y los Alpes para sorprender a Roma, un movimiento que marcó el inicio de la Segunda Guerra Púnica.
La travesía alpina, realizada en apenas 15-16 días según las crónicas antiguas de Polibio y Tito Livio, estuvo plagada de dificultades: terrenos escarpados, frío extremo, ataques de tribus locales y un enorme desgaste físico. Hoy, el debate sobre la ruta exacta que eligió Aníbal permanece abierto, pero un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) aporta datos cuantitativos que fortalecen una de las hipótesis más recientes.
LA RUTA MÁS EFICIENTE
Investigadores del Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv), la Universidad Friedrich Schiller de Jena y la Universidad de Oxford aplicaron un enfoque bioenergético innovador. Analizaron el coste energético de varias rutas alpinas posibles, modelizando las demandas de tropas, caballos y elefantes africanos actuales en función de su masa corporal y la pendiente del terreno.
Los resultados son claros: el camino de la Traversette (a unos 2.947 metros de altitud, en la frontera franco-italiana) emerge como la opción más eficiente. Representó un coste total estimado de 5,42 terajulios (TJ) para todo el ejército. En comparación con el camino de Montgenèvre: 6,02 TJ (11% más); camino de Clapier (la candidata tradicional más apoyada): 6,28 TJ (16% más); y camino de Mont Cenis: 6,45 TJ (19% más).
“Al minimizar los costes energéticos, el general aumentó las capacidades y expectativas de su hazaña”, explica Emilio Berti, coautor del estudio e investigador de la Universidad Friedrich Schiller de Jena. Según Berti, aunque Aníbal no contaba con cálculos precisos modernos, es razonable pensar que disponía de un conocimiento práctico sobre las necesidades de sus tropas y, especialmente, de los elefantes, animales que los cartagineses utilizaban desde hacía tiempo. Los cuidadores (cornacas) conocían bien sus capacidades biomecánicas.
EL ROL DE LOS ELEFANTES
El estudio destaca el reto biológico de la travesía. En la ruta de Traversette, los hombres habrían perdido alrededor del 19% de sus reservas de grasa corporal, lo que ayuda a explicar la elevada mortalidad humana documentada en las fuentes históricas. En cambio, los elefantes solo perdieron aproximadamente el 4% de sus reservas.
“Mientras que un hombre sano tiene entre un 10 y un 20% de grasa corporal, el elefante posee un 35%”, detalla Berti. Esta mayor proporción de grasa permitió a los paquidermos soportar mejor el déficit calórico, ya que no podían forrajear lo suficiente durante la marcha continua. Los elefantes demostraron una notable robustez y capacidad de adaptación, aunque no podrían haber sobrevivido indefinidamente en el clima alpino.
Los elefantes no solo fueron un desafío logístico, sino un elemento estratégico. Su presencia ayudó a Aníbal a reclutar aliados entre los pueblos celtas del norte de Italia, hostiles a Roma. Psicológicamente, infundían temor, especialmente contra la caballería enemiga, aunque su utilidad fue más limitada frente a la infantería pesada romana. Su rol principal pudo haber sido simbólico y de apoyo en las primeras batallas.
Esta investigación no cierra definitivamente el misterio —la ambigüedad persiste—, pero fortalece significativamente la hipótesis del camino de la Traversette, ya apoyada por análisis filológicos, geomorfológicos y por evidencias de depósitos de excrementos animales datados en torno al 218 a. C. encontrados en la zona en estudios previos de 2016.








