Todos los años es lo mismo: se acerca la fecha, entrás a buscar opciones y terminás dudando entre lo de siempre. Un perfume se termina en un par de meses.
Una prenda puede no quedarle bien, o simplemente no ser lo que ella hubiese elegido para sí misma. Y aunque el regalo salga bien, hay algo que se repite todos los años: la sensación de haber cumplido con la fecha más que de haberla festejado de verdad. Este año, en cambio, podés probar algo distinto: regalarle una tarde entera con vos.
No hace falta contarle el plan completo. Le decís que se ponga cómoda, que lleve algo fresco para cambiarse, y nada más. Ella se va a imaginar mil cosas, y ninguna se va a acercar a lo que realmente le tenés preparado: un Día Relax 2×1, pensado para vivirse entre las dos, en las sierras de Córdoba. La sorpresa no está en un moño ni en un envoltorio, sino en que, por una vez, no tiene nada que resolver ni organizar para nadie más.
EL AGUA CALIENTE, PRIMERO
Llegan juntas y lo primero que hacen es cambiarse. Entran al circuito de hidroterapia, y ahí el agua caliente empieza a hacer su trabajo casi de inmediato: afloja los hombros, baja las revoluciones, apaga por un rato esa vocecita que en la cabeza de mamá —y en la tuya también, seguramente— nunca deja de hacer listas. Sin pantallas, sin horarios, aparece un silencio raro entre las dos: cómplice, relajado, el que solo sale cuando no hay nada más que hacer que estar ahí. Es un silencio distinto al de estar ocupa-das cada una en lo suyo en la misma casa; es el de estar, las dos, en el mismo lugar y al mismo ritmo.
DESPUÉS, EL MASAJE
Después viene el masaje, una camilla al lado de la otra. Y con él, esa charla que en cualquier otro día del año no tiene ni el lugar ni el tiempo para salir: la que arranca de cualquier cosa y de a poco deriva en una anécdota vieja, una risa compartida, algún silencio que no incomoda. No hay apuro por levantarse ni nada pendiente después. Solo esa tarde, las dos, ahí, sin que nadie mire el reloj ni tenga que estar en otro lado en un rato.
UNA VIVENCIA COMPARTIDA
Un perfume se termina. Una prenda se guarda en el placard y con suerte se usa un par de veces. Una tarde así, en cambio, se recuerda mucho después de que cualquier objeto haya perdido su gracia, porque no es algo que mamá reciba y guarde, sino algo que las dos viven juntas, al mismo tiempo, en el mismo lugar. Esa diferencia —estar presente en vez de solo gastar— es la que termina quedando en la memoria de los dos la-dos: del que regala y del que recibe.
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