Por primera vez en la historia de la exploración planetaria, un rover ha realizado con éxito un experimento de química húmeda en la superficie de otro mundo, desvelando más de 20 compuestos orgánicos complejos preservados durante 3.500 millones de años en el cráter Gale.
Desde su aterrizaje en Marte en agosto de 2012, el rover Curiosity de la NASA ha funcionado como un geólogo incansable, recorriendo el cráter Gale en busca de evidencias sobre la habitabilidad pasada del planeta rojo. Ahora, un nuevo hito científico publicado en la revista Nature Communications amplía significativamente nuestra comprensión de la química marciana.
El descubrimiento se produjo en la región de Glen Torridon, dentro del cráter Gale, un área rica en minerales arcillosos del miembro Knockfarrill Hill. Allí, el instrumento Sample Analysis at Mars (SAM) analizó la muestra “Mary Anning 3”, recolectada en 2020. Utilizando por primera vez en otro planeta la técnica de termochemólisis con hidróxido de tetrametilamonio (TMAH), el equipo liberó y detectó una diversidad de moléculas orgánicas mucho mayor de la observada previamente con pirólisis en seco.
UN LABORATORIO A MILLONES DE KILÓMETROS DE DISTANCIA
El TMAH actúa rompiendo moléculas orgánicas grandes y complejas —a menudo unidas a minerales o en forma macromolecular— en fragmentos más pequeños y volátiles que el cromatógrafo de gases y el espectrómetro de masas de SAM pueden identificar con precisión. Curiosity solo contaba con dos recipientes de este reactivo, por lo que la elección del lugar fue crítica: los científicos optaron por Glen Torridon por la capacidad de las arcillas para atrapar y proteger materia orgánica, como ocurre en la Tierra.
Los resultados validaron la estrategia: se detectaron más de 20 compuestos, entre ellos siete moléculas nunca antes confirmadas en Marte. Destacan el benzotiofeno (una molécula sulfurosa de doble anillo común en meteoritos) y un compuesto heterocíclico nitrogenado cuya estructura recuerda a precursores del ADN y ARN.
“Creemos que estamos ante materia orgánica que se ha conservado en Marte durante miles de millones de años”, afirma Amy Williams, profesora de ciencias geológicas en la Universidad de Florida y autora principal del estudio. “Es extremadamente útil tener pruebas de que esta materia se conserva, porque es la forma de evaluar la habitabilidad de un entorno. Si queremos buscar indicios de vida en forma de carbono orgánico preservado, esto demuestra que es posible”.
CONEXIONES CON LA TIERRA PRIMITIVA
El benzotiofeno sugiere una conexión directa entre el material entregado por meteoritos a Marte y el que llegó a la Tierra primitiva. “El mismo material que llovió sobre Marte desde los meteoritos es el que cayó sobre la Tierra, y probablemente proporcionó los ladrillos de la vida tal como la conocemos en nuestro planeta”, explica Williams.
Sin embargo, los científicos insisten en la cautela. La presencia de estas moléculas no constituye prueba de vida pasada. Pueden originarse por procesos geológicos abióticos o haber sido transportadas por impactos meteoríticos. César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de bioquímica en la Universidad de Alcalá, subraya en declaraciones al Science Media Centre España: “El hallazgo real e importante es metodológico y analítico. Este trabajo no implica ni que se hayan encontrado evidencias de vida en Marte, ni de vida pasada, ni biofirmas o biomarcadores. Nada biológico. Eso debe quedar muy claro”.
FUTURAS MISIONES
El éxito del experimento TMAH abre nuevas puertas para la astrobiología. Misiones como la Rosalind Franklin de la ESA (que incorporará un instrumento similar, MOMA) o Dragonfly de la NASA hacia Titán planean emplear técnicas comparables.
“Ahora sabemos que existen compuestos orgánicos grandes y complejos preservados en el subsuelo poco profundo de Marte, y eso ofrece muchas esperanzas para encontrar moléculas que podrían ser diagnósticas de vida”, concluye Williams.
Curiosity continúa su ascenso por el Monte Sharp, acumulando datos que refuerzan la idea de que Marte no solo fue habitable en el pasado, sino que actúa como un valioso archivo químico de los primeros tiempos del sistema solar. Este avance metodológico marca un antes y un después en la búsqueda de las condiciones que pudieron permitir el surgimiento de la vida más allá de la Tierra.






