GONZALO HEREDIA: “ME GUSTA LA PERSONA QUE SOY EN ESTE MOMENTO”

Luego de un largo recorrido en la actuación y, más que nada, junto a los libros como compañeros de vida, considera que conoce su propósito y se hizo cargo de él. Publicó tres libros y tiene otros en proceso, escribió obras de teatro y sigue encontrando su manera de contar historias.
Luego de un largo recorrido en la actuación y, más que nada, junto a los libros como compañeros de vida, considera que conoce su propósito y se hizo cargo de él. Publicó tres libros y tiene otros en proceso, escribió obras de teatro y sigue encontrando su manera de contar historias.

Hace unos minutos, terminó de ensayar una obra de teatro, y dentro de un rato tiene que grabar el programa donde entrevista a escritores nacionales. Hoy no tuvo tiempo para avanzar en la escritura del ensayo en el que está inmerso, por lo que se encuentra algo intranquilo. Sin embargo, ni en la producción de fotos ni en la entrevista se percibe en él apuro alguno. No hay tensión, sino una disposición plena a lo que tiene enfrente. Bromea sobre el paso del tiempo, juega con eso, y se abre a la charla. El modo en que se desenvuelve combina con lo que dirá luego: Gonzalo Heredia es, hoy, un hombre que se encuentra a gusto consigo mismo y con su vida.

Desde su aparición en tiras juveniles, su rol principal fue el de galán, con la histeria que ese tipo de personaje genera alrededor y la reticencia de cierto ambiente a otorgarle prestigio. Durante un tiempo, disfrutó y sufrió en distintas proporciones ese juego, hasta que el panorama definitivamente se aclaró para él cuando decidió hacer en público lo que siempre había hecho en privado: leer, escribir y hablar de libros. En los textos, como siempre, encontró la verdad necesaria. “Ya tengo 44 años y me encuentro con una persona que me gusta ser. Me gusta la persona que soy en este momento. Llevó mucho tiempo, en el que siempre me pregunté honestamente por qué y para qué hago lo que hago. Empecé a descubrir mi verdadera forma de contar, a conectarme con un verdadero yo. Hoy vivo la vida percibiendo el mundo: uno siempre parte desde lo que vive, las cosas que le pasan, lo que todo eso le provoca y, de ese total, lo único que sobrevive son las palabras, las ideas. No hay otra cosa, no hay mucho más. Entendí que lo mío es contar historias. El sentido, el propósito que yo le encuentro a mi vida, es ese. Cuando entendés cuál es tu propósito, todo confluye hacia un lugar”, explica.

Criado en Munro, provincia de Buenos Aires, Gonzalo dejó el colegio en la adolescencia, un poco por fiaca, otro poco por el deseo de trabajar para tener un ingreso propio, pero, sobre todo –entendió más tarde–, por la necesidad de buscar algo que el mundo no le ofrecía. Había algo más allá de su barrio, del taller mecánico de su padre, y el hilo del que comenzó a tirar fue un libro: “Vi en casa El túnel, de Sábato. No teníamos libros, pero ese llegó por una de las colecciones que venían con el diario, cuyo primer ejemplar era gratis. Lo abrí y fue muy impactante lo que me pasó. Leía y todo me parecía muy extraño, no sabía que se podían escribir esas cosas. Cuando lo cerré, seguí pensando en la historia, en los personajes. Ya me había vuelto adicto a la lectura. Vi que iluminaba zonas mías que yo desconocía, quise seguir buscando por ahí, y comencé a escribir”, recuerda.

Gonzalo Heredia. (Foto: Alejandra López)
  • ¿Cómo continuó esa exploración?

Fue difícil esa construcción de un lector, porque nadie de mi entorno leía, entonces no existía esa persona que me pudiera recomendar otras lecturas, que me acercara más material. En el taller, cuando mi papá me veía leyendo, inmediatamente me decía “¿Por qué no te ponés a hacer algo?”. Tenía esa idea de que leer era no estar haciendo nada, y fue muy difícil para mí deconstruir eso. Yo también tenía la idea de que leer era para un círculo muy selecto, y que hacerlo en público, en el colectivo, el tren o donde fuera, era tratar de aparentar algo. Comencé un camino autodidacta para aprender a ser lector. Esa “familia literaria” de la que habla Abelardo Castillo, que es seguir la línea de autores o autoras que el autor que te gusta menciona entre sus lecturas, me permitió armar mi propio mapa literario de voces. Ahí fui buscando la mía, también.

“El primer paso para que las cosas no sean tan pesadas es reírse de uno mismo”.

  • No mucho después, comenzaste a actuar, primero en publicidades y después en tiras de televisión…

Sí, y sentía como si dentro mío hubiera dos personas. Yo trabajaba en el taller mecánico, me pagaba mis propios books de fotos, que después repartía en los castings. Estaba en el taller cuando me sonó el teléfono, en diciembre de 2000, y me avisaron que había quedado para trabajar en Telefe. En enero estaba en el estudio, con las luces y todo eso, todavía con grasa de la fosa en las uñas. A partir de ahí, todo fue muy progresivo, una explosión muy movilizante. De repente, vos ya no sos más propio, sino que un montón de gente te conoce, habla de tu vida y opina.

  • ¿Y cómo te pegó eso?

Me resultó bastante extraño, porque tenía que saber jugar un juego que desconocía por completo, en donde muchas reglas no había. Intentaba seguir con mis valores, los que me habían inculcado, pero había cosas que fui descubriendo medio en el camino, en una especie de vorágine en donde no pensás mucho, no te detenés a analizar por qué hacés lo que hacés. En un momento, estaba en mi casa, solo, y vi la tapa de una revista en la que había salido. Me sentí alejado de esa persona, vendiendo cierto deseo. “Ah, esto hago”, pensé. No renegué ni reniego, porque estuvo buenísimo, pero me di cuenta de algo. Me conecté con la idea de contar historias, hacerlo desde otro lado, se me abrió algo. Tenía que hacerme cargo de eso.

  • Ya escribías, pero no lo mostrabas, ¿sentiste que ser conocido te habilitaba más para poder hablar en público de tus lecturas y escrituras?

Eso fue medio raro. Lo de manifestar el deseo de leer y escribir lo tenía bastante escondido, relegado. No por nada en particular, no es que lo pensé, sino que era algo de mi vida privada. Después, a través de la actuación empecé a tener un poco más de reconocimiento y popularidad, construyendo un rol dentro de la maquinaria, y me pareció que podía ser útil. Yo no había tenido alguien que me recomendara lecturas al principio de mi camino, y pensé que yo podría, compartiendo mis lecturas, los libros que me conmovían o interpelaban, llegarle a alguien.

Gonzalo Heredia. (Foto: Alejandra López)
  • ¿Te dio vértigo? Porque, hasta ese momento, no lo querías contar...

No sé si “vértigo” es la palabra, pero sabía que iba a haber prejuicios. Hasta el día de hoy me pasa que me preguntan si es verdad que leo. Y me causa gracia. Cuando publiqué mi primera novela, Construcción de la mentira, fui consciente de eso. Quería usarlo como material literario dentro de la novela, entonces el texto ya estaba respaldado en sí mismo. Todo lo que se podía llegar a decir o a pensar está dentro de la novela, porque en un momento el personaje, que es actor, también escribe algo, lo publica y empiezan a conjeturar y a decir un montón de cosas. Entonces, hay algo de redoblar como si fuera una especie de caja china, meter todo dentro. En un momento decantó solo. Yo escribo esto, soy esto, el texto tiene vida propia y se defiende a sí mismo. Llegué a ese punto después de una larga construcción.

  • ¿Vos también tenías prejuicios sobre esto? ¿Te considerás autor?

Yo no me siento nada, sinceramente. Ni actor, ni escritor. Soy una persona que todos los días escribe, en el sentido literal: todas las mañanas estoy delante de la computadora o lo que sea escribiendo, desde hace mucho tiempo. Esa rutina, esa gimnasia, la fui construyendo. Uno se construye como lector y como cualquier otra cosa, no es que nacés y listo. Empezás con cinco páginas, después diez, treinta, hay algo de esa disciplina, y en un momento ya no lo podés dejar más. Hoy, por ejemplo, no me senté a escribir y fue raro para mí. Hay una rutina construida para darle el lugar que siempre tuvo en mi vida. Poder hacer eso fue ser honesto conmigo mismo. Por eso digo que me gusta la persona que soy ahora. Porque me di cuenta de qué carajo tengo que hacer.

  • En este camino, por un lado, te tomaste más en serio algunas cosas y pasaron al frente después de estar escondidas mucho tiempo. Por otro, hay asuntos que te tomás de forma más liviana: antes, ante las críticas, te enojabas, pero ahora lo tomás con humor, ¿no?

Sí, me ha pasado mucho eso de enojarme. Yo me tomaba muy en serio a mí mismo. Hubo una época en donde yo quería ser el mejor actor del mundo, esa ambición bastante estúpida, que igual es lógica a los veintipico de años, cuando te tomás muy en serio. Después te das cuenta de que nada es tan serio, nada es tan determinante. Creo que el primer paso para que las cosas no sean tan pesadas es reírse, primero de uno mismo, tener esa conexión constante y poder verse de afuera. En las redes sociales, sobre todo lo que era Twitter y ahora es X, la moneda corriente es la ironía, la acidez, el humor negro, y creo que entendí un poco ese juego. Con respecto al paso del tiempo, por ejemplo, me parece muy divertido lo que ocurre, muy gracioso. Cuando grababa novelas, nos decíamos con mis compañeros “Mirá cuando estemos en Volver”, y ya de mí pasan tres novelas en ese canal… Es gracioso, está sucediendo.

  • Hay algo que se desactiva ahí…

Sí, aparte ayuda el hecho de tener hijos: el ego se doblega, se pone en otro lugar, se van colocando ciertas cosas en ciertos lugares en donde, si bien siguen traccionando tu búsqueda, tu ambición, tu pasión, hay algo que ya no entorpece tanto, que es el hecho de quererse mucho a sí mismo en un sentido de ególatra, de enceguecimiento con respecto al ego. Tratar de sostener algo que fui, un lugar, un nombre, te juro que me provoca un patetismo terrible. En las fotos de esta nota, por ejemplo, me veía y pensaba que ya estoy dando señor mayor, con el jopo y la camisita. Y está bien que sea así, me divierte. Dejá que el tiempo pase, que eso traiga también cosas nuevas, profundas, maduras. A mí me gusta.

Gonzalo Heredia. (Foto: Alejandra López)

TEATRO, STREAMING, LIBROS 

Junto a Eleonora Wexler, con dirección de Andrea Garrote, protagoniza El estado de la unión, una obra de Nick Hornby, en el teatro Picadero. Mientras tanto, escribe su cuarto libro (ya publicó Construcción de la mentira, El punto de no retorno y Extranjera): un ensayo llamado Personapersonaje, para el Fondo de Cultura Económica. En paralelo, hay una novela que poco a poco comienza a tomar forma en su computadora. Además, tiene pensado adaptar su primera novela y hacer con ella un unipersonal en teatro.

En streaming, continúa con un espacio en el canal Blender en el que entrevista a autores y autoras argentinos, con especial foco en aquellos que publican en editoriales independientes.

NOTAS DESTACADAS:

MUNDIAL 2026: ¿QUIÉN SE QUEDA CON LA COPA?

Cuarenta y ocho selecciones disputarán la Copa del Mundo, pero solo un puñado tiene credenciales y argumentos como para aspirar a llevársela. Además de la Argentina, ¿cuáles son los candidatos?

LA TRAMA PERFECTA

Este otoño los tejidos nos abrazan con la calidez y la suavidad de siempre. Pero en esta temporada de otoño 2026 las prendas y los accesorios de lana toman un gran protagonismo gracias a los diseños supercoloridos y con morfologías novedosas.