Por más de una hora y media diaria, las mujeres con educación superior completa en la región dedican más tiempo que los varones con el mismo nivel educativo a las tareas de cuidado y domésticas. Esa diferencia —1 hora y 37 minutos menos por día para los hombres— equivale a casi 25 días completos al año. Cocinar, limpiar, hacer las compras, ocuparse de la ropa, las mascotas, los niños, las niñas y las personas mayores o con discapacidad recae desproporcionadamente sobre ellas.
Este dato no es un relato aislado, sino el punto de partida de un exhaustivo estudio de las economistas Cecilia Velázquez y Analía Calero, publicado a fines de 2025 en la revista Tramas y Redes. Su trabajo analiza encuestas de uso del tiempo de 18 países de América Latina y concluye que las brechas responden a condicionamientos estructurales, en sintonía con los aportes de la economía feminista, más que a preferencias individuales.
Velázquez, doctora en Economía por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), docente e investigadora del CEDLAS-UNLP y del CENEP, e integrante del Sistema de Indicadores con Perspectiva de Género de la Provincia de Buenos Aires, y Calero, doctora por la UBA, recuperan en su artículo cuatro abordajes regionales sobre el cuidado. Estos se contraponen a la visión clásica de la economía que reduce las diferencias a “elecciones libres”:
-La economía feminista, que enfatiza las relaciones de poder y la organización social del cuidado.
-Enfoques sociológicos que lo vinculan al bienestar social.
-Perspectivas de derechos humanos que lo conciben como un derecho.
-Visiones éticas cercanas a la antropología y la psicología social.
Todas coinciden en reconocer estas brechas como manifestaciones de dinámicas estructurales.
“El trabajo doméstico y de cuidados sostiene la vida cotidiana y la economía, pero todavía recae de manera desproporcionada sobre las mujeres”, reflexiona Velázquez. Medir el uso del tiempo permite dimensionar esa desigualdad y avanzar en las tres “R” del cuidado: reconocer, reducir y redistribuir.
DATOS COMPARADOS: LA BRECHA VARÍA, PERO PERSISTE
Utilizando información del Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL y su Repositorio de Uso del Tiempo (actualizado en 2025), las autoras realizaron un análisis comparado. En todos los países, las mujeres dedican entre 1,7 y 5,7 veces más tiempo al trabajo no remunerado que los hombres.
La brecha es menor en países con mayor desarrollo económico y menor desigualdad de ingresos, lo que sugiere que el contexto socioeconómico y la organización social del cuidado influyen fuertemente. Además, se observa una tendencia a la reducción de la brecha a lo largo del tiempo en la mayoría de los países, aunque los avances son parciales y desiguales.
En Argentina, las mediciones entre 1998 y 2024 (nacionales y subnacionales) son consistentes pese a diferencias metodológicas: el trabajo doméstico y de cuidados sigue fuertemente feminizado.
DOBLE JORNADA Y “PISOS PEGAJOSOS”
La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral no ha venido acompañada de una redistribución equivalente de las tareas del hogar. El resultado es una doble —o triple— jornada que limita su participación laboral, promueve trayectorias más precarias, menores salarios y menor acceso a puestos de liderazgo.
Fenómenos como los “pisos pegajosos”, “escaleras rotas” y “techos de cristal” tienen aquí una de sus raíces: los estereotipos de género que asocian a las mujeres con el cuidado familiar.
Según la CEPAL, las mujeres de la región destinan en promedio el doble o triple de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, lo que afecta su autonomía económica, el acceso a ingresos propios y la protección social.
Velázquez y Calero concluyen que se trata de un fenómeno complejo que requiere una mirada multidisciplinaria. Las políticas deben ser integrales e involucrar al Estado, el mercado, las familias y las comunidades para avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad de género.






