Hace unos meses, el mundo discutió si el ballet estaba en extinción tras unas declaraciones del actor de Hollywood Timothée Chalamet. Como si estuviera bailando en el escenario, con una sonrisa amplia Lucio Hernández confiesa que su sueño es triunfar en la danza clásica y derrumba aquella hipótesis. Hay jóvenes talentosos que están interesados en la disciplina, tiene futuro. A sus veinte años, sabe que hay mucho camino por delante y se prepara para eso.
Empezó a bailar de chico, “contagiado” por un entorno familiar vinculado a las artes. Lo primero fue comedia musical, aunque rápidamente la parte del movimiento lo tomó por completo. Ingresó a la escuela de formación del Teatro del Libertador de Córdoba, en 2025 fue seleccionado para sumarse a la compañía Seance de Turquía y este año se sumó al elenco de Me verás volver, la obra de Hernán Piquín dedicada a Soda Stereo. Mientras recorre el país con el espectáculo, anhela su Salsipuedes natal, sacarse las zapatillas en la puerta y hacer de la montaña su escenario.
¿Qué te pasa por el cuerpo cuando escuchás la música y empezás a moverte?
Es como una desconexión de todo lo que pasa cotidianamente. Es un enfoque distinto a la percepción de cuando estoy en casa, cuando estoy en la calle, como si fuera una burbuja donde ahí se concentra todo. Y a mí me brinda seguridad, me hace creer un poco más en mí y se me convierte en un mimo. El bailarín tiene eso de que es muy autoexigente, no solamente con su físico, con muchas cosas. Entonces, poder encontrar un equilibrio a través de una clase creo que es lo que más me sostiene.
- ¿Qué hace falta para poder avanzar en el camino de la danza?
Tal vez se cree que el día a día de un bailarín es ir a hacer la clase y después vuelve a la casa y nada más, pero no, hay todo un detrás muy fuerte y hay que acompañar mucho la vida cotidiana. Por eso es importante el apoyo familiar, lo emocional, como también la alimentación, el entrenamiento afuera. Es toda una seguidilla de cosas.
- ¿Qué estás aprendiendo con la experiencia de Me verás volver?
El hecho de tener otro tipo de estilos de danza me ayuda a ser un poco más versátil, porque yo vengo de lo clásico y contemporáneo. Al mismo tiempo, es muy placentero ver cómo el cuerpo se adapta a distintos movimientos. También estoy muy a la espera de lo que se presente, no estoy tan ansioso con esto. Estoy muy contento, pero muy tranquilo. Además, estoy feliz porque no solamente te da la posibilidad de trabajar de lo que me gusta, sino de poder conocer el país.
- ¿Hay menos prejuicios en torno a los varones y la danza?
Sí. Desde que arranqué, aproximadamente en el 2014, hay más suavidad, al menos un enfoque más tranquilo con eso. Siempre faltan varones, eso es muy fuerte. No sobran los bailarines masculinos, por eso se busca más convocarlos, porque hay una demanda menor que el cuerpo femenino. Hoy, en la sociedad sí está un poco más aceptado.
- ¿Qué pensás de lo que dijo Timothée Chalamet del ballet y la ópera? ¿La danza clásica está viva?
Está viva. Sí puede que haya pasado por una crisis de identidad, hay un repertorio muy cuadrado de lo que es la danza clásica, pero me parece que también hay un prejuicio muy grande, porque en la danza clásica hay un montón de proyectos nuevos. Y no solamente la danza, sino el hecho de tener un cuerpo de orquesta, un coro, hay fusiones de ópera y danza, siempre con una versatilidad muy fuerte. A veces siento que la gente se cierra en que la danza clásica es solo El lago de los cisnes. Y una de las cosas que más me emocionan como bailarín es ser parte de algo más grande, el seguimiento con un pianista, con un violinista, eso es lo que más me alienta.
- ¿Qué te gusta de la danza clásica?
La música. Me mueve un montón. En la calle escucho lo que bailo, una ópera o El lago de los cisnes. Las terminaciones de las canciones, las salidas, todo eso me da como un éxtasis de energía muy fuerte.
- ¿Qué te falta alcanzar, aprender?
Tengo un amor muy fuerte por la danza clásica. Me gustaría volver un poco a mis bases, a tomar clases, para volver a conectar con otras facetas mías y tener la seguridad de presentarme en las audiciones para formar parte de alguna compañía como el ballet del Teatro Colón o del Libertador de Córdoba, por ejemplo. También estoy con ganas de trabajar en algún crucero o algo así, pero todavía tengo tiempo. Así que estoy tranquilo con eso.
CAFÉ CON GIRA
“El café está muy presente en los bailarines. Todo el tiempo estamos tomando café en termitos. Es permitido tanto en las clases como durante una función”, revela Lucio, quien lo prefiere lágrima. Me verás volver se estrenó en el Teatro Real de la ciudad de Córdoba y en marzo comenzó su recorrido por las provincias del país. En mayo, también cruzarán el charco para presentarse en localidades de Uruguay. A su provincia volverá en junio, con funciones en Villa María, Jesús María y Villa Dolores.






