A unos diez kilómetros del mar Mediterráneo, en el sur de Francia, atiende el llamado el mejor jugador de handball de la historia argentina. Diego Simonet, el “Chino”, ya retirado del seleccionado que condujo a las principales competencias internacionales junto a una camada que cambió la historia del deporte en el país, se mantiene ocupado en múltiples frentes: capitán del competitivo Montpellier, también sostiene la editorial que fundó y la nueva app que creó, y en casa lleva adelante una paternidad activa, con nueva integrante recién nacida. “Estoy a full, intentando disfrutar del handball, porque no sé cuánto me quedará. Y con ganas de estar presente en casa y en mis otros proyectos. Por eso tomé la decisión de dejar la selección. Si estuviese en un club de menos nivel, jugando solo un partido por semana, sería todo más tranquilo. Pero Montpellier compite en el alto nivel, a tope, lo que implica tener dos partidos por semana, con viajes en el medio. Decidí darme un poquito más de tiempo”, explica.
- ¿Te costó dejar la selección?
Obviamente, sí. Medio que ya lo tenía decidido hace un tiempo, pero en el momento en que lo dije, se me removió todo. Caí de golpe. Fue todo un proceso asimilarlo, aunque siempre estuve muy seguro de la decisión y no me arrepiento. Estoy más tranquilo mentalmente y con mucho menos estrés, lo que hoy es muy importante. Hay que cuidar a la familia.
En la familia Simonet, el handball es una presencia previa al nacimiento de Diego. Luis y Alicia, sus padres, jugaron en la selección argentina. Lo mismo harían luego, además del Chino, sus hermanos Sebastián y Pablo. De chico, veía los entrenamientos de su hermano mayor en Ferro, y comenzó a forjar el deseo de seguir sus pasos. Mudados a la provincia de Buenos Aires, el Club Alemán de Villa Ballester fue testigo de los primeros pasos del pequeño crack. “Mi sueño era ser como mi hermano, que fue de los primeros jugadores argentinos que pudo irse a clubes de afuera. El handball era un deporte muy de familia, casi desconocido más allá del ambiente. Yo solo veía a mi hermano y, de vez en cuando, enganchaba partidos que transmitía la televisión española. De a poco, otros jugadores se fueron al exterior, las cosas comenzaron a mejorar y hoy, después de algunos buenos resultados, el deporte es más conocido”, dice.
- ¿Por qué estuviste a punto de dejar un par de veces?
Al principio, sobre todo, veía que mis amigos se iban de vacaciones, salían los fines de semana a cumpleaños y fiestas. Yo dejé todo eso de lado por pasión, porque este no es un deporte que te dé tanta plata como otros. También tuve lesiones que me hicieron dudar, y cuando me fui a otros países la distancia se me hizo difícil. Creo que tener a mi hermano mayor como referente fue clave: fue el guía, el ejemplo. Veía que él se la bancaba y me daba fuerzas para no aflojar.
- ¿Sos consciente de que se te considera el mejor jugador de handball de la historia argentina? ¿Cómo manejás eso?
Con mucha responsabilidad. Desde que empecé a jugar en la selección y a ser un referente, para mí era clave ser ejemplar, dar una buena imagen. Yo sabía que había muchos chicos viéndome y recordaba cómo miraba a mi hermano y a otros jugadores. Uno copia lo que hacen los demás. Eso lo entendí de muy chico, junto a los valores con los que me criaron mis padres. Para mí es muy importante dar una buena imagen, porque los deportistas, lo queramos o no, educamos a los pibes que quieren hacer lo mismo que nosotros. Me gusta transmitir los valores que tengo. Siento que estoy bien preparado.
- Tenés 36 años, tu contrato con Montpellier es hasta junio, ¿qué imaginás de tu futuro una vez que concluya la temporada?
Voy a esperar a ver cómo van las cosas en casa con el nacimiento de mi tercera hija, para tomar la decisión con calma. Hasta junio, tengo que mantener la motivación en cada entrenamiento y en cada partido. Eso lleva su desgaste, y lo quiero hacer a full. En junio, veré cómo me siento. Por suerte, mi cabeza está también para otras cosas, tengo proyectos y sé que no me voy a aburrir.
- ¿Qué significa el handball para vos?
Es mi vida. Me ha dado todo: amigos, familia, hermanos que se han convertido también en amigos, en compañeros de equipo. En los diecisiete años que viví afuera por este deporte, crecí y aprendí mucho. Voy a estar agradecido de por vida.
¿JUEGOS OLÍMPICOS?
Padre de Juana, Benjamín y Luisa, el central argentino es un emprendedor. En 2019, inició un proyecto editorial con juegos de mesa, que le dieron forma a un entretenimiento que solía compartir en viajes y concentraciones con sus compañeros, y en casa junto a su familia, alejados de las pantallas. El secreto de la Torre Eiffel, 1812 (vinculado a la creación de la bandera argentina) y Olimpikos son los tres juegos que desarrolló.
Recientemente, lanzó la app iDisko, una especie de boliche virtual, que permite a los usuarios crear y unirse a salas donde conversar a la vez que comparten la música que están escuchando. La define como “una mezcla de aplicación de música, streaming y encuentros”.






