Cuando una puede, puede, y Dalia Gutmann sí que sabe hacer reír. Cada vez que lo logra, se siente viva. Dice que es un don, de esos que vienen de fábrica, y que a ella le tocó el de ser graciosa. Sin embargo, no supo que se trataba de su vocación hasta que la Argentina importó el stand-up como género de comedia y convirtió su talento en profesión.
En 2009 comenzó a hacer unipersonales con el universo y la cotidianeidad femenina como centro de su humor “catártico y emocional”. Además, sus propias vivencias son la fuente de inspiración de sus monólogos. “Me gusta mucho hablar del mundo que vivimos las mujeres. La invitación cuando hago un show de stand-up es venir a conocer mi neurosis, que es la de muchas mujeres, pero transformada en otra cosa”, cuenta. No obstante, sus shows no son exclusivos para espectadoras, nota que a los hombres les entusiasma cada vez más verla en el teatro: “Están chochos de venir, porque se enteran de cosas. Es como que están espiando una charla de minas y no están acostumbrados, entonces se sorprenden”.
Tras los exitosos espectáculos Cosas de minas y Tengo cosas para hacer, desde marzo recorre el país con Experiencia Dalia Gutmann, no me calmo nada. Otra vez parte de su propio mundo y reconoce que el paso de los años hace mutar las temáticas que aborda. Así, en esta nueva propuesta lleva a escena su “delirio cotidiano”. “Soy una persona muy ambigua, porque soy muy caótica, enquilombada, vivo un poco a los ponchazos el día a día, pero a su vez soy muy responsable y trato de llegar a todo. Pero siempre estoy algo sobrepasada”, confiesa una tarde de jueves en la que después de la charla con Convivimos, las actividades siguen.
- ¿De qué te reís en Experiencia Dalia Gutmann que antes no te reías?
Fui haciendo diferentes shows. Uno fue Cosa de minas, que lo hice nueve años, igual se iba renovando, la temática era más de una treintañera, madre de hijos chiquitos, etcétera. Después, en Tengo cosas para hacer, hablaba un poco de este mundo loco en el que estamos sumidos con la era Internet, donde te podés comprar un sillón a las cuatro de la mañana, tirado en la cama, me reí un poco de ese mundo acelerado. Y este show es más de una señora que está llegando a los 50, con hijos adolescentes. A mí me gusta mucho hablar de la emocionalidad humana, por eso creo que es un espectáculo que, si voy a Tucumán o Ushuaia o a Washington, está todo bien. Es muy de la emocionalidad de las mujeres, sobre todo.
- En estos más de veinte años de humor, ¿te hiciste experta en mujeres?
Es un tema que me interesa naturalmente, leo desde literatura hasta cosas científicas. Tengo como cierta atracción, porque es un mundo que, usualmente cuando se generaliza, es siempre desde la visión más masculina. Entonces, a mí me interesa tratar de rescatar lo que es bien de nosotras. Hay algo que me gusta mucho de ese mundo, que tal vez recién en los últimos años se empezó a hablar más desfachatadamente. Antes, cuando yo me crie, y de eso hablaba mucho en el show, por ejemplo, había que ser femenina, porque si no te retaban: “No queda bien, Dalia, sos mujer”. No solo te pasan mil cosas por dentro, además tenés la presión de que nadie se tiene que enterar de lo que te pasa. Entonces me parece que es importantísimo para nosotras poder hacer humor y reírnos de nuestro mundo, que es un mundo que me encanta y me interesa.
- ¿Qué te genera la risa de las demás personas?
Me tranquiliza mucho cuando alguien se ríe, es como que algo se calma, o la angustia o la tensión. Tengo esta sensación de que donde hay gente riéndose, nada malo puede pasar. Hay una cosa muy alivianadora para el ser humano de poder reírse y de escuchar risas. Y la risa también es contagiosa, a mí me genera mucha satisfacción. Soy consciente de que trabajo para que la gente se ría, es mi objetivo principal. No hay que ser negador, pero hay cosas que solo las podés procesar cuando te reís, porque ya lo pudiste elaborar más.
- Tu trabajo es que la gente se ría, ¿es un laburo difícil?
A esta altura de mi vida es como que le preguntes a una pastelera si es difícil hacer una torta. Todos los días trabajo para que me salga cada vez mejor. De taquito nunca me salió nada en la vida, estoy acostumbrada a ponerle esfuerzo y dedicación. Como también es mi laburo, sé que si voy a un lugar y nadie se ríe y me contrataron para eso, hay algo que no funcionó y no hice bien. Pero nunca lo pienso como que es difícil, pienso “Yo estoy acá para esto, para que la gente se ría”. Sí, hay lugares en los que decís “Qué difícil que va a ser acá”, porque ves que hay mucha tensión o que hay gente que no tiene mucha onda, pero uno también tiene que trabajar para dar vuelta esas situaciones.
- A lo largo de estos veinte años, también has sido conductora, publicaste tres libros, actuaste en películas, estás produciendo espectáculos de otras mujeres. Entre tantas facetas, ¿el stand-up es lo tuyo?
Yo soy locutora, después descubrí el stand-up. Es un género bastante nuevo en la Argentina, empezó en el principio del 2000. Qué suerte que nací ahora, porque siento que es mi vocación, pero si hubiese nacido cuarenta años antes, no sé qué hubiera hecho. Me gusta mucho, pero también descubrí que dirigir y acompañar a otras mujeres que también hacen humor, más que nada para mujeres, me interesa. Mi columna vertebral es el stand-up, después hay un montón de ramas que me gustan, me gustan los podcasts, las entrevistas, actuar en algún sketch cómico, también guiono, escribo los monólogos. Me gusta esto de rodearme de distintos medios, de diversidad de estilos de vida.
“Es importantísimo para nosotras poder hacer humor y reírnos de nuestro mundo”.
- ¿Te sentís una referente en el humor de mujeres?
A veces me lo dicen, la verdad que no pienso mucho en eso. Es algo que tal vez pueden ver los demás, pero no es que me autoperciba de esa manera. Si soy una referente, mejor, me encanta inspirar a alguien.

- ¿El humor es un don?
Sí. Igual todos los seres humanos tenemos algún don, y la aventura de la vida es descubrir cuál es el tuyo. Algunos lo descubren muy pronto, otros de grandes, otros no lo descubren nunca. Creo que ser gracioso es un don, hay gente que se dedica a eso y hay gente que no, y sin embargo es muy graciosa en la vida cotidiana. Es como el don de la elegancia, hay gente que lo tiene, yo no soy elegante para nada.
- ¿“Delirio” es la palabra que describe tu día a día?
A mí me encanta el delirio, me parece que todos deberíamos vivir con un poco de delirio, porque si no, la vida se pone muy aburrida. Más que nada lo que descubrí con la comedia, y lo que me apasiona de verla también, es que todo eso que en la vida cotidiana te hace sufrir o te angustia, ya sea las grandes angustias o las microangustias cotidianas, tratar de transformarlo en algo más luminoso, en algo más divertido.
- ¿Qué hacés cuando estás de mal humor?
Estoy tratando, a mis casi 50 años, de lidiar con eso de otra manera, porque creo que hasta la semana pasada tenía esta cosa de manejar mal el mal humor. De repente estaba de mal humor y me la agarraba con cualquiera, como que le pasaba mi angustia al otro. Entonces, desde hace poco que trato de bancármela sin estar pasando eso a los demás. Estoy intentando trabajar en eso. Pero nada, hago todo mal, con cara de orto, me enojo. Lo que trato de hacer ahora, aunque a veces no puedo, es irme a dormir cinco minutos como para resetear.
- Hablás mucho con vos misma, ¿cuál es la frase que más te repetís?
Estoy en una etapa –e invito a todas las mujeres a que me sigan en esto– de darme amor.
EXPERIENCIA TEATRO
Luego de probarlo en bares, el unipersonal de Dalia debutó en febrero en CABA y desde marzo recorre el país. Este mes la gira incluye Uruguay con una función en la ciudad de Montevideo. Luego, el recorrido sigue con fechas hasta agosto.
En mayo, las fechas son: 7 en Montevideo, 9 en Tigre, 15 en Santa Fe, 16 en Rosario y 21 en Avellaneda. En junio se presentará en Tandil, Azul, Olavarría, CABA y Mendoza; mientras que en agosto visitará Palomar, Pilar, General Roca, Neuquén, Cipoletti y Quilmes.






