La pintura blanca en los techos y la creación de nuevos parques pueden bajar notablemente las temperaturas en las zonas urbanas durante las olas de calor, reduciendo la vulnerabilidad de la población. Sin embargo, estas medidas de adaptación no bastan para compensar el aumento proyectado de más de 6 °C en algunas ciudades hacia finales de siglo. Así lo concluye un estudio reciente liderado por el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB).
La investigación, realizada en colaboración con el Servicio Meteorológico de Cataluña, empleó simulaciones meteorológicas de alta resolución y el método de Pseudo Global Warming (PGW) para proyectar el impacto de futuras olas de calor en el Área Metropolitana de Barcelona (AMB). Los científicos evaluaron tres estrategias principales de adaptación: pintar las cubiertas de blanco para aumentar el albedo (capacidad de reflejar la radiación solar), instalar azoteas verdes irrigadas y ampliar los parques urbanos junto con la agricultura periurbana, ajustando la cobertura forestal según el Plan General Metropolitano.
EFICACIA DE CADA MEDIDA
Las cubiertas blancas emergen como la estrategia más efectiva durante el día. Al reflejar gran parte de la radiación solar, pueden reducir las temperaturas hasta en 1,75 °C en las zonas más vulnerables. Sin embargo, los investigadores advierten que aplicar este tratamiento en fachadas podría ser contraproducente, ya que incrementaría el calor en la calle.
Las azoteas verdes actúan como aislante térmico y refrescan el aire mediante la evapotranspiración. Además, mejoran la biodiversidad y ofrecen refugio a aves e insectos. Su efectividad depende del tipo de vegetación y del riego necesario. Según los resultados, reducen modestamente el calor diurno (–0,37 °C), pero provocan un ligero aumento nocturno (+0,24 °C).
Los parques urbanos y la expansión de zonas agrícolas periurbanas proporcionan sombra y enfriamiento por evapotranspiración, reducen superficies impermeables y favorecen la infiltración de agua. Logran un enfriamiento moderado (–0,26 °C), aunque también pueden elevar ligeramente las temperaturas nocturnas. Sergi Ventura, investigador del ICTA-UAB y autor principal del estudio, explica: “De noche, la vegetación libera lentamente el calor almacenado durante el día y limita la pérdida de calor por radiación hacia la atmósfera”.
La combinación de cubiertas blancas y nuevos parques aparece como la opción más prometedora para mitigar los impactos en las áreas más sensibles.
A pesar de los beneficios, el estudio alerta de que la vulnerabilidad al calor podría duplicarse hacia 2100 en barrios densamente poblados y de bajos ingresos. En el clima actual, las estrategias analizadas pueden reducir esta vulnerabilidad entre un 43 % y un 47 %, pero su eficacia cae drásticamente hasta alrededor del 16 % en los escenarios futuros más extremos.
“Focalizar estas intervenciones en los barrios más vulnerables puede reducir significativamente los riesgos para la salud”, subrayan los autores. Ninguna medida por sí sola contrarresta el calentamiento global proyectado, pero ofrecen soluciones urbanas de bajo coste y aplicables en otras ciudades mediterráneas con climas similares.
SOLUCIONES PRÁCTICAS Y URGENTES
Expertos y estudios previos del mismo equipo ya habían señalado el potencial de los tejados reflectantes. En simulaciones anteriores, se estimaron reducciones de hasta 4-5 °C en picos de calor. La nueva investigación refuerza que estas acciones deben integrarse en la planificación urbana de forma estratégica, priorizando equidad social y combinando intervenciones.






