A sus 64 años, Tom Cruise se erigió como el último héroe de acción por excelencia. No se ganó ese mote solo por realizar sus propias escenas de riesgo –como escalar el edificio más alto del mundo, saltar desde una moto a un precipicio o colgarse de un avión al despegar–, sino porque sus películas en ese género superaron los 10.000 millones de dólares de recaudación mundial en total. Pero él es un acérrimo defensor del cine, su historia y la experiencia tradicional de ese medio. Por eso no todo son pochoclos y taquilla en su carrera. De vez en cuando, se da el lujo de trabajar en largometrajes que nadie esperaría que tuvieran su sello. Y ese es el caso de Digger. Dirigida por el mexicano Alejandro G. Iñárritu, en esta película Cruise personifica a Digger Rockwell. Este empresario, que es el hombre más poderoso del mundo, comete un error catastrófico que pone en riesgo a toda la humanidad. Avergonzado y decidido a pedir perdón, comienza una peligrosa misión para reparar el daño causado y demostrar que aún puede ser un verdadero héroe antes de que lo que hizo lo destruya todo.
Para interpretar al excéntrico magnate, Cruise usa prótesis y maquillaje cambiando completamente su fisonomía. Con todo lo que contamos antes, tranquilamente podríamos pensar que, a esta altura, el actor no necesita salir de su zona de confort. Pero siempre lo hizo. Dejando de lado los primeros años de su carrera, cuando era el galán de moda e hizo decenas de films taquilleros, Tom incursionó en papeles que nadie esperaba. Sí, se toma su tiempo. La última vez que trabajó en una película que no fuera de acción fue en 2012 cuando hizo de la estrella musical Stacee Jaxx en el musical La era del rock, en donde de hecho cantaba. Participó de Una guerra de película en un papel secundario que sorprendió a todos. Allí era Les Grossman, el ejecutivo de estudio calvo, grosero y malhumorado que produce la película Tropic Thunder. Él mismo se encargó de darle el aspecto, incluyendo el mítico bailecito que hace el personaje. Estuvo en el drama político Leones por corderos haciendo del senador republicano Jasper Irving, quien lanza una nueva estrategia militar en Afganistán y se la detalla a una periodista. En 2008 fue Frank T. J. Mackey, un misógino orador motivacional y gurú de la seducción en el film de Paul Thomas Anderson Magnolia. Tenía tantas ganas de trabajar con el director que cobró un salario de solo 100.000 dólares (apenas el 0,5 por ciento de sus honorarios habituales de 20 millones). Por último, vamos a nombrar a Ojos bien cerrados, el último largometraje dirigido por Stanley Kubrick, en donde podemos decir que el actor comenzó a arriesgarse con papeles más jugados. Su personaje, William Harford, se infiltraba en una orgía enmascarada de una sociedad secreta tras la confesión de su esposa sobre sus anhelos insatisfechos.
Se nota el profundo amor que tiene Tom Cruise por el séptimo arte y por contar toda clase de historias. Cada vez que tiene la chance, lo manifiesta. Y siempre pregona por un tipo de cine que muchos consideran acabado. Digger no es el típico film que el público espera de él, y seguramente, si tenemos suerte, no sea el último en donde podamos verlo desplegar su enorme talento.






