Bajo la dirección de Daniel Marcove, la obra cuenta con las destacadas interpretaciones de Alejandro Awada como Willy Loman e Ingrid Pelicori como su esposa Linda.
La pieza, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino, se presenta los sábados a las 20:30 y domingos a las 19:30 en el Teatro El Tinglado (Mario Bravo 948, CABA).
Awada, uno de los actores más respetados del medio, encarna con intensidad y matices a Willy Loman, el viajante exhausto que se aferra a un sueño de éxito basado en el carisma y la popularidad, mientras su realidad se desmorona entre deudas, fracasos y recuerdos que lo acechan. Su trabajo corporal —gestos erráticos, incomodidad constante— y el manejo de la voz transmiten magistralmente el progresivo desquicio del personaje.
Ingrid Pelicori compone una Linda contenida, sensible y fuerte a la vez: una esposa que sostiene a la familia con dolor silencioso y autoridad moral. El elenco se completa con Junior Pisanu y Toto Salinas (como los hijos Biff y Happy), Gustavo Rey, Marcos Woinsky, Anahí Gadda y Lucas Matey. La escenografía de Eduardo Spindola, el vestuario de Alejandro Mateo, la iluminación de Miguel Morales y la música original de Sergio Vainikoff crean una atmósfera fiel al realismo de la época, respetando la estructura clásica de la pieza con sus escenas de memoria y ruptura de la cuarta pared.
Setenta y siete años después de su estreno mundial, La muerte de un viajante mantiene una vigencia asombrosa. Miller disecciona el “sueño americano” —y sus equivalentes locales— a través de la presión por el éxito económico, el endeudamiento, las expectativas paternas frustradas y el drama del envejecimiento en una sociedad que valora la productividad por encima de la dignidad humana. En la Argentina actual, estos temas resuenan con particular fuerza.
EPÍGRAFE: Escena de la obra que 77 años después, mantiene plena vigencia. (Foto: Nahuel Lunadei / Gentileza Prensa).
La crítica ha destacado la rigurosidad de la puesta de Marcove, que prioriza el texto y las actuaciones sin buscar actualizaciones forzadas, y el poder emocional de los encuentros familiares, especialmente el tenso enfrentamiento entre padre e hijo. “Una propuesta clásica que se hace cargo con actuación y fuerza de los tremendos encuentros personales y conflictivos”, señaló La Nación.
Para quienes aún no la vieron, esta versión en El Tinglado es una oportunidad imperdible de reencontrarse con uno de los textos fundamentales del teatro universal, interpretado por un elenco de primer nivel en un espacio emblemático del circuito independiente porteño. Una experiencia que combina belleza poética, profundidad psicológica y una crítica social que sigue interpelándonos.






