Los adultos con epilepsia resistente a los fármacos que consumen cannabis casi a diario presentan más del doble de crisis convulsivas al año que los no consumidores, según un estudio publicado en la revista Epilepsia. La investigación, liderada por investigadores de la Universidad de Washington en San Luis (WashU Medicine), también muestra que estos pacientes alcanzan la resistencia a los medicamentos anticonvulsivos años antes.
El equipo analizó los historiales de 64 adultos con epilepsia resistente a fármacos —aquella en la que dos o más medicamentos anticonvulsivos no controlan las crisis— ingresados entre 2019 y 2024 en una unidad de monitorización de la epilepsia de la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Wisconsin. Compararon a 22 consumidores habituales (uso recreativo 20 o más días al mes) con 42 no consumidores.
Los consumidores habituales tuvieron una media de unas 3 crisis tónico-clónicas focales a bilaterales (FBTCS) al año, frente a 1,32 de los no consumidores. El 90,9 % de los usuarios frecuentes experimentó este tipo de crisis, las más asociadas a lesiones y a la muerte súbita e inesperada en la epilepsia (SUDEP). Entre los no consumidores, la proporción fue del 57,1 %.
Además, llegaron a la unidad de monitorización —señal de que los fármacos habían dejado de controlar las crisis— una media de 5 años después de la primera crisis, frente a 18 años de los no consumidores. Al alta recibieron más medicamentos anticonvulsivos a pesar de llevar menos tiempo con la enfermedad.
“No hay datos definitivos que demuestren que el consumo de cannabis agrave la epilepsia”, afirma Aaron F. Struck, autor sénior del estudio y profesor asociado de neurología en WashU Medicine. “Pero si alguien consume cannabis para aliviar la ansiedad o mejorar el sueño, sería mejor tratar esos problemas con medicamentos que conocemos bien, en lugar de con algo en gran medida no regulado cuyo impacto en el cerebro desconocemos realmente”.
Los consumidores habituales solían ser pacientes de entre 20 y 29 años, en su mayoría hombres, sin los factores de riesgo habituales de la epilepsia. Sus crisis se agravaban con rapidez. Todos los usuarios frecuentes presentaban epilepsia del lóbulo temporal, aunque la diferencia con el grupo de no consumidores no alcanzó significación estadística.
Las exploraciones cerebrales no mostraron las lesiones típicas en el hipocampo que suelen acompañar a las epilepsias graves de larga evolución. Struck sugiere que el THC —el componente psicoactivo del cannabis— actúa sobre receptores densos en esas mismas regiones, lo que podría alterar la actividad de los circuitos cerebrales más que producir daño estructural visible.
En los 15 casos en los que se pudo documentar la cronología, el consumo de cannabis comenzó antes de la primera crisis. Esto debilita la hipótesis de que los pacientes empezaran a usarlo para automedicarse una epilepsia ya grave.
CBD APROBADO FRENTE A CANNABIS RECREATIVO
Una forma purificada de cannabidiol (CBD), compuesto no psicoactivo del cannabis, está aprobada por la FDA estadounidense para algunas formas graves de epilepsia (Epidiolex). En estudios con animales, el CBD suprime las convulsiones, mientras que el THC puede tener el efecto contrario. El cannabis recreativo actual tiene, según estudios de potencia, un contenido cada vez más alto de THC y más bajo de CBD.
El estudio es retrospectivo y de tamaño limitado, por lo que solo demuestra una asociación, no causalidad. Los investigadores ya trabajan en un estudio multicéntrico más amplio, con medidas objetivas de exposición al cannabis y pacientes de regiones con diferentes historiales de legalización.






