DE RESIDUOS DE PODA DE LAS VIDES A AISLANTES ECOLÓGICOS

El proyecto apunta a producir biomateriales a partir del cultivo de micelio de hongos sobre biomasa de desechos de podas de vid. Dentro de la industria de la construcción, estos materiales podrían integrarse en todo tipo de edificaciones y en rehabilitación de espacios, sustituyendo aislantes convencionales altamente contaminantes.
El proyecto apunta a producir biomateriales a partir del cultivo de micelio de hongos sobre biomasa de desechos de podas de vid. Dentro de la industria de la construcción, estos materiales podrían integrarse en todo tipo de edificaciones y en rehabilitación de espacios, sustituyendo aislantes convencionales altamente contaminantes.

Un equipo de investigadoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) está transformando un problema ambiental de la industria vitivinícola en una solución sostenible para la construcción. Mediante biofabricación, cultivan micelio de hongos sobre desechos de podas de vid para crear biomateriales que actúan como aislantes térmicos y acústicos, con bajo impacto ambiental y potencial para impulsar la economía circular regional.

El proyecto, desarrollado en el Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE-CONICET), cuenta con la colaboración de una bodega mendocina que suministra los residuos. Las investigadoras Ayelén Villalba, Noelia Alchapar y la becaria doctoral Maira Terraza lideran la iniciativa, con participación adicional de Pablo Postemsky del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (CONICET-UNS). 

EL ALTO COSTO AMBIENTAL DE LOS AISLANTES TRADICIONALES

Los materiales aislantes convencionales como el poliestireno expandido (EPS), el poliuretano, la lana de vidrio o la lana de roca son esenciales para la eficiencia energética de los edificios, pero su producción genera un fuerte impacto. Se elaboran a partir de recursos no renovables y procesos industriales intensivos en energía, lo que los convierte en una fuente significativa de contaminación atmosférica y emisiones de gases de efecto invernadero. 

“La construcción de los materiales aislantes tradicionales supone una importante fuente de contaminación a la atmósfera. En contraste, la tendencia actual se orienta al desarrollo de propuestas de aislamiento térmico y acústico con enfoque sustentable”, explica Ayelén Villalba, investigadora del INAHE y una de las responsables del proyecto. “Nuestra investigación se alinea con estas tendencias internacionales que priorizan materiales con baja energía incorporada y una reducida huella de carbono, optimizando la eficiencia energética no solo en la etapa de uso, sino desde la producción”. 

CÓMO FUNCIONA LA BIOFABRICACIÓN CON MICELIO

El proceso consiste en cultivar micelio —la red de filamentos (hifas) de los hongos— sobre biomasa de podas de vid. Esta biomasa, rica en lignina y de composición heterogénea, proporciona una mayor integridad estructural en comparación con otros sustratos. El micelio actúa como un “pegamento natural”: sus hifas se ramifican, fusionan y se integran químicamente con el sustrato, consolidando las partículas en un solo bloque compacto y resistente. 

“Las particularidades del uso de residuos vitivinícolas como sustrato hacen que tengamos un material con una mayor integridad estructural que otros compuestos de micelio”, detalla Maira Terraza. “Esta red consolida las partículas del sustrato generando un solo bloque de material”.

Los investigadores ya han fabricado prototipos y los han testeado en laboratorio. Los resultados preliminares son prometedores: buen comportamiento como aislante térmico, efectiva absorción acústica y una durabilidad aceptable para un material orgánico y biodegradable. Actualmente, optimizan los protocolos de producción para que cumpla con los estándares de la industria de la construcción en cuanto a resistencia y longevidad. 

VENTAJAS AMBIENTALES, ECONÓMICAS Y DE APLICACIÓN

Estos biomateriales representan una alternativa innovadora que valoriza recursos locales, reduce el consumo de energía y promueve la economía circular. “Los biomateriales elaborados a partir de residuos agroindustriales bioligados con micelio de hongos permiten valorizar recursos locales, disminuir el uso de energía y promover estrategias de economía circular en la construcción”, destaca Noelia Alchapar. 

Su potencial de aplicación es amplio: pueden integrarse en nuevas edificaciones o en la rehabilitación de edificios existentes para mejorar el desempeño energético. Además de los beneficios ambientales —menores emisiones y menor dependencia de recursos fósiles—, el proyecto fortalece la economía regional al transformar un residuo en un insumo de alto valor tecnológico. 

“El gran potencial de los biomateriales es que nos permiten reimaginar los residuos como recursos estratégicos y utilizar los procesos y recursos naturales a nuestro favor”, concluye Maira Terraza. “Este enfoque fortalece directamente la economía regional […] generamos nuevas cadenas de valor que impulsan el desarrollo productivo de nuestra región. El rol de la investigación científica aquí es fundamental”. 

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