El tamaño sí importa en los bosques, pero la eficiencia en el uso de la luz permite la coexistencia en los más antiguosLos árboles más altos dominan la captura de luz solar en los bosques, proyectando sombras que dificultan el crecimiento de la vegetación inferior. Sin embargo, un nuevo estudio revela que en los bosques maduros, las especies más pequeñas pueden prosperar gracias a una mayor tolerancia a la sombra y una eficiencia superior en el uso de la luz disponible.
Investigadores de la Universidad de Kioto (Japón), liderados por Yusuke Onoda, han publicado en la revista Journal of Ecology (8 de julio de 2026) un trabajo que desentraña los mecanismos de la competencia lumínica y la sucesión forestal. El artículo analiza más de 2.000 árboles individuales de unas 50 especies en 12 parcelas forestales de diferentes edades en Japón.
La competencia por la luz se describe habitualmente como una carrera evolutiva en la que los árboles más altos obtienen una ventaja decisiva. “Pero en los bosques maduros conviven con éxito árboles de tamaños muy diferentes”, explica Onoda, primer autor del estudio. Esta paradoja motivó al equipo a desarrollar un marco novedoso.
Los científicos descompusieron la tasa de crecimiento relativo (RGR) de los árboles —el crecimiento en relación con su propio tamaño— en dos componentes clave:
-Eficiencia de interceptación de la luz (LIE): cuánta luz captura el árbol por unidad de biomasa.
-Eficiencia de uso de la luz (LUE): cómo convierte esa luz interceptada en nueva biomasa.
Para ello, cartografiaron en 3D las formas de las copas y los perfiles lumínicos de cada ejemplar, una tarea compleja dada la estructura irregular de los bosques.
En las etapas tempranas de la sucesión forestal (bosques jóvenes), los árboles más altos presentan una clara ventaja en la captura de luz. Esto impulsa una rápida estratificación vertical: los dominantes crecen deprisa, excluyen a los más bajos y muchos de estos mueren en la fase de “exclusión de tallos”. La competencia lumínica actúa aquí de forma fuertemente asimétrica.
Sin embargo, en los bosques más antiguos el panorama cambia. Las especies tolerantes a la sombra destacan por su mayor eficiencia en el uso de la luz. Aunque interceptan menos radiación por unidad de biomasa, la convierten más eficazmente en crecimiento. Esto les permite sobrevivir y prosperar bajo el dosel superior, favoreciendo la coexistencia vertical de árboles de distintas alturas.
Este trade-off (compensación) entre interceptar mucha luz (costoso en términos estructurales y de mantenimiento) y usarla de forma eficiente explica por qué árboles de diferentes tamaños pueden mantener tasas de crecimiento relativo similares en bosques maduros.
El estudio cuantifica cómo la competencia por la luz impulsa la sucesión forestal y ofrece un nuevo principio para entender la dinámica temporal de los bosques. Trabajos previos de Onoda y colaboradores ya habían identificado este tipo de compensaciones en bosques templados perennifolios, donde los árboles altos interceptan luz más eficientemente, pero presentan menor eficiencia de uso, asociada a una mayor inversión en órganos no fotosintéticos y a la saturación lumínica en la copa.
Los investigadores japoneses, en colaboración con instituciones como la Universidad de Wageningen, están extendiendo este enfoque a diferentes zonas climáticas (templada fría, templada cálida y subtropical) y a bosques tropicales, donde la luz también juega un papel central en la sustitución de especies durante la sucesión secundaria.






