UN RETO A NIVEL GLOBAL

Solo en un año, en el mundo se acumulan 430 millones de toneladas de plástico, de los cuales se recicla nada más que el 10 por ciento. La contaminación por plásticos daña los ecosistemas, el bienestar y el clima, advierte la ONU. Qué se está haciendo a nivel global y en el país. Proyectos innovadores y un conflicto aún por resolver.
Solo en un año, en el mundo se acumulan 430 millones de toneladas de plástico, de los cuales se recicla nada más que el 10 por ciento. La contaminación por plásticos daña los ecosistemas, el bienestar y el clima, advierte la ONU. Qué se está haciendo a nivel global y en el país. Proyectos innovadores y un conflicto aún por resolver.

Omnipresente, atractivo y persistente. Así es el plástico en nuestras vidas. Su ligereza, su bajo costo de producción, su resistencia y su versatilidad lo hacen indispensable para que podamos gozar de muchas comodidades, desde la salud, pasando por la seguridad de la comida y las ventajas de una economía globalizada. 

Producimos alrededor de 430 millones de toneladas de plástico al año en el mundo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Si mantenemos la tendencia actual, se calcula que esta cifra se triplicará para 2060. 

La mayor parte del plástico se produce a partir de recursos fósiles vírgenes. De todos los que existen, dos tercios se convierten en residuos enseguida, generando contaminación visual, del agua y de los suelos. Y se recicla menos del 10 por ciento.

Según el PNUMA, América Latina produce cerca de 20 millones de toneladas de plástico al año, es decir, el 5 por ciento de la producción global. Brasil lidera la región con el 48 por ciento de la capacidad instalada, seguido por México (29 por ciento), Argentina (10 por ciento), Colombia (8 por ciento) y Venezuela (5 por ciento). Los países con mayor consumo en 2024 fueron México (621.000 toneladas), Brasil (461.000 toneladas) y Argentina (286.000 toneladas), que en conjunto representaron el 47 por ciento del total. Consumimos unos 40 kilos de plástico por persona por año.

El impacto del plástico en el ambiente es complejo y de largo plazo. Afecta a los ecosistemas, a la salud humana, a la economía y al clima, provocando la muerte de más de 100.000 mamíferos marinos y 1 millón de aves cada año, según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Se identificaron hasta 16.000 sustancias químicas asociadas a ellos en un informe conocido como “PlastChem Report” de un equipo de científicos europeos. Solo 6 por ciento de los plásticos detallados están regulados internacionalmente. Y la producción e incineración de este material genera 3,4 por ciento de los gases de efecto invernadero, con los costos económicos y sociales que eso implica.

Un hombre tira bolsas plásticas en un camión de reciclado en las calles de Surat, India. (Foto: Gentileza Rolex).

 

EN LA ARGENTINA

27 de los 33 países de la región aprobaron leyes para la reducción, prohibición o eliminación de los plásticos de un solo uso. Nuestro país estableció directrices nacionales para abordar el problema en 2019, la mayoría de nuestras provincias posee legislación referida a este tema y tanto Jujuy como Chaco cuentan con normas sobre su eliminación progresiva.

“Tenemos una cantidad de legislaciones de municipios y también de provincias. Y hay otras que están encarpetadas. Entonces hay una gran responsabilidad del poder político, porque se deja que ese proyecto de ley quede en un cajón o se mueven poco para que no se cumpla una legislación”, denuncia a Convivimos Cecilia Bianco, coordinadora del área de Tóxicos del Taller Ecologista, una organización sin fines de lucro que participa activamente de las discusiones para concretar el Tratado Global de Plásticos junto con otras ONG.

“La posición de la industria es que la culpa la tiene el que hace el pedido. La industria no pregunta si ese producto de plástico va a ser reutilizable, si las sustancias que le están poniendo son tóxicas o no. Eso también hay que verlo”, completa. 

“El principal obstáculo es la ausencia de un marco legal unificado y federal que promueva la economía circular. Hoy tenemos esfuerzos aislados, sin una política nacional que garantice la separación en origen, la recolección diferenciada y la valorización de los plásticos”, explica a Convivimos Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas, una asociación civil sin fines de lucro que impulsa el desarrollo sustentable de la industria plástica.

“Otro obstáculo es la falta de incentivos para las empresas que incorporan contenido reciclado en sus productos. Contar con leyes de REP (Responsabilidad Extendida del Productor) y de ecodiseño, como sucede en otros países, sería fundamental para revertir esta situación”, agrega y apunta que en el último año se presentaron proyectos en el Congreso que esperan tratamiento, y la demanda de normativa, tanto de la ciudadanía como de la industria, es creciente.

En la Argentina, de acuerdo con la Cámara Argentina de la Industria Plástica, los envases y embalajes representan el 45,5 por ciento del consumo de plásticos. La industria recicladora se compone de más de 190 empresas y ocupa 50.000 puestos de trabajo directos e indirectos. 

Según un relevamiento de Ecoplas, en 2024 se revalorizaron 263.500 toneladas de plásticos. Si bien se recicló un menor volumen que en años anteriores, la proporción respecto del total consumido subió del 14 al 17 por ciento, demostrando una mayor eficiencia. Además, fueron relevadas nuevas empresas recicladoras, lo que implica una adaptación y evolución dentro del sector.

“Más del 50 por ciento de la capacidad instalada de reciclado permanece ociosa. A esto se suma un escenario internacional en el que el plástico virgen se ofrece a precios más competitivos, lo que desalienta la incorporación de reciclado en los procesos productivos. Esto puede y debe revertirse con políticas públicas y decisiones empresariales”, manifiesta Ramos.

Ante semejante problemática, tanto la comunidad científica como las empresas –especialmente los jóvenes emprendedores en busca de una reducción de su impacto ambiental– van ideando soluciones para darles un nuevo uso a los desechos plásticos. Para citar casos locales, Arqlite transforma plásticos difíciles de reciclar en grava plástica destinada al mercado de la construcción y el paisajismo; Mutan y Bond Eyewear hacen lentes con tapitas de gaseosas procesadas; EasyBrick fabrica ladrillos y tejas coloniales encastrables que ofrecen excelente aislación térmica y acústica con plástico PET reciclado. Y los ejemplos siguen.

Las cofundadoras de Novoloop Jeanny Yao y Miranda Wang, inspeccionando una botella de monómeros – Foto: Gentileza Rolex

 

TECNOLOGÍA INNOVADORA

La científica canadiense Miranda Wang, ganadora del Rolex Award por el programa Perpetual Planet Initiative y el Forbes 30 para emprendedores sociales, entre muchos otros premios, creó una tecnología innovadora de reciclaje químico para transformar residuos plásticos en insumos industriales de alto valor, empleando menos energía y generando menos residuos que los procesos tradicionales.  

El suyo transforma el polietileno posconsumo previamente purificado
–un plástico difícil de reciclar y el más producido cada año, presente en films, bolsas y botellas– descomponiéndolo con una oxidación química controlada, y luego convierte esos fragmentos en bloques moleculares, generando un material de mayor valor y durabilidad.

Con Novaloop, su empresa, pudo escalar la tecnología y construir una planta de demostración en Surat, India. Ahora diseña una instalación comercial que procesará 10.000 toneladas de residuos por año y producirá hasta 10.500 toneladas de polioles (poliuretano), evitando 40.000 toneladas de dióxido de carbono frente a métodos tradicionales. 

“Creo que el reciclaje químico presenta algunas barreras fundamentales que debemos sortear, pero, en definitiva, hay muchas tecnologías realmente buenas que están madurando y deben demostrar viabilidad económica. En general, creo que este campo seguirá evolucionando, solo que ahora mismo nos enfrentamos a muchos obstáculos”, responde Wang a Convivimos sobre el futuro de estas nuevas tecnologías.

En relación con el reciclado químico, Verónica Ramos comenta: “Este tipo de soluciones son clave, porque logran recuperar materiales que el reciclado mecánico no puede procesar, como plásticos multicapa, laminados o muy degradados. En Ecoplas lo promovemos como un complemento necesario y no como un reemplazo. Sumará nuevas posibilidades para alcanzar mayores tasas de recuperación y producir materiales de alta calidad, incluso aptos para contacto con alimentos”.

Como conclusión, Ramos asegura que “la industria plástica argentina apoya los métodos de revalorización de los plásticos posconsumo que avanzan hacia una economía circular. Hay que tener en cuenta que estas tecnologías implican I&D (investigación y desarrollo) e inversión y un marco regulatorio adecuado, financiamiento y una demanda sostenida” y pide que haya más contenido reciclado en nuevos productos, políticas públicas claras que den previsibilidad, más separación en origen y compromiso con el reciclado, y empresas con certificación ambiental.

Las organizaciones ambientalistas, por otra parte, subrayan la importancia de la transparencia y la trazabilidad de la industria del plástico, la necesidad de actualizar la normativa y de dar fondos a los organismos responsables de su implementación y control. Todo esto, acompañado por educación ambiental y la generación de conciencia de la sociedad sobre la necesidad de reducir el uso de plásticos.

 

EL TRATADO QUE NO LLEGA

El Tratado Global sobre Plásticos, impulsado por la quinta Asamblea de la ONU por el Ambiente en 2022, debía estar listo para que lo suscribieran 170 países a principios de este año. La Argentina fue uno de los primeros en firmarlo en 2023, pero el acuerdo no llegó a buen puerto. El bloque de países productores de petróleo (Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia) se negó a aceptar límites en la producción de plástico y restricciones sobre químicos tóxicos, y defendió enfoques centrados en el reciclaje y la gestión de residuos. Se espera una próxima reunión para retomar las negociaciones.

Taller Ecologista y otras organizaciones ambientales proponen la reducción de la producción de plásticos con metas globales vinculantes, demandan transparencia sobre los químicos en los plásticos e insisten en una transición justa, considerando el empleo. “Si dejás de fabricar un determinado producto, ¿qué va a hacer el trabajador que lo producía? Esas cosas son las que hay que sentarse a hablar. Pero son cosas que el poder político no está incorporando en su agenda”, reflexiona Cecilia Bianco, coordinadora del área de Tóxicos del Taller Ecologista.

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