LAS MASCOTAS MEJORAN EL ESTADO DE ÁNIMO, PERO NO PROTEGEN CONTRA EL ESTRÉS DIARIO

Un nuevo estudio revela que ni perros ni gatos reducen los niveles de estrés de sus dueños.
Un nuevo estudio revela que ni perros ni gatos reducen los niveles de estrés de sus dueños.

Un equipo de investigadores de la Open University en Países Bajos ha profundizado en los mecanismos que explican por qué las mascotas, especialmente perros y gatos, influyen positivamente en el bienestar emocional de sus dueños. Los resultados, publicados en la revista Frontiers in Psychology, cuestionan la idea popular de que interactuar con animales de compañía actúa como un “antídoto” inmediato contra el estrés. 

El estudio, liderado por la profesora Mayke Janssens y con Sanne Peeters como autora principal, utilizó un método innovador de evaluación ecológica momentánea. Los participantes recibieron notificaciones a través de una aplicación móvil durante cinco días consecutivos, completando cuestionarios sobre su estado emocional, actividades y nivel de interacción con sus mascotas. En total, se recopilaron alrededor de 8.000 informes en tiempo real, ofreciendo una visión detallada del día a día. 

Los hallazgos principales confirman que la interacción con mascotas genera emociones positivas. En los momentos de mayor contacto, los propietarios reportaron sentirse más alegres y con mayor afecto positivo, tanto si tenían perros como gatos. Sin embargo, esta interacción no reduce las emociones negativas ni amortigua los efectos del estrés en el momento en que ocurre.

“Las consecuencias de dicha interacción sobre el bienestar parecen ser reales, pero no se deben a que las mascotas ayuden a las personas a manejar mejor el estrés en el momento exacto en el que se produce”, explicó Janssens. Acariciar o interactuar activamente con el animal no aporta beneficios adicionales más allá de su simple presencia. 

Los investigadores sugieren que el mecanismo podría estar relacionado con una mayor sensación de compañía y conexión social, que reduce la soledad a largo plazo, aunque aún no han identificado el proceso exacto, ya que varía según los contextos.

DIFERENCIAS

Uno de los resultados más llamativos se observó en los propietarios de gatos. Un mayor nivel de interacción con estos felinos se asoció, en algunos casos, con un fortalecimiento de la relación entre el estrés y emociones negativas, en lugar de mitigarlo.

“Una posible explicación es que, dado que las interacciones con los gatos suelen ser de naturaleza pasiva y menos exigente, un mayor nivel de contacto puede ser mucho más evocador emocionalmente”, señaló Sanne Peeters. 

En cambio, en los dueños de perros no se intensificaron las emociones negativas durante situaciones de estrés, aunque tampoco se redujeron. Los autores advierten que la muestra de propietarios de gatos fue más pequeña y que esta asociación no fue consistente en todos los análisis, por lo que los resultados deben interpretarse con cautela.

Tanto Peeters como Janssens destacan que los participantes se identificaban como “amantes de gatos” o “amantes de perros” de forma clara. Esta “compatibilidad” o “match” entre dueño y mascota podría explicar por qué los beneficios emocionales generales fueron similares en ambas especies. 

“Yo no diría que una especie sea mejor o peor mascota. Todo depende de la personalidad y las preferencias de los propietarios. La conclusión principal es que la interacción con perros y gatos parece proporcionar beneficios emocionales similares”, concluye Peeters. 

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