Los conflictos armados no solo causan devastación humana, sino que también generan impactos profundos y a menudo invisibles sobre el medio ambiente. Estudiar estos efectos resulta extremadamente difícil debido a los riesgos en zonas de guerra y las restricciones de acceso. Sin embargo, un estudio internacional publicado en la revista Science ha aprovechado una oportunidad única: cámaras trampa ya instaladas en la Zona de Exclusión de Chernóbil (CEZ) antes de la invasión rusa de febrero de 2022.
El equipo, liderado por Svitlana Kudrenko (Frankfurt Zoological Society y universidades de Friburgo y Sudeste de Noruega), con la participación de Nuria Selva de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), analizó las respuestas comportamentales inmediatas de los mamíferos durante la ocupación militar rusa entre febrero y abril de 2022. Las cámaras, colocadas previamente para un monitoreo rutinario, capturaron datos antes, durante y después de la invasión, que luego se compararon con el mismo período de 2021.
“Al estar ya instaladas las cámaras trampa cuando ocurrió la invasión, usamos esta oportunidad única de un experimento no planeado”, explica Nuria Selva. La mayoría de las cámaras se recuperaron en noviembre de 2022 con la ayuda del ejército ucraniano en una zona minada; ocho aún no han sido recuperadas.
RESPUESTAS DISTINTAS SEGÚN LA ESPECIE
Los mamíferos modificaron su comportamiento casi de inmediato. En general, redujeron su actividad nocturna, especialmente en días de mayor intensidad militar. Sin embargo, las respuestas variaron por especie:
-Zorros rojos: Mostraron menor actividad nocturna durante la ocupación, rompiendo patrones previos más equilibrados entre día y noche.
-Ciervos rojos: Aumentaron notablemente su actividad diurna, prefiriendo paisajes abiertos más alterados por las operaciones militares. En días con anomalías térmicas (incendios o bombardeos detectados por satélite), incrementaron ligeramente la actividad nocturna, lo que sugiere desplazamientos intensos por el paisaje.
-Liebre europea: Adoptó una estrategia de “inmovilidad” o freeze response, reduciendo su actividad nocturna en comparación con 2021.
“Planteábamos que los mamíferos aumentarían su actividad nocturna o la distancia a los puntos con presencia humana. Sin embargo, en especies como el ciervo y el zorro observamos lo contrario”, señala Selva.
UN LABORATORIO NATURAL TRANSFORMADO
Chernóbil, con sus 2.600 km², era un ejemplo de rewilding pasivo con presencia humana muy limitada. La invasión cambió radicalmente esta dinámica: ruido, destellos, incendios y presencia militar intensa actuaron como perturbaciones masivas. Más de cuatro años después, la zona ya no es un refugio de restauración natural, sino un paisaje altamente militarizado donde la investigación científica está muy restringida.
Los investigadores siguieron estrictos protocolos de seguridad radiológica del OIEA y normativas ucranianas. “Estas normas forman parte del entorno habitual de trabajo”, indica Kudrenko.
El estudio también destaca amenazas directas para especies reintroducidas, como el caballo de Przewalski. Aunque las cámaras no detectaron cambios comportamentales claros (posiblemente por bajo número de registros), se han documentado muertes por minas antipersona. Minas terrestres, munición sin explotar y alambradas representan riesgos graves.
Este trabajo pionero demuestra que las nuevas tecnologías —cámaras trampa, telemetría GPS y combinación con datos de teledetección e informes locales— permiten estudiar efectos en tiempo real, a diferencia de análisis a posteriori habituales (como bosques quemados o cambios en abundancia). Los autores proponen un índice de intensidad del conflicto basado en encuestas a personal de la reserva y anomalías térmicas.
“El estudio pone de relieve la necesidad de realizar un monitoreo sistemático de la fauna en zonas de importancia para la conservación, llevado a cabo rigurosamente sobre el terreno”, concluye Kudrenko.






