EL SECRETO DE LAS PALOMAS MENSAJERAS ESTÁ EN EL HÍGADO

Un nuevo estudio revela que unas células inmunitarias ricas en hierro actúan como sensores cuánticos del campo magnético terrestre.
Un nuevo estudio revela que unas células inmunitarias ricas en hierro actúan como sensores cuánticos del campo magnético terrestre.

Durante décadas, científicos de todo el mundo se han preguntado cómo las palomas mensajeras son capaces de recorrer cientos de kilómetros y regresar con precisión a su hogar, incluso en condiciones adversas. Las hipótesis tradicionales apuntaban a receptores en los ojos que permitirían “ver” el campo magnético o a partículas magnéticas en el pico. Sin embargo, ninguna había logrado pruebas experimentales concluyentes. 

Ahora, un estudio internacional publicado en la revista Science ofrece una respuesta tan sorprendente como revolucionaria: el sentido magnético de estas aves no reside en la cabeza, sino en el hígado. Un equipo de inmunólogos, físicos y ornitólogos ha identificado que unos macrófagos hepáticos —células del sistema inmunitario— acumulan hierro y funcionan como sensores superparamagnéticos del campo magnético terrestre. 

El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania), la Universidad de Duisburgo-Essen y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, comenzó con un enfoque multidisciplinario. Utilizando magnetometría de muestra vibrante y técnicas de separación celular magnética, analizaron diferentes órganos. Los ojos, el pico y el cerebro no mostraron señales destacadas, pero el hígado presentó, con diferencia, la mayor concentración de hierro. 

“Teníamos algunas pistas de que el hígado y el bazo poseían propiedades magnéticas, ya que almacenan la mayor parte del hierro del organismo al descomponer los glóbulos rojos viejos”, explica Clivia Lisowski, primera autora del estudio e investigadora de la Universidad de Bonn. 

El hierro se organiza en nanopartículas de óxido que confieren a estas células propiedades superparamagnéticas, haciéndolas altamente sensibles a los campos magnéticos. Los análisis confirmaron que los responsables son específicamente los macrófagos hepáticos. 

Para verificar el papel funcional de estas células, los ornitólogos, entre ellos Martin Wikelski del Max Planck, trabajaron con palomas entrenadas para regresar a sus aviarios en Konstanz (Alemania) desde más de 20 kilómetros de distancia. 

Tras eliminar selectivamente los macrófagos hepáticos, las aves perdieron por completo su capacidad de orientación en días nublados, cuando no podían usar el sol como referencia. Sin embargo, en días soleados regresaban sin problemas utilizando pistas solares. Esto demuestra que el mecanismo hepático es crucial para la navegación magnética de respaldo. 

Microscopía electrónica reveló además que estos macrófagos ricos en hierro se encuentran adyacentes a fibras nerviosas en el hígado, sugiriendo una vía directa para transmitir la información al cerebro. 

“No esperábamos en absoluto que las células inmunitarias actuaran como sensores de campos magnéticos. Nuestros resultados revelan un mecanismo de percepción magnética en animales que hasta ahora era completamente desconocido”, afirma Christian Kurts, director del Instituto de Medicina Molecular e Inmunología Experimental del Hospital Universitario de Bonn y coautor principal. 

“Lo que parecía un ‘instinto visceral’ en la navegación de las aves resulta tener una base física real”, añade Wikelski. 

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