El verdadero inicio de un partido para un futbolista de élite no se produce cuando pisa el césped, sino en el preciso instante en que abre los ojos por la mañana. Un estudio liderado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y publicado en la revista Psychoneuroendocrinology revela que los niveles de cortisol de estos deportistas se incrementan un 82,1% nada más despertar en jornadas de partido oficial, frente al 24,7% registrado en días de descanso.
Esta respuesta, conocida como Respuesta del Cortisol al Despertar (CAR, por sus siglas en inglés), multiplica por tres la activación biológica habitual y actúa como un potente “sistema de encendido” que prepara al organismo para las exigencias físicas y mentales del encuentro. La investigación analizó muestras de saliva de 190 atletas de élite (58 mujeres y 132 hombres) de siete disciplinas, incluyendo futbolistas profesionales de las principales ligas europeas.
Según los autores, este fenómeno confirma la “Hipótesis de la Anticipación”: el cerebro funciona como un sistema predictivo que, al despertar, evalúa los desafíos del día y activa una cascada neuroendocrina para movilizar energía, elevar el estado de alerta y optimizar los sistemas metabólico y nervioso.
“El estudio desvela que la respuesta del cortisol al despertar podría ser una activación anticipatoria, una movilización urgente y aguda, vinculada a la estimación subjetiva de los desafíos que afrontaremos ese día”, explica Manuel Jiménez, investigador de la UNIR y primer autor del trabajo. “En términos biológicos, el cerebro actúa como un sistema predictivo: anticipa la importancia del desafío que está por venir y pone en marcha una respuesta en cascada que prepara al cuerpo para rendir al máximo incluso antes de que comience la competición”.
Este mecanismo tiene raíces evolutivas: a lo largo de la historia, estar alerta y preparado para posibles amenazas al amanecer —coincidiendo con el aumento de la luz solar— representó una clara ventaja de supervivencia.
VENTAJA COMPETITIVA Y MONITORIZACIÓN CIENTÍFICA
El estudio, realizado con un diseño cruzado en el que cada atleta fue su propio control, detectó una variabilidad individual del 47,3% respecto a la media. Esto indica que cada deportista posee un “reloj de activación” único.
Los investigadores destacan que una CAR ajustada con precisión a las demandas reales del partido constituye una ventaja competitiva fundamental. Tanto una sobreactivación (estrés excesivo) como una hipoactivación (falta de respuesta) pueden resultar desadaptativas y perjudicar el rendimiento.
Los cuerpos técnicos pueden utilizar la monitorización del CAR como una herramienta objetiva para evaluar la disposición competitiva real de los jugadores. De esta forma, psicólogos deportivos y preparadores físicos podrán aplicar intervenciones inmediatas —ajustes en el descanso, técnicas de manejo del estrés o protocolos de activación— para que el futbolista llegue al partido en su “ventana competitiva óptima”.
PREVENCIÓN DE LESIONES
Jiménez, cuyos trabajos previos vinculan el estrés con un mayor riesgo de lesiones musculares en el fútbol profesional (responsable de una de cada tres, según sus investigaciones), subraya la importancia del equilibrio. “Si el jugador se somete a un exceso de estrés o sufre alteraciones en su descanso, algo habitual en las concentraciones de los grandes torneos, su sistema endocrino puede ver alterada su capacidad de respuesta, lo que afecta a su rendimiento y se asocia directamente con un mayor riesgo de sufrir lesiones musculares”.
Otro hallazgo relevante es que, en el deporte de élite, la respuesta biológica al estrés se unifica. A pesar de que en el fútbol la responsabilidad se comparte entre once jugadores, el perfil hormonal de un futbolista de Primera División al despertar muestra la misma intensidad adaptativa que el de un atleta individual. “La élite unifica la presión biológica”, concluye Jiménez.






