En el vasto desierto prehistórico que cubría lo que hoy es el norte de la Patagonia argentina, un pequeño depredador del tamaño de un ave doméstica cazaba insectos y diminutos vertebrados hace 95 millones de años. Ese animal, Alnashetri cerropoliciensis, pertenecía a los alvarezsaurios: un grupo enigmático de dinosaurios terópodos carnívoros que fascinó a los científicos por sus brazos reducidos y su aparente especialización en alimentarse de termitas, similar a los osos hormigueros modernos.
Hasta ahora, la mayoría de los alvarezsaurios conocidos provenían del Cretácico Superior tardío (alrededor de 70 millones de años), principalmente de Mongolia, China y Argentina, con cuerpos cada vez más pequeños y extremidades anteriores transformadas en herramientas de un solo dedo robusto. Se asumía que esta miniaturización progresiva respondía a su adaptación a una dieta insectívora. Sin embargo, el nuevo fósil descubierto en 2014 en la Formación Candeleros, en el yacimiento de La Buitrera (Río Negro), y descrito en detalle tras años de preparación meticulosa, cambia radicalmente esa narrativa.
El espécimen, casi completo —solo faltan partes del cráneo superior, cola y lado derecho—, es el alvarezsaurio sudamericano más pequeño y mejor preservado hasta la fecha. Con una longitud total de unos 70 cm y un peso estimado de 700 gramos a 1 kg, «Alna» (como lo apodaron los investigadores) era un adulto de al menos cuatro años, posiblemente una hembra que ya había desovado, según el análisis histológico de sus huesos realizado por el paleohistólogo Ignacio Cerda (CONICET-IIPG).

El estudio, liderado por Peter J. Makovicky (University of Minnesota y The Field Museum) y con participación clave de Sebastián Apesteguía (Fundación de Historia Natural Félix de Azara-CONICET), Jorge Meso (CONICET-IIPG-UNRN), Federico A. Gianechini (IMIBIO-SL-CONICET) y Jonathan S. Mitchell (Coe College), fue publicado en Nature bajo el título que destaca cómo este fósil argentino reescribe la historia evolutiva de esta especie.
A diferencia de los alvarezsaurios estudiados hasta ahora, Alnashetri conservaba brazos relativamente largos, con un primer dedo engrosado y garras con quilla, y dientes típicos de un carnívoro generalista, no especializados en insectos. Esto demuestra que el tamaño pequeño no surgió como consecuencia de la mirmecofagia (alimentación de hormigas y termitas), sino que era una característica ancestral del grupo. «Siempre fueron de escaso tamaño», enfatiza Apesteguía.
El análisis filogenético posiciona a Alnashetri como uno de los alvarezsaurios más basales, incluso más primitivo que algunas formas del Jurásico Superior. Esto implica que el linaje se originó en Pangea hace unos 150 millones de años y se dispersó rápidamente por el supercontinente antes de su fragmentación. Así, múltiples ramas evolutivas convivieron en Sudamérica durante el Cretácico, y el grupo llegó a América del Norte y Europa mucho antes de lo pensado. Gracias a este nuevo material, los autores pudieron reasignar fósiles antiguos: un terópodo pequeño de la Formación Morrison (Jurásico, Wyoming, EE.UU.) y Calamosaurus foxi (Cretácico Inferior, Isla de Wight, Reino Unido), antes considerados «misteriosos», ahora se reconocen como alvarezsaurios.
El hallazgo llena un vacío crucial en el registro fósil: hasta ahora, faltaban ejemplares bien preservados de inicios del Cretácico Superior, lo que dificultaba entender la diversificación temprana del grupo. Apoyado por la National Geographic Society, este trabajo no solo enriquece el conocimiento sobre la anatomía craneal y dental de los alvarezsaurios sudamericanos, sino que cuestiona hipótesis previas sobre su evolución corporal y biogeografía.





