Hace unos 2.500 años, el filósofo griego Anaxágoras hablaba de “semillas de la vida” que llovían del cielo y germinaban en la Tierra. Aquella intuición primigenia es considerada la primera referencia histórica a la panspermia, el concepto de que la vida se propaga por el universo a través de gérmenes o esporas que viajan por el espacio. Aunque durante siglos fue marginada por razones religiosas y filosóficas, la idea resurgió con fuerza en la era moderna y hoy, respaldada por avances científicos, sigue intrigando a la comunidad científica.
Tras un largo hiato en la Edad Media, la panspermia revivió durante la Ilustración con el descubrimiento de los microbios y los debates sobre vida extraterrestre. En el siglo XVIII, el francés Benoît de Maillet propuso que la vida viajaba en forma de semillas cósmicas. En el XIX, la identificación de meteoritos como material extraterrestre, la refutación de la generación espontánea por Louis Pasteur y la teoría de la evolución de Charles Darwin (que no explicaba el origen último de la vida) abrieron la puerta a nuevas hipótesis.
El botánico y médico alemán Hermann Richter formuló la primera versión racional moderna: la vida existía desde siempre en el universo y llegó a la Tierra vía meteoritos (litopanspermia). Lord Kelvin la apoyó entusiastamente. En 1903, el químico sueco Svante Arrhenius añadió la radiopanspermia: esporas impulsadas por la presión de la radiación estelar.
En el siglo XX, Fred Hoyle y Chandra Wickramasinghe se convirtieron en sus principales defensores. En 1973, Francis Crick (codescubridor del ADN) y Leslie Orgel propusieron la versión más audaz: la panspermia dirigida, sugiriendo que una civilización alienígena avanzada sembró deliberadamente la Tierra para resolver el enigma del origen de la vida (el problema de la “gallina y el huevo” entre proteínas y ácidos nucleicos). Posteriormente, el descubrimiento del ARN como catalizador propio restó fuerza a esa idea, aunque la panspermia natural siguió viva.
LA PANSPERMIA HOY: ENTRE LA FICCIÓN Y LA EVIDENCIA
Aunque la panspermia dirigida es hoy mayoritariamente vista como especulación (inspiradora de obras como 2001: Una odisea del espacio o Prometheus), la litopanspermia (transferencia natural vía rocas) cuenta con defensores serios. El historiador de la ciencia Simon Mitton, biógrafo de Hoyle, afirma que “la panspermia ha sido una hipótesis científica plenamente respetable durante cien años”. La panspermia blanda o pseudopanspermia —el transporte de moléculas orgánicas precursoras de la vida por cometas y asteroides— está ampliamente aceptada.
Avi Loeb, astrofísico de Harvard conocido por sus posiciones controvertidas (como sugerir que ‘Oumuamua podría ser tecnología alienígena), es optimista: “La transferencia de vida microbiana en rocas es ciertamente factible”. Señala que Marte y la Tierra intercambiaron numerosas rocas en su historia temprana y cita el meteorito marciano ALH84001, encontrado en la Antártida, del que en 1996 se anunció (aunque luego se descartó ampliamente) la presencia de posibles microfósiles. Un estudio indicó que su interior no se calentó por encima de 40 °C durante el viaje.
EL NUEVO EXPERIMENTO QUE REDUCE LA IMPROBABILIDAD
El principal obstáculo para la litopanspermia ha sido siempre la supervivencia de los microbios a las condiciones extremas del lanzamiento: impactos de gigapascales (GPa), vacío espacial, radiación y temperaturas extremas.
Un estudio reciente publicado en PNAS Nexus por investigadores de la Universidad Johns Hopkins aborda directamente el problema de la presión de impacto. Liderados por Kaliat Ramesh y con Lily Zhao como primera autora, simularon las condiciones de eyección desde Marte utilizando Deinococcus radiodurans, una bacteria poliextremófila conocida por resistir radiación, vacío, frío, ácidos y deshidratación.
Los científicos colocaron las bacterias entre placas de metal y las bombardearon con proyectiles a unos 480 km/h, generando presiones de 1 a 3 GPa. Los resultados son sorprendentes: los microbios soportaron 1,4 GPa sin problemas y alrededor del 60% resistió 2,4 GPa. “Eran realmente difíciles de matar”, señaló Zhao. El sistema metálico sufrió más daños que las propias células.
“Mostramos que es posible que la vida sobreviva a impactos a gran escala y eyección”, resumió Zhao. Ramesh añade: “Queda un largo camino para probar que la litopanspermia es factible […] pero hemos mostrado que es menos improbable de lo que creíamos”.
Aún faltan pruebas sobre la supervivencia durante el viaje interestelar (radiación cósmica, falta de nutrientes, etc.), pero el experimento representa un avance significativo. Como señala Mitton, “se está haciendo mucha ciencia fiable para testar la hipótesis”. Loeb va más lejos y sugiere que, dada la habitabilidad temprana de Marte, es posible que “seamos todos marcianos”, con el Último Antecesor Común Universal (LUCA) originado allí y transferido a la Tierra.






