Las partículas finas (PM), el dióxido de nitrógeno, el ozono y las partículas más gruesas son responsables de decenas de miles de muertes evitables cada año en el continente europeo. Un nuevo estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en colaboración con el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), revela por primera vez el impacto combinado de múltiples contaminantes atmosféricos a escala europea.
El trabajo, publicado en la revista Nature Health, analizó cerca de 89 millones de muertes registradas entre 2003 y 2019 en 653 regiones de 31 países europeos, que representan a más de 530 millones de personas. Los resultados estiman 146.500 muertes prematuras anuales asociadas a la exposición a corto plazo a la contaminación del aire en su conjunto.
PARTÍCULAS FINAS, EL CONTAMINANTE MÁS LETAL
Cuando se analizó cada contaminante de forma individual, las partículas finas (PM), con un diámetro menor de 2,5 micrómetros, se asociaron con unas 79.000 muertes evitables. Le siguieron el dióxido de nitrógeno (NO₂) con alrededor de 69.000, el ozono (O₃) con 31.000 y las partículas gruesas (PM) con 29.000. Estas cifras no son directamente sumables, ya que los contaminantes suelen presentarse de forma simultánea y sus efectos se solapan.
“Las partículas finas son las más perjudiciales porque penetran profundamente en los pulmones y pueden entrar en el torrente sanguíneo, causando inflamación sistémica y otros efectos rápidos en el organismo”, explica el estudio. Las partículas más gruesas afectan principalmente las vías respiratorias superiores, mientras que los gases como el NO₂ y el ozono irritan los pulmones e incrementan la vulnerabilidad a enfermedades respiratorias.
UN ANÁLISIS MÁS PRECISO Y COMPLETO
Hasta ahora, la mayoría de los estudios se centraban solo en grandes ciudades, analizaban los contaminantes por separado y no consideraban adecuadamente las diferencias regionales de vulnerabilidad (edad, sexo, comorbilidades, nivel socioeconómico o entorno). Este trabajo supera esas limitaciones al combinar datos diarios de estaciones de monitorización, satélites, uso del suelo y variables meteorológicas, ajustados a nivel regional con mayor peso en las zonas más pobladas.
“Para evaluar la exposición, estimamos los niveles diarios de varios contaminantes en toda Europa y posteriormente los ajustamos a nivel regional”, detalla Carlos Pérez García-Pando, profesor ICREA y AXA en BSC-CNS.
Zhao-Yue Chen, investigador de ISGlobal y primer autor del estudio, destaca: “Combinamos datos diarios sobre los principales contaminantes con la nueva base de datos de mortalidad del proyecto EARLY-ADAPT del Consejo Europeo de Investigación (ERC). Esto permite un análisis más preciso de cómo la exposición a corto plazo afecta de manera diferente según la edad, el sexo y la causa de muerte”.
DIFERENCIAS POR EDAD Y SEXO
El estudio revela que la contaminación no afecta a todos por igual. Los hombres jóvenes muestran mayor vulnerabilidad que las mujeres jóvenes, posiblemente por mayor exposición laboral, tráfico o tabaquismo. Sin embargo, a partir de los 85 años, el riesgo se invierte y es mayor en las mujeres. Además, las partículas se asocian más fuertemente con riesgos cardiovasculares en mujeres, mientras que el ozono impacta más en hombres.
Joan Ballester, investigador de ISGlobal y coordinador del estudio, subraya la relevancia práctica de los hallazgos: “Nuestros resultados son altamente relevantes para responsables políticos y profesionales de la salud pública, ya que respaldan el uso de modelos epidemiológicos ajustados por sexo, edad y comorbilidades para crear una nueva generación de sistemas de alerta temprana basados en el impacto, dirigidos específicamente a grupos vulnerables”.
En un momento en que Europa introduce nuevos estándares diarios de calidad del aire, este estudio proporciona evidencia sólida para proteger de forma más eficaz a la población, especialmente ante los efectos agudos que pueden desencadenar inflamación, desequilibrio autonómico y aumento de la coagulación sanguínea en los días siguientes a picos de contaminación.






