La mayoría de los estudiantes universitarios españoles fallan al diferenciar en redes sociales noticias científicas verdaderas y falsas. Esta es la principal conclusión de un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Oviedo que acaba de publicarse en la revista Enseñanza de las Ciencias, editada por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat de València.
El trabajo revela que es urgente reforzar la alfabetización científica y mediática en la universidad para mejorar la capacidad de los estudiantes de identificar información fiable en redes sociales y medios digitales. Los resultados muestran un alto grado de incertidumbre: en algunos casos, hasta tres cuartas partes de los participantes expresaron dudas al valorar la veracidad de las noticias científicas analizadas.
El estudio se basó en una encuesta a 221 estudiantes universitarios. A cada uno se le pidió evaluar la veracidad de cuatro noticias de temática científica (dos verdaderas y dos falsas), indicando si las consideraban verdaderas o falsas, el grado de certeza de su respuesta (segura o con duda) y justificando su decisión con argumentos como la credibilidad de la fuente, el contenido, las imágenes o si ya la habían visto antes en otros medios o redes.
Los investigadores analizaron las respuestas mediante técnicas estadísticas comparativas para detectar patrones en aciertos, errores y criterios de valoración.
LOS RESULTADOS
-Una noticia verdadera sobre el descubrimiento de una momia infantil en el desierto de Atacama fue considerada falsa o dudosa por el 64,3 % de los estudiantes.
-Otra información real sobre la reducción del agujero de la capa de ozono fue identificada incorrectamente por más de la mitad de los participantes.
-En el caso de una noticia verdadera sobre el riesgo de impacto de un asteroide y los planes de la NASA para prevenirlo, el 48,4 % falló o dudó en su valoración.
Por el contrario, la noticia falsa sobre el supuesto descubrimiento de un alienígena en Egipto fue identificada correctamente por el 83,7 % de los estudiantes, aunque un 16,3 % todavía la consideró verdadera o probablemente verdadera.
EL ARGUMENTO MÁS QUE LA EVIDENCIA
El análisis pone de manifiesto que los universitarios tienden a basar su valoración en factores contextuales —como la fuerza retórica del argumento, el estilo del titular o la presencia de imágenes— más que en la comprobación real de datos o fuentes. Además, el hecho de haber visto previamente la información en redes sociales o en otros medios influye significativamente en su percepción de credibilidad.
“Los resultados muestran que muchos estudiantes no disponen de un criterio sólido para determinar si una noticia científica es verdadera o falsa, lo que refleja la necesidad de reforzar la formación en pensamiento crítico”, explica la investigadora de la Universidad de Oviedo María Esther del Moral.
En la misma línea, su compañero Jonathan Castañeda Fernández señala que “la apariencia de un argumento coherente puede resultar muy persuasiva, incluso cuando la información no está respaldada por evidencias científicas”.
Por su parte, Nerea López Bouzas destaca que “la difusión de información científica en redes sociales y medios digitales exige reforzar la alfabetización mediática y científica del alumnado, para que aprenda a contrastar fuentes y evaluar críticamente los contenidos”.
La investigadora de la Universitat de València M. Carmen Bellver Moreno añade que “los resultados ponen de manifiesto la importancia de incorporar en la enseñanza de las ciencias estrategias que ayuden al alumnado a analizar críticamente la información que circula en internet y en redes sociales”. A su juicio, “aprender a contrastar datos, identificar fuentes fiables y aplicar criterios propios del método científico es fundamental para que los estudiantes puedan diferenciar entre información científica rigurosa y contenidos engañosos”.
El estudio concluye que fomentar el pensamiento crítico, la verificación de fuentes y el uso de herramientas para contrastar información resulta clave para ayudar a los jóvenes a distinguir entre información científica fiable y desinformación. Los autores plantean la necesidad de integrar de forma más explícita estas competencias en los procesos educativos y, especialmente, en la enseñanza de las ciencias.





