La reciente detección de un cluster de hantavirus en el crucero MV Hondius, que zarpó desde Ushuaia (Tierra del Fuego) en marzo/abril de 2026, encendió las alarmas epidemiológicas en varios países. El episodio, que dejó al menos tres fallecidos y varios casos confirmados entre pasajeros de distintas nacionalidades, obligó a activar protocolos sanitarios internacionales y a detener la nave en Cabo Verde para coordinar evacuaciones y controles.
Aunque las investigaciones preliminares indican que los pasajeros probablemente no se infectaron en Tierra del Fuego —zona históricamente de bajo riesgo—, el brote confirmó la cepa Andes (característica del sur de Argentina y Chile) y volvió a poner en el centro de la escena una pregunta recurrente: ¿qué es el hantavirus y por qué representa un peligro tan alto?
UNA ZOONOSIS CON POTENCIAL DE TRANSMISIÓN INTERHUMANA
La bioquímica Rosana Toro, docente de Virología Clínica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, explica que se trata de una zoonosis: una enfermedad que se transmite de animales a humanos. El principal reservorio son roedores silvestres, especialmente el “ratón colilargo” (Oligoryzomys longicaudatus), que porta el virus sin enfermarse gravemente.
En humanos, el cuadro es muy diferente. En América, los hantavirus provocan el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), que afecta principalmente los sistemas respiratorio y cardiovascular. La cepa Andes, circulante en el sur argentino y Chile, se asocia a una elevada mortalidad.
Argentina registra circulación endémica en cuatro grandes regiones: NOA (Salta, Jujuy, Tucumán), Centro (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos), NEA (Misiones, Chaco, Formosa) y Patagonia (Neuquén, Río Negro, Chubut).
FORMAS DE CONTAGIO Y PARTICULARIDAD DEL VIRUS ANDES
La vía principal de contagio es la inhalación de aerosoles contaminados con orina, saliva o heces de roedores infectados. Actividades cotidianas como barrer cabañas cerradas, limpiar galpones, cortar pasto o desmalezar pueden generar el riesgo sin que la persona lo note.
Lo que distingue al hantavirus —y especialmente a la cepa Andes— es su capacidad de transmisión interhumana, demostrada por primera vez en Argentina en la década de 1990 en El Bolsón y confirmada en brotes posteriores como el de Epuyén. Esta característica es única entre los hantavirus conocidos.
SÍNTOMAS Y ALTA LETALIDAD
El período de incubación oscila entre 4 y 45 días. Los síntomas iniciales son inespecíficos: fiebre, dolores musculares, malestar general y trastornos gastrointestinales. Muchas veces no hay signos respiratorios en esta fase, lo que complica el diagnóstico precoz.
El deterioro puede ser fulminante: en horas aparecen dificultad respiratoria, hipoxemia, shock y fallas cardiovasculares. En la fase cardiopulmonar, la evolución es rápida y puede llevar a la muerte en 24-48 horas. La letalidad en brotes argentinos alcanza hasta el 40%.
No existe antiviral específico. El tratamiento es de sostén (oxigenoterapia, asistencia respiratoria) y depende de la detección temprana. La enfermedad es de notificación obligatoria en Argentina.
Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, en la temporada 2025-2026 se notificaron 101-102 casos confirmados de hantavirosis, con mayor incidencia en Buenos Aires, Salta, Santa Fe, Jujuy, Río Negro, Entre Ríos y Chubut. Los números se mantienen por encima del umbral esperado.
El brote del crucero involucró hasta ocho casos (seis confirmados y dos probables), con tres muertes, y generó investigaciones para reconstruir posibles cadenas de transmisión previas al embarque.
PREVENCIÓN, LA MEJOR HERRAMIENTA
Los especialistas insisten en medidas simples pero efectivas:
-Ventilar bien los ambientes cerrados antes de ingresar.
-Usar barbijo y evitar levantar polvo al limpiar lugares potencialmente contaminados.
-Mantener espacios libres de basura y malezas.
-Para campings: elegir zonas despejadas, no dormir en el suelo y proteger alimentos.
El caso del MV Hondius demuestra que, aunque asociado a entornos rurales, el hantavirus puede “viajar” con las personas y convertirse en un problema sanitario global en cuestión de semanas. La cooperación internacional y la vigilancia epidemiológica resultan clave para contener brotes en un mundo hiperconectado.






