La calidad del aire que respira una mujer embarazada puede influir de manera decisiva en el desarrollo cerebral de su hijo mucho antes de que nazca. Un nuevo estudio del King’s College de Londres revela que los bebés expuestos a altos niveles de contaminación atmosférica en el útero muestran un desarrollo más lento a los 18 meses de vida, especialmente en habilidades lingüísticas y, en el caso de los prematuros, también motoras.
El trabajo, publicado este miércoles en la revista The Journal of Physiology, es el primero en analizar específicamente esta relación en el área del Gran Londres. Los investigadores midieron las capacidades lingüísticas y motoras de 498 lactantes nacidos en el Hospital St Thomas entre 2015 y 2020, cruzando estos datos con los niveles de contaminantes —principalmente dióxido de nitrógeno (NO₂) y material particulado (PM₂.₅ y PM₁₀)— registrados en las direcciones de sus madres durante el embarazo.
Los resultados identifican una ventana de vulnerabilidad crítica durante el primer trimestre de gestación. La exposición a emisiones del tráfico entre la concepción y la semana 13 se asoció directamente con peores puntuaciones en pruebas de lenguaje a los 18 meses. Este período es fundamental porque se establecen las bases estructurales del cerebro que influirán en la salud mental y el comportamiento a largo plazo.
DIFERENCIAS SIGNIFICATIVAS EN EL DESARROLLO
Los niños expuestos a mayor contaminación en el primer trimestre obtuvieron entre 5 y 7 puntos menos en las pruebas de lenguaje (en una escala con media de 100). En los bebés prematuros —125 de los 498 participantes—, el impacto fue aún más pronunciado: además de afectar el lenguaje, redujo notablemente las habilidades motoras, con una brecha promedio de 11 puntos en el desarrollo motor.
“Queríamos establecer si los niveles de contaminación del aire estaban relacionados con las capacidades cognitivas, lingüísticas y motoras en este periodo crítico de la infancia temprana”, explicó la autora principal, la Dra. Alexandra Bonthrone, del King’s College London.
DENTRO DE LOS LÍMITES LEGALES, PERO POR ENCIMA DE LOS RECOMENDADOS POR LA OMS
Un aspecto especialmente alarmante es que los niveles de polución registrados se encontraban dentro de los límites anuales establecidos por la legislación británica de 2010, pero superaban ampliamente las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizadas en 2021.
Expertos independientes han destacado la relevancia de estos hallazgos. Frank Kelly, del Imperial College de Londres, señaló: “Este estudio muestra que, incluso dentro de lo que actualmente llamamos niveles ‘legales’, estamos viendo impactos medibles en el cerebro en desarrollo”. Por su parte, Kevin McConway, de la Open University, advirtió que, aunque los efectos individuales sean pequeños, su impacto poblacional puede ser significativo al afectar a muchas personas.
La plausibilidad biológica se respalda en estudios previos: las partículas contaminantes inhaladas pueden entrar en el torrente sanguíneo, acumularse en la placenta e inducir inflamación que afecta al feto y su suministro sanguíneo.






