LA HORA DE LOS AUTOS ELÉCTRICOS

A paso lento, pero seguro, se afianza en la Argentina el uso de autos que funcionan con electricidad en lugar de combustible. Los motivos económicos y técnicos que lo explican.
A paso lento, pero seguro, se afianza en la Argentina el uso de autos que funcionan con electricidad en lugar de combustible. Los motivos económicos y técnicos que lo explican.

Es indudable que está creciendo en nuestro país la tendencia a usar autos que funcionan con electricidad en lugar de nafta. Lo demostró a principios de este año el desembarco casi cinematográfico en el puerto de Zárate, provincia de Buenos Aires, de casi 6000 autos marca BYD, de origen chino, con motores eléctricos o híbridos, que combinan el motor eléctrico con otro a combustión. 

Fue, quizás, la forma en que se visualizó la magnitud de esta tendencia que, aunque está lejos aún de ser un fenómeno masivo, crece a ritmo sostenido en la medida en que cada vez más usuarios valoran las ventajas. Sobre todo económicas, pero también técnicas e incluso ambientales, de los autos eléctricos; es decir, que funcionan con una batería que, a su vez, se carga en la red domiciliaria.  

Por lo pronto, el hecho de funcionar a electricidad hace que estos vehículos ofrezcan una prestación inédita en rendimiento y confort, con mucha potencia a disposición y una marcha suave y confortable. Esto se debe a que andan siempre en una única marcha, ya que el motor mismo regula su propia velocidad de giro sin necesidad de hacer cambios, ni siquiera en forma automática como los vehículos a nafta sin embrague. 

“Son autos que requieren un mantenimiento casi nulo, porque su motor transmite la energía eléctrica directamente al eje de las ruedas, así que no tienen eje de transmisión ni correas. Esto hace que la experiencia de manejo sea también altamente confortable”, asegura Carlos Fernández Prats, director comercial de Etia Charge, empresa argentina importadora de equipos de carga para autos eléctricos de diversas marcas y procedencias, y que además es proveedora oficial y certificada de BYD, ya que tiene a cargo la instalación de los cargadores para sus vehículos y el servicio de postventa. 

También plantea motivos económicos en apoyo de esta tecnología: “El auto eléctrico gasta en carga el 20 por ciento de lo que gasta un auto a nafta”.

Explica que los autos traen sus propios cargadores monofásicos que se instalan en las casas, amurados a la pared y con una instalación eléctrica independiente y exclusiva para eso. “El usuario de un auto eléctrico lo carga en su garaje porque tiene un cargador con un cable grueso y flexible que se enchufa a la entrada de carga del motor. 

Obviamente, lo lógico es hacerlo de noche, que es el momento ideal porque el proceso lleva tres o cuatro horas”, explica, y agrega que los autos eléctricos de última generación pueden llegar así a una autonomía de hasta 400 kilómetros con una carga completa.  

Además, define a su empresa y a la movilidad eléctrica en general como clean tech (tecnología limpia), porque busca “impactar positivamente en el ambiente integrando el ecosistema de la movilidad eléctrica para optimizar el uso de la energía”. 

CREAR UNA “RED DE CARGA”

Hay una cuestión que atraviesa las perspectivas de crecimiento de la movilidad eléctrica, y es que la carga hogareña puede no ser suficiente si el auto se utiliza para cubrir trayectos mucho más largos que la ida y vuelta al trabajo. Es decir, cuando los usuarios se desplazan a otras ciudades ya sea por cuestiones laborales, con fines recreativos o de turismo. 

“La cuestión más importante por resolver, y no solo en la Argentina, sino en todo el mundo, es el tema de la carga fuera de casa –plantea Fernández Prats–, porque el usuario de la movilidad eléctrica puede llegar a pasar demasiado tiempo buscando dónde cargar. Por eso, es vital contar también con una estructura o una red que incluya la posibilidad de recargar el motor en lugares públicos o semipúblicos”. 

Se trata de un servicio que se debe llevar a cabo con cargadores de mayor envergadura que los hogareños, ya que deben funcionar con corriente alterna para poder cargar en mucho menos tiempo. De hecho, 30 o 40 minutos pueden ser suficientes si se opta por completar el 70 u 80 por ciento de la capacidad de la batería: una opción muy útil para la cotidianeidad. A estos cargadores se los puede instalar de dos formas: amurados como los hogareños o montados en un “tótem”. 

En rigor, en la Argentina ya existe una red todavía muy incipiente de cargadores instalados por lo general en los estacionamientos de los supermercados o centros comerciales y otros espacios públicos o semipúblicos. Incluso Etia Charge ya instaló varias decenas de ellos en el país; entre ellos, uno en las proximidades del hotel Hilton de Puerto Madero y otro en el Parque de Innovación, vecino al extinto Tiro Federal en el barrio de Núñez, junto a otros puntos a lo largo del territorio nacional. 

También están presentes en varias provincias, como Córdoba, donde la venta de autos eléctricos y cargadores viene experimentando un crecimiento exponencial y ya representa casi el 20 por ciento del total en el país. Pero cabe aclarar que la opción por el auto eléctrico está creciendo mucho más en algunos países limítrofes como Chile, Brasil y Uruguay.

“Por suerte, hoy ya estamos avanzando –asegura Fernández Prats–, porque nuestro país venía muy atrasado en este rubro. En buena medida, porque los vehículos que llegaban hasta hace unos años eran de muy alta gama y para un público muy reducido. Ese es justamente el paradigma que hoy es necesario modificar para poder avanzar hacia un uso masivo de la movilidad eléctrica”, concluye.

APOYO A LA IMPORTACIÓN

Entre 2025 y principios de 2026 ingresaron a la Argentina alrededor de 30.000 autos eléctricos e híbridos de distintas procedencias, de los que se patentaron casi 1300 de las marcas BYD (China), Chevrolet (EE.UU.) y Renault (Francia). Esto fue facilitado por la Resolución 513/2025 y otras normas del Gobierno nacional, que habilitaron un régimen especial de beneficios impositivos por cinco años para permitir la importación de autos “con tecnologías de movilidad alternativas” para modelos con valor FOB hasta 16.000 dólares, con un cupo anual de 50.000 unidades. El objetivo declarado de esto es fomentar la “competencia y modernización” del parque automotor.

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