Casi dos mil tiras gráficas en un lapso de nueve años no alcanzan a explicar el impacto que tuvo y mantiene el universo más influyente de la historieta argentina. A más de cuarenta años de su aparición, Mafalda conserva la potencia con la que ingresó a las casas de los argentinos, esa con la que inculcó y potenció, en varias generaciones, un pensamiento crítico hacia el modo en que se organiza el mundo.
Durante décadas, los libritos en blanco y negro –que recopilan las tiras antes publicadas en medios como la revista Primera Plana, el diario El Mundo o el semanario Siete Días Ilustrados– fueron el único soporte sobre el cual viajó el mensaje de Quino. Su creador autorizaría, con el tiempo, una edición francesa en colores y unos cortos animados que dieron voz y movimiento a los personajes, aunque el resultado final no lo satisfizo. Con tanto tiempo transcurrido, la vigencia de Mafalda como personaje es innegable, aunque quienes tienen contacto directo con su obra perciben que el acercamiento a ella es distinto al de otras épocas: “Todo el tiempo pienso en cómo se lee Mafalda, y hoy quizás es un fenómeno como el de Borges: todo el mundo lo conoce, pero en generaciones más chicas no lo leyeron en la misma medida. Ojalá los proyectos actuales puedan aportar en ese sentido”, analiza Judith Gociol, periodista, investigadora, cofundadora y coordinadora del Archivo de Historieta y Humor Gráfico Argentinos creado en la Biblioteca Nacional, y autora del libro Universo Mafalda.
Esa misma preocupación anidaba en la familia de Quino. Primero, en Julieta Colombo (sobrina y albacea de su obra, hasta que falleció, tres años después que el autor) y, luego, en sus demás sobrinos, quienes ahora quedaron a cargo de custodiar su legado. “Estaban abiertos y atentos a conectar con las nuevas generaciones, porque entendían que leen menos y leen diferente, y que los chicos chiquitos, a quienes los papás no les dieron los libros, apenas conocen la cara de Mafalda. Si no trabajaban en achicar esa brecha, se iba agrandar”, reveló Damián Kirzner acerca de los inicios del proyecto que encabeza como director general: “Mafalda inmersiva”, una muestra apoyada en un centenar de las tiras publicadas, cuidadosamente seleccionadas, alrededor de las cuales se desplegará un recorrido de más de mil metros, dividido en catorce salas que recrean escenarios donde interactúan los personajes, y también un espacio donde toman forma algunas de sus fantasías. Una miniciudad, una representación de la Buenos Aires efervescente de los 60/70 en la que aquella niña indagó y cuestionó la sociedad sobre la cual debía crecer.
En cuanto se instaló en el imaginario popular, Mafalda se convirtió en una entidad preexistente para infinidad de niños y niñas. Era algo, alguien, que ya estaba en casa, y los libritos eran hallazgos que cada uno realizaba a medida que daba sus primeros pasos en la lectura. La compañía de todos los personajes de su comunidad, la identificación con los conflictos, dudas y sueños, se dio de forma natural, gracias a la capacidad sobrehumana de Quino de condensar en pocas viñetas todo un mundo. Sin pretensiones de universalidad, la alcanzó. “Yo no supe que Mafalda era argentina hasta que crecí. Había palabras que no entendía, marcas que no conocía, cositas que se escapaban, pero nunca lo viví como algo que pasara fuera de nuestras fronteras. Sus temas y preocupaciones, incluso su humor, desde la mirada infantil, estaban por encima de cualquier localismo”, opina Belén Santa-Olalla, directora creativa española especializada en narrativas inmersivas, transmedia y artes escénicas, y responsable del diseño de experiencia de usuario de “Mafalda inmersiva”.

La situación inversa es la que vivió Guillermo Lavado, sobrino de Quino en cuyo honor se bautizó al hermano menor de Mafalda con ese nombre. Mafalda siempre fue parte de su familia y, de a poco, descubrió que lo mismo sucedía casi con cada familia del país: “Fue una especie de hermana desde que tengo uso de razón, pero también un referente que nos ha formado a todos un pensamiento crítico y una visión del mundo que no ha cambiado tanto. Los conflictos se mueven geográficamente un poquito, pero siempre los intereses son los mismos. Conocimos al Quino como un tío tímido, pero divertido, y poco a poco nos fuimos enterando quién era él y quién era Mafalda para los demás. Representa una parte muy importante de mi vida, como para muchísima gente”, comparte.
Que los protagonistas sean un grupo de niños y niñas le otorgó siempre a la tira una cuota de candidez y tono amigable hacia el cual los lectores bajaban la guardia. Allí, golpeaban las preguntas punzantes y conclusiones contundentes a las que arribaban los personajes, con Mafalda a la cabeza (y Libertad elevando el tono contestatario más adelante), para señalar las contradicciones entre las declamaciones y las conductas adultas. Sin una filiación partidaria explícita, Mafalda contiene una alta carga política que constituye su esencia, y cualquier adaptación que de ella se realice, para conservar su espíritu, tiene que sostenerla. Kirzner lo sabe: “Cada uno interpretará lo que le parezca, nosotros simplemente presentamos el material que escribió Quino, que es la obra de un autor genial. Hoy tiene más vigencia que nunca. Hablar hoy de paz en el mundo, de equidad, de las preguntas incómodas que hace un niño a un adulto, y que el adulto no sabe responder, es tan incisivo como lo fue en los años 60”.
Esa vigencia, en más de una ocasión, fue recibida con amargura por Quino. Por un lado, lo apenaba la perdurabilidad de los conflictos que desvelaban a Mafalda y sus amigos, ese bucle interminable que los conserva hasta nuestros días. Por otro, lo fastidiaba el reclamo por finalizar la tira y la insistencia para que la continuara, tanto como las constantes indagaciones acerca de qué pensaría Mafalda sobre tal o cual asunto. Además, una porción de su orgullo se sentía herido porque esta rama de su obra eclipsara al resto de sus trabajos, al menos para buena parte del público. “Pasó por distintos sentimientos con relación a Mafalda. Él ya había expuesto y sacado un libro de humor gráfico antes de esta tira, tenía un recorrido previo, pero Mafalda opacó todo. A lo largo de los años hizo algunas declaraciones muy enojado con que el personaje hubiera tomado toda su obra. Al principio, sin entender del todo el fenómeno, por qué había pegado en los chicos, siendo que para él no era una historieta infantil. Llegó a decir ‘Los mejores días los pasé cuando no tuve que dibujar Mafalda’. Pero con el tiempo, fue reconciliándose con el personaje, a fuerza de que la gente lo convenciera”, afirma Gociol.
Como cualquier creación artística, Mafalda no se terminó en la emisión de Quino, sino que sus mensajes se completaron en cada lector, en la manera en que recibieron cada palabra. Ricardo Siri, mucho más conocido como Liniers, contó que de niño le resultaba sonoramente gracioso el nombre de la tortuga de Mafalda, y al crecer, le sumó otra capa de sentido cuando supo lo que significaba “Burocracia”. Una tira en blanco y negro deja muchos espacios disponibles para que los receptores completen de acuerdo a su imaginación: las voces, el andar de cada personaje, los aromas, lo que podría ocurrir entre una viñeta y otra o, incluso, en los espacios en blanco de cada una. Por eso, hay tantas Mafaldas como personas que la leyeron. Allí radica buena parte de la dificultad de adaptar esa obra a una muestra inmersiva, ya que lo que en ella se exhiba competirá con lo que cada uno construyó durante años en su propia mente.

“¿Qué hay entre una viñeta y otra? ¿Qué hay entre un cuadro y otro? Eso Quino no nos lo dejó y hay que imaginarlo. No hemos puesto ni en un globo de texto nada que Mafalda nunca dijera, nos pegamos lo más posible al original. Quino no está más aquí, pero hemos buscado en cosas que él había dicho, hecho y aprobado para sentir que teníamos su beneplácito. Damián, en una visita a Bordeaux, en Francia, se topó con unos ejemplares a color aprobados por él. Así encontramos el universo cromático que utilizamos”, explica Santa-Olalla. En esa línea se manifiesta Kirzner: “Tratamos con la obra de un genio inmejorable, por lo que me asumo como adaptador y no como autor. Soy adaptador de una obra, y es una responsabilidad enorme conseguir que conecte con personas que no la conocieron o que la vuelven a encontrar”.
La muestra y la serie animada que anunció Netflix (ver recuadro) son parte de algunos movimientos puestos en marcha por los herederos de Quino, entre los que se incluye la no renovación en la Argentina con la editorial que históricamente publicó su obra, Ediciones de la Flor, y el acercamiento a Sudamericana. “Nos motivó la necesidad de que hubiera mayor presencia editorial en Latinoamérica, para que su obra llegara más fluidamente a todos los lectores. Si la presencia de sus títulos cae o desaparece, le haría mucho daño al autor”, defiende Lavado.
El desafío está en marcha, la muestra abre sus puertas en el Centro Cultural Recoleta, de la ciudad de Buenos Aires, y proyecta giras nacionales e internacionales. Habrá que ver si cumple su objetivo múltiple de expandir el modo en que los lectores se relacionaron con los personajes y sus historias, conectar con un nuevo público que conoce lateralmente este universo y conducir luego a ese mismo público a leer las tiras. Mafalda, aún, tiene mucho para decirnos.
COLORES Y ANIMACIONES
Mafalda toma cuerpo en la muestra a través de esculturas y recreaciones de escenarios, de animaciones que rodean los ambientes, de olores que completan el sentido (como la clásica sopa que aborrece, por ejemplo). También se podrán espiar los anhelos de los personajes con una tecnología de realidad virtual multiusuario, desarrollada en la Argentina (“Podemos estar junto a ella en la ONU, donde soñaba con ser traductora de la organización, o en el casamiento de Susanita, entre otras situaciones”, adelanta Kirzner).
Además, sin fecha confirmada por el momento, en Netflix se estrenará una serie animada, con dirección de Juan José Campanella. Allí, la apuesta asume otros riesgos, ya que no solo utilizarán el material existente, sino que se escribirán nuevas escenas, diálogos y situaciones para los personajes, que ya no estarán en los 60, sino en la actualidad.






