Un nuevo estudio publicado en la revista Science revela sutiles pero generalizadas diferencias en la expresión génica entre cerebros masculinos y femeninos, lo que podría ayudar a explicar por qué algunos trastornos psiquiátricos y neurológicos afectan de forma distinta a hombres y mujeres.
El enfoque de género (o más precisamente, de sexo biológico) en la medicina contemporánea ha permitido identificar factores de riesgo que impactan de manera diferencial según el sexo. Un análisis de alta resolución de células cerebrales individuales, realizado en varias regiones de la corteza cerebral humana, ha identificado variaciones en la actividad genética entre cerebros de hombres y mujeres. Las conclusiones, publicadas en Science, avanzan en la comprensión de las bases moleculares de las disparidades observadas en trastornos como el TDAH, la esquizofrenia, la depresión y la enfermedad de Alzheimer.
Hombres y mujeres presentan diferencias notables en la incidencia, prevalencia y progresión de diversos trastornos psiquiátricos y neurodegenerativos. Aunque la causa más probable de estas disparidades radica en la interacción entre influencias biológicas y sociales, su consistencia a través de culturas y su aparición predecible durante el desarrollo sugieren que las diferencias determinadas por el sexo en la transcripción genética del cerebro desempeñan un papel relevante.
LA HUELLA GENÉTICA DEL SEXO
Un equipo internacional liderado por Alex DeCasien (del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento y el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos) llevó a cabo un estudio pionero utilizando secuenciación de ARN de núcleo único (snRNA-seq). Analizaron muestras de tejido cerebral postmortem de 30 individuos adultos (15 hombres y 15 mujeres), enfocándose en seis regiones corticales: algunas con diferencias sexuales conocidas en estructura (como volumen de materia gris) y otras sin ellas. Esto permitió comparar con precisión la variación molecular y anatómica.
Los investigadores procesaron más de un millón de células individuales, incluyendo neuronas excitadoras, inhibitorias y células gliales. Los resultados muestran que el sexo biológico explica solo una fracción muy pequeña de la variación total en la expresión génica (menos del 1%). Sin embargo, identificaron más de 3.000 genes con algún grado de transcripción sesgada por el sexo en al menos una región cortical, y 133 genes con efectos consistentes a lo largo de diferentes regiones y tipos celulares.
Las diferencias más pronunciadas se observaron en genes ubicados en los cromosomas sexuales (especialmente en el cromosoma X, incluyendo genes que escapan a la inactivación). No obstante, la mayor parte de la variación relacionada con el sexo ocurrió en genes autosómicos (no ligados a los cromosomas sexuales), regulados predominantemente por hormonas esteroides sexuales (como andrógenos y estrógenos).
Muchos de estos genes con expresión sesgada se superponen con variantes genéticas asociadas a trastornos neuropsiquiátricos y neurodegenerativos, lo que sugiere que estas diferencias moleculares podrían modular la susceptibilidad o el impacto de las variantes de riesgo en cada sexo.
Los autores reconocen que muchas de las diferencias observadas podrían originarse, al menos en parte, en factores de socialización y experiencia vital, más que en causas puramente biológicas. Como señalan en una perspectiva acompañante Jessica Tollkuhn y Marc Breedlove, “una influencia de factores sociales podría descartarse si se demuestran diferencias sexuales en la expresión génica antes del nacimiento”. Estudios futuros en tejido fetal o prenatal serán clave para aclarar este punto.






