Las olas de calor marinas ya no son eventos excepcionales, sino un componente estructural del cambio climático en el mar Mediterráneo. Así lo concluye un estudio pionero liderado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona y el laboratorio francés LOCEAN-IPSL, en colaboración con la Ecopath International Initiative. Publicado en Scientific Reports, el trabajo demuestra por primera vez los impactos integrales de estos fenómenos extremos en el ecosistema marino y en las actividades pesqueras que dependen de él.
Según los investigadores, las olas de calor ocurridas en la última década han afectado a más del 60% del área del Mediterráneo occidental, alterando procesos biológicos clave, cambiando la distribución de especies y modificando incluso algunas relaciones tróficas en la cadena alimentaria. Estos episodios aceleran tendencias de deterioro ya existentes, como la sobrepesca, la contaminación y el creciente uso del espacio marino.
“Este estudio muestra que los eventos extremos ya no son una excepción, sino un componente estructural del cambio climático en el mar Mediterráneo. Sus efectos tienen consecuencias directas e indirectas sobre la ecología”, afirma Andrea Kaplan, una de las autoras principales e investigadora del ICM-CSIC.
UN FENÓMENO CADA VEZ MÁS PROFUNDO E INTENSO
Las olas de calor marinas consisten en episodios prolongados de temperaturas oceánicas anormalmente elevadas. En las últimas décadas han aumentado en frecuencia, duración e intensidad debido al calentamiento global. El nuevo estudio alerta de que, en años recientes, estos eventos alcanzan mayores profundidades y extensiones territoriales.
Camila Artana, otra de las autoras principales, explica las diferencias regionales: “Mientras que en el norte del área de estudio detectamos los mayores incrementos de temperatura respecto a la habitual, es en el sur, en áreas como el mar de Alborán y el mar de Argelia, donde las olas de calor alcanzan las temperaturas absolutas más altas. Esto genera un estrés térmico crítico para muchas especies que perjudica de forma más marcada a la pesca existente y transforma el medio marino”.
Los efectos no son uniformes en la red trófica. Las especies de niveles bajos —como el fitoplancton y el zooplancton, más pequeñas y de crecimiento rápido— responden con alteraciones rápidas. En cambio, las de niveles superiores —peces y aves, de mayor tamaño y crecimiento lento— reaccionan más lentamente, con impactos que pueden manifestarse años o incluso décadas después.
“Las olas de calor reconfiguran ecosistemas enteros a través de efectos directos por estrés térmico o indirectos mediante cambios en las interacciones entre las especies”, señala Francisco Ramírez (ICM-CSIC), coautor del estudio.
Artana añade que esta diferencia temporal implica que “el impacto de estas olas de calor puede acumularse y observarse meses o años después del fenómeno en cuestión, por lo que no estamos ante un problema pasajero, sino ante una presión constante que debilita la resiliencia del sistema año tras año”.
AMENAZA PARA ESPECIES COMERCIALES CLAVE
El estudio pone especial énfasis en las consecuencias para especies de alto interés comercial, como la merluza y la sardina, cuyas poblaciones podrían reducirse de manera más acentuada de lo previsto. Marta Coll (ICM-CSIC), coautora, destaca: “Esto evidencia la necesidad de implementar medidas de gestión más proactivas para evitar que las especies más vulnerables sean las que más sufran, lo que nos permitiría asegurar las capturas y, por consiguiente, proteger la economía pesquera”.
Los modelos utilizados (Ecopath with Ecosim) revelan que las tendencias de declive en biomasa observadas en décadas anteriores, impulsadas por el calentamiento a largo plazo y la presión pesquera, se han exacerbado con las olas de calor. Emerge un patrón norte-sur: respuestas positivas o neutras en el norte, pero impactos negativos más severos en el sur.






