LA PRESIÓN SOCIAL, FAMILIAR Y ESCOLAR ALEJA A ESTUDIANTES MÁS POBRES Y NIÑAS DE LAS VOCACIONES CREATIVAS 

Una investigación de la Universidad de Cambridge revela que el entorno de los estudiantes y las jerarquías académicas estigmatizan las artes como una opción “arriesgada”, consolidando una brecha de clase y género en el sector.
Una investigación de la Universidad de Cambridge revela que el entorno de los estudiantes y las jerarquías académicas estigmatizan las artes como una opción “arriesgada”, consolidando una brecha de clase y género en el sector.

Casi la mitad de los adolescentes de 14 años en Inglaterra expresan un fuerte interés por las disciplinas artísticas —arte, música, teatro, diseño o fotografía—, pero solo uno de cada 25 termina trabajando en el sector creativo al alcanzar los 30 años. Esta drástica reducción no se explica principalmente por una falta de talento, sino por un “sistema de embudo” impulsado por presiones sociales, familiares y escolares que priorizan las materias “seguras” y académicas sobre la vocación creativa. 

Así lo concluye un amplio estudio liderado por la Facultad de Educación de la Universidad de Cambridge y financiado por la Fundación Nuffield, que ha analizado los registros educativos de 1,7 millones de alumnos en Inglaterra, datos longitudinales de más de 7.200 jóvenes y encuestas y entrevistas a estudiantes y profesionales del sector. Los resultados se presentaron a finales de marzo de 2026. 

La participación en asignaturas creativas cae de forma pronunciada en cada etapa educativa. A los 16 años (etapa GCSE), el 24,7% de los estudiantes elige una materia creativa. Este porcentaje desciende al 16,9% en la educación post-16 y se reduce aún más al 12,2% en la universidad. Solo el 3,8% de quienes acceden a la educación superior mantiene elecciones creativas en todas las etapas posibles. 

DOBLE DESVENTAJA PARA NIÑAS DE FAMILIAS POBRES

El informe destaca una “doble desventaja” que afecta especialmente a las niñas de entornos socioeconómicos desfavorecidos. Aunque las chicas muestran mayor interés inicial y eligen más frecuentemente materias creativas a los 16 años y en la etapa post-16, este patrón se invierte en la universidad, donde abandonan el camino creativo con mayor rapidez. Los estudiantes elegibles para comidas escolares gratuitas (un indicador de bajos ingresos) también inician con más interés, pero ven cerradas sus opciones después de los 16 años por barreras económicas y falta de apoyo. 

Sonia Ilie, profesora de la Facultad de Educación de Cambridge y autora principal del estudio, explica: “Si tienes un título universitario en una materia creativa, es mucho más probable que acabes en una carrera creativa. Sin embargo, los jóvenes de familias de bajos ingresos, y especialmente las niñas, tienen menos probabilidades de llegar al punto en el que estudiar un grado creativo sea siquiera una opción”. 

EL ESTIGMA DEL “RIESGO” Y LAS JERARQUÍAS CULTURALES

Los investigadores describen una dinámica de “empuje y atracción”: mientras los jóvenes disfrutan de las artes, familias, amigos y orientadores educativos les recomiendan priorizar materias científicas o técnicas, percibidas como más seguras económicamente. Este consejo no siempre coincide con las guías oficiales de las escuelas, sino que responde a jerarquías culturales persistentes que devalúan el trabajo creativo. 

“Refleja estructuras sociales más amplias, desigualdades, mensajes culturales y la presión sobre las escuelas para entregar resultados académicos. Necesitamos una conversación más reflexiva sobre el valor de las materias creativas y, francamente, sobre el esnobismo que aún rodea a ciertas cualificaciones”, añade Ilie. 

Además de las presiones psicológicas, existen barreras materiales: muchos estudiantes de bajos ingresos carecen del capital social y económico para realizar prácticas no remuneradas, crear portafolios competitivos o acceder a redes profesionales. La precariedad del sector creativo —descrita por los participantes como “dura y precaria”— actúa como un disuasorio poderoso cuando no existe un colchón familiar. 

EL ROL INFRAVALORADO DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL

El estudio critica el “sistema bifurcado” de la educación británica: la formación más práctica y hands-on en artes se concentra en centros de formación profesional (FE colleges), pero sus graduados enfrentan peores oportunidades laborales que los universitarios. Pamela Burnard, coautora de la investigación, defiende: “La oferta de formación profesional que vimos está claramente a la altura de las rutas académicas y produce estudiantes increíbles que podrían triunfar en grados y empleos creativos. El hecho de que la universidad no sea la ruta preferida para algunos no debería impedirles el acceso al empleo”. 

Los autores urgen a las escuelas, orientadores y policymakers a ofrecer un asesoramiento realista que, al mismo tiempo, desafíe las jerarquías que privilegian lo académico sobre lo creativo. Propone reconocer mejor las cualificaciones de formación profesional, apoyar específicamente a niñas y estudiantes de zonas desfavorecidas, y repensar cómo se valora el talento creativo en la sociedad.

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