Un zorro que pasea por el bosque o un ave que cruza el cielo podrían presentar una amenaza invisible que surgió primero en los hospitales. A pesar de que estos animales nunca han tomado una pastilla, un nuevo estudio revela que sus cuerpos se han convertido en ‘almacenes’ de bacterias con resistencia a antimicrobianos (RAM) y ya no responden a los medicamentos más potentes.
La resistencia antimicrobiana se vuelve cada vez más problemática, sobre todo en el caso de las cefalosporinas de tercera generación, que se utilizan para tratar la neumonía, la sepsis y la meningitis. La bacteria Klebsiella pneumoniae, que puede causar infecciones graves en humanos, se ha extendido mucho más allá de los lugares y sistemas expuestos directamente a los antibióticos.
Esta es la principal conclusión de un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Parma, en el norte de Italia, y publicado en la revista Frontiers in Microbiology en 2026. El trabajo analizó casi 500 muestras fecales de fauna silvestre, incluyendo zorros rojos, cuervos, urracas y varias especies de aves acuáticas.
LA FAUNA SILVESTRE COMO RESERVORIO
Los investigadores confirmaron que la fauna silvestre actúa como un reservorio de resistencia clínicamente relevante. Su vigilancia puede servir como un sistema de alerta temprana de su propagación fuera del ámbito clínico, según explicó Mauro Conter, profesor asociado del Departamento de Ciencias Médicas Veterinarias de la Universidad de Parma.
“Nuestros resultados confirman el papel de la fauna silvestre como reservorio de resistencia clínicamente relevante, lo que significa que su vigilancia podría proporcionar un sistema de alerta temprana de la propagación de la resistencia más allá de los entornos clínicos”, señaló Conter.
Las especies estudiadas se mueven entre zonas urbanas, rurales y silvestres, y acumulan resistencia sin haber recibido nunca antibióticos directamente. Los zorros contribuyen a la diseminación a corta distancia por tierra, mientras que las aves pueden propagarla a largas distancias por aire.
La bacteria K. pneumoniae estaba presente en el 2% de las muestras, principalmente en zorros y aves acuáticas. “Incluso una prevalencia del 2% en la fauna silvestre representa una contaminación ambiental por clones de alto riesgo. K. pneumoniae se propaga fácilmente a través de las rutas del agua y los desechos, creando un ciclo continuo de resistencia humano-animal-medioambiente”, añadió Conter.
RESISTENCIA SUPERIOR A LA OBSERVADA EN HUMANOS
Los aislados de K. pneumoniae de la fauna silvestre mostraron niveles de resistencia más altos contra casi todas las clases de antibióticos en comparación con datos de vigilancia clínica. Particularmente alarmante es que el 100% de los aislados de K. pneumoniae procedentes de fauna silvestre fueron resistentes a las cefalosporinas de tercera generación. En contraste, solo el 19,6% de los aislados de K. pneumoniae de pacientes humanos en Italia mostraban esta resistencia, según los últimos datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC).
Además, los científicos identificaron un clon de alto riesgo (ST307) y la carbapenemasa NDM-5 en muestras de zorros, incluso en animales que viven lejos de la actividad humana, lo que subraya la circulación ambiental de estas superbacterias.
HUMANOS EN EL CENTRO DEL PROBLEMA
Los autores del estudio enfatizan que los humanos están en el origen de esta contaminación. Para combatir la propagación de bacterias con RAM en ecosistemas no directamente expuestos a antibióticos, es necesario reducir la contaminación por antibióticos en las aguas residuales, mejorar el tratamiento de las alcantarillas y promover un uso más prudente de los antimicrobianos, tanto en medicina humana como en el ganado. Especialmente importante es restringir los antibióticos considerados críticos para la salud humana.
El equipo aclara que su investigación no buscaba establecer vínculos de transmisión directa entre fauna silvestre y humanos, y que la prevalencia observada podría estar subestimada debido al método de muestreo. Aun así, los datos refuerzan la necesidad de un enfoque integral conocido como “One Health” (Una sola salud), que aborde simultáneamente la salud humana, animal y ambiental, incluyendo los efectos del cambio climático en el comportamiento de la fauna.
“Lo que observamos es un problema complejo que requiere soluciones integrales. Nuestros datos respaldan el monitoreo rutinario de la RAM en la fauna silvestre como un sistema de alerta temprana para la salud pública, que permita guiar intervenciones ambientales antes de que la resistencia alcance los entornos clínicos”, concluyó Mauro Conter.






