CREEN QUE LA DIETA MEDITERRÁNEA Y EL EJERCICIO FÍSICO PUEDEN AYUDAR A ENFRENTAR LA OBESIDAD INFANTIL

Un estudio con menores de entre tres y seis años con riesgo de desarrollar obesidad por antecedentes familiares revela que llevar una alimentación mediterránea y hacer actividad física disminuye el índice de masa corporal. Sin embargo, los efectos solo se observaron en las niñas.
Un estudio con menores de entre tres y seis años con riesgo de desarrollar obesidad por antecedentes familiares revela que llevar una alimentación mediterránea y hacer actividad física disminuye el índice de masa corporal. Sin embargo, los efectos solo se observaron en las niñas.

Una nueva investigación española MELI-POP (MEditerranean LIfestyle in Pediatric Obesity Prevention), liderado por un equipo de la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Investigación Sanitaria Aragón (IIS Aragón) y el CIBER de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), demuestra que una intervención temprana basada en la alimentación mediterránea y la actividad física reduce significativamente el riesgo de obesidad en niños y niñas de entre 3 y 6 años con antecedentes familiares de riesgo. Los resultados se publicaron en la revista European Journal of Pediatrics.  

El ensayo clínico aleatorizado incluyó a 206 niños y niñas de Zaragoza, Córdoba y Santiago de Compostela. De ellos, 170 completaron el seguimiento de 12 meses. El grupo de intervención recibió educación nutricional mensual, sesiones de actividad física dos veces por semana y alimentos típicos de la dieta mediterránea (como aceite de oliva virgen extra y pescado). El grupo control solo recibió consejos generales de salud infantil. 

Los resultados revelaron diferencias claras por sexo: las niñas del grupo de intervención mostraron una reducción significativa del índice de masa corporal (IMC) y mejoras en indicadores de grasa corporal. En los niños, estos efectos no se observaron. El hallazgo subraya la necesidad de diseñar estrategias preventivas que consideren las diferencias de género desde edades muy tempranas. 

El estudio no detectó cambios significativos en otros factores de riesgo cardiovascular (presión arterial, perfil lipídico, glucosa o insulina), probablemente porque los participantes partían ya de valores normales al inicio. Sin embargo, los investigadores destacan el valor de actuar en la infancia temprana —un periodo clave para consolidar hábitos saludables— como estrategia preventiva más efectiva y sostenible. 

El Atlas Mundial de la Obesidad 2026 revela que la obesidad infantil crece a un ritmo sin precedentes en todo el mundo. En 2025, alrededor de 177-180 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años vivían con obesidad, una cifra que podría alcanzar los 228 millones en 2040. Por primera vez en la historia, el número de niños con obesidad superará al de aquellos con bajo peso. Se estima que, en 2040, más de 507 millones de menores tendrán sobrepeso u obesidad. 

Más de 180 países han registrado aumentos en las tasas de sobrepeso y obesidad infantil desde 2010, con los incrementos más rápidos en naciones de ingresos bajos y medios, donde reside la mayoría de la población infantil mundial. En Europa, se estiman 14 millones de casos en 2025, con una ligera disminución proyectada a 13 millones en 2040, pero el panorama general es preocupante: la prevalencia global de obesidad en niños de 5-19 años pasó del 4% en 1975 a casi el 20% en 2022. 

Esta epidemia tiene consecuencias graves a largo plazo: hipertensión, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y problemas de salud mental. Se calcula que para 2040, decenas de millones de niños mostrarán ya signos tempranos de estas patologías. La OMS y la Federación Mundial de la Obesidad alertan de que, sin acciones urgentes, medio millón de niños podrían verse afectados en 2040. 

EL MODELO MEDITERRÁNEO COMO HERRAMIENTA GLOBAL

El estudio MELI-POP no solo confirma la eficacia de intervenciones tempranas, sino que ofrece un modelo adaptable a nivel internacional. La combinación de dieta mediterránea —rica en alimentos frescos, grasas saludables y patrones alimentarios equilibrados— con actividad física regular se presenta como una vía prometedora y accesible, especialmente en países con tradiciones culinarias similares o en aquellos que buscan patrones dietéticos sostenibles.

Expertos coinciden en que la prevención en edades preescolares es más efectiva y económica que tratar la obesidad una vez establecida. El énfasis en diferencias por sexo, además, invita a otros investigadores y políticas públicas a personalizar las intervenciones: lo que funciona para las niñas podría necesitar ajustes para los niños, y viceversa.

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