Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Montpellier, el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig y el Centro Alemán de Primates de Gotinga revela que las relaciones de poder entre machos y hembras en los primates son mucho más complejas de lo que se pensaba. Publicado el 7 de julio de 2025 en la revista PNAS, el análisis desafía la creencia de que los machos dominan claramente en la mayoría de las especies, mostrando que en muchas sociedades de primates no hay un sexo que prevalezca sobre el otro.
El estudio, que recopiló datos de 253 poblaciones de 121 especies de primates, encontró que las disputas entre machos y hembras son sorprendentemente comunes, representando casi la mitad de los conflictos en los grupos sociales. Contrario a las teorías tradicionales, que asumían que machos y hembras compiten por recursos distintos, los resultados muestran que solo en el 17% de las poblaciones estudiadas los machos ganan más del 90% de las disputas con hembras, mientras que en el 11% predomina el dominio femenino. En el 70% restante, los sesgos de género en el poder son moderados o inexistentes.
La investigación identificó que el dominio femenino está asociado a factores específicos. Este se observa en especies donde las hembras son monógamas, tienen un tamaño similar al de los machos o se alimentan principalmente en árboles, lo que les otorga mayor control sobre sus decisiones de apareamiento. También prevalece en contextos de alta competencia por recursos, como en especies solitarias o que viven en pareja, y cuando los conflictos no representan un riesgo para las crías, por ejemplo, cuando las madres las dejan en un lugar seguro mientras se alimentan.
Por otro lado, el dominio masculino es más común en especies terrestres, donde los machos son físicamente más grandes o están mejor armados, y en aquellas donde practican la poligamia. Según Elise Huchard, de la Universidad de Montpellier, “mientras que los machos obtienen poder mediante la fuerza física y la coacción, el empoderamiento de las hembras se basa en estrategias reproductivas para controlar los apareamientos”.
Estos hallazgos desafían las visiones tradicionales que presentan el patriarcado humano como un legado directo de los primates. El estudio sugiere que las relaciones de género deben analizarse en función de sus contextos sociales y ecológicos, y que los sesgos de poder no son universales ni predeterminados. En la mayoría de las sociedades de primates, machos y hembras tienen probabilidades similares de ejercer dominio, lo que pone en cuestión los argumentos que naturalizan los roles de género basados en la biología.






