Cuando cerró la heladería de su abuelo, Ana Scannapieco estaba desahuciada. Nunca más iba a probar el limón y sentía que su vida no sería la misma sin ese sabor.
Los años pasaron, el negocio volvió a abrir de la mano de otros familiares y ella convirtió aquella desesperación en una obra de teatro. En el rol de dramaturga, en La heladería llevó a escena su gusto favorito, así como los tiempos y tareas particulares que implican la fabricación de helados. “También que el foco no estaba en generar dinero, sino en hacer las cosas con valores como la nobleza, respetar la dignidad del trabajo y no mirar para el costado cuando alguien lo necesita, otras prioridades antes que el rédito económico. Durante el proceso creativo de la obra, hice el link de esa perspectiva con el teatro independiente, esa pasión en lo que uno hace”, dice quien también es la protagonista de la obra.
Además, sostiene que la actuación y los helados comparten la necesidad de estar en el aquí y ahora: “Es imposible adelantarse o estar en el pasado. Te atan al presente, aunque hagas lo mismo, siempre es distinto. Estar ahí, en ese momento, haciendo eso”.
Dirigió más de diez obras, escribió cuatro y como actriz se acerca a las veinte. “Sin embargo, antes me resistía a ser una bicha teatral, lo asumí hace poco, porque me di cuenta de que no podría vivir sin hacer teatro”, confiesa.
- ¿Una obra que recomiendes?
Habitación Macbeth, de Pompeyo Audivert.

LA HELADERÍA
La nieta del fundador de la heladería Scannapieco está buscando la receta del helado de limón que comía en su infancia. En un viaje onírico y teatral entre frutas, chocolate y dulce de leche, descubrirá el legado que la une a esa forma de hacer helado.
Domingos, a las 19, en Paseo La Plaza, Av. Corrientes 1660, CABA.






