Un nuevo estudio internacional liderado por el University College London (UCL) en Reino Unido identifica una “firma” específica en la composición de los microbios intestinales que permite detectar un riesgo elevado de enfermedad de Parkinson incluso en personas sanas que aún no presentan ningún síntoma. Los resultados, publicados este lunes en la revista Nature Medicine, abren la puerta a pruebas de detección precoz y a posibles intervenciones preventivas a través de la dieta.
La enfermedad de Parkinson, la segunda patología neurodegenerativa más común después del alzhéimer.
UNA ALTERACIÓN QUE PRECEDE A LOS SÍNTOMAS
El equipo, coordinado por investigadores del Instituto de Neurología Queen Square de la UCL, analizó muestras fecales y datos clínicos de casi 500 personas del Reino Unido e Italia: 271 pacientes con Parkinson, 43 portadores asintomáticos de la variante genética GBA1 (que puede multiplicar hasta por 30 el riesgo de desarrollar la enfermedad) y 150 controles sanos. Descubrieron que más de una cuarta parte de los microbios intestinales —exactamente 176 especies— presentaban diferencias significativas en abundancia entre los enfermos y los sanos. Algunos microorganismos eran más abundantes en las personas con Parkinson, mientras que otros predominaban en los sanos. Este patrón era especialmente marcado en estadios avanzados de la enfermedad, lo que sugiere una correlación con su progresión.
Lo más relevante es que 142 de estas especies también diferían de forma sistemática en los portadores de la variante GBA1 sin síntomas, mostrando un perfil “intermedio” entre los sanos y los enfermos. Los hallazgos se confirmaron en una cohorte adicional de más de 950 personas de Reino Unido, Corea y Turquía.
“Por primera vez identificamos bacterias en el intestino de personas con Parkinson que también aparecen en aquellas con riesgo genético antes de desarrollar síntomas”, explica el profesor Anthony Schapira, investigador principal. “Estos cambios se detectan incluso en una pequeña proporción de la población general, lo que podría indicar un mayor riesgo”.
Stanislav Dusko Ehrlich, coautor y profesor honorario en UCL, añade: “Nuestros resultados muestran que medir el grado de alteración del microbioma intestinal permitiría identificar a las personas con más riesgo de párkinson, e incluso ofrecer asesoramiento nutricional que mitigue este riesgo”.
DIETA Y PREVENCIÓN
Los participantes facilitaron información sobre sus hábitos alimenticios. Aquellos que seguían una dieta más equilibrada y variada presentaban menor probabilidad de tener un microbioma asociado a riesgo elevado. Esto concuerda con estudios previos que vinculan dietas como la MIND (combinación mediterránea y DASH) con un retraso significativo en la aparición de la enfermedad.
“Nuestros resultados indican que una mejor nutrición podría retrasar la aparición de la enfermedad”, señala Ehrlich.
Expertos consultados por SMC España, como José Manuel Fernández-Real del IDIBGI, destacan la consistencia del trabajo con investigaciones anteriores, pero advierten que su diseño transversal impide establecer causalidad. “No se puede determinar si las alteraciones en la microbiota contribuyen al desarrollo de la enfermedad o son una consecuencia de procesos ya en marcha”, indica. Será necesario realizar estudios longitudinales para confirmar su valor predictivo y terapéutico.
La relación bidireccional entre intestino y cerebro en el Parkinson ha ganado atención en los últimos años. Diversos trabajos han relacionado la disbiosis intestinal con la patología, y otro estudio reciente de UCL demostró en modelos animales cómo las proteínas tóxicas pueden propagarse desde el intestino al cerebro con ayuda de células inmunes.
Los autores consideran que el análisis del microbioma mediante una simple muestra fecal podría convertirse en una herramienta de cribado precoz, permitiendo intervenciones antes de que se produzca la pérdida neuronal sustancial que caracteriza a la enfermedad.






