Con un palo en la mano, generación tras generación de niños y niñas se imaginaron batiéndose a duelo. Espadachines trazando zetas en el aire, enfrentando a un enemigo ocasional con la destreza de la muñeca que esquiva las defensas y encuentra el punto exacto para atacar. Todo suele quedar en el terreno del juego, de la recreación. Y a eso jugaba también Isabel Di Tella, aunque un poco más en serio: en su casa había espadas y floretes, ya existía una tradición esgrimista en el seno familiar. En un núcleo primario que siempre promovió la actividad deportiva, tuvo su turno en la pedana, donde encontró una actividad que jamás abandonó. “Cuando comencé, era muy divertido, porque con una espada de metal, iba para adelante y todo parecía un juego, pero también era real. Me ponía la máscara, el traje, y estaba inmersa en un mundo completamente diferente. No había nada en mi día a día que se pareciera a eso. No mucha gente conoce este deporte. Traté de llevar amigas del colegio algunas veces, pero no prosperó. Yo iba con mi familia, y eso me gustaba. Mi papá y mi hermano estaban conmigo. Eventualmente, armé también un grupo de amigas en el club”, cuenta.
- ¿Todavía se mantiene como algo divertido?
Sí, creo que incluso más que antes. Ahora entiendo mejor lo que estoy haciendo, y disfruto de eso. Cuando realizo alguna acción bien o se da un tocado, pienso en cómo llegué a eso, los pasos que di para alcanzar ese movimiento, y eso es muy satisfactorio. Al principio, como en cualquier deporte, vas y hacés los movimientos. Yo disfrutaba de la parte recreativa, de estar tirando y también de competir. Pero no entendía qué estaba haciendo, tenía un palo en la mano e iba para adelante. Con el tiempo empezás a entender un poco más de estrategia, que en tal situación hacés más esto o lo otro. Es un segundo nivel de comprensión de la actividad. Y hay otro nivel más, que es saber que puedo generar una reacción en el otro, y que sobre esa reacción voy a ejecutar otra acción. Eso es espectacular, porque te da un nivel de entendimiento y de conexión con la actividad que está buenísimo. Es un juego más mental y está buenísimo, es muy divertido, muy creativo.
- ¿En qué momento te diste cuenta de que eras buena, de que se te daba bien este deporte?
Cuando gané el Sudamericano de Cadetes, en 2009, en Chile. Fue la primera vez que dije “Ah, esto puede ser una carrera más larga”. Fue el inicio de la motivación. Después, fui a los Juegos de la Juventud en Singapur, en 2010, y ese fue un gran empujón. Fue una experiencia increíble, porque había muchísimos chicos de mi edad que iban al colegio y que se dedicaban al alto rendimiento, como yo. Hasta ese momento, me sentía un poco sola, pero ahí estaba acompañada de chicos que se encontraban en la misma. Son amigos que todavía tengo, aunque esto fue hace quince años.
- ¿Cómo recordás el día que ganaste la medalla de oro en los Juegos Panamericanos?
Fue medio raro, logré entrar en una especie de túnel de concentración. Empecé el día algo nerviosa, pensando demasiado en lo que estaba en juego, y por eso tuve que enfrentarme a la mejor del torneo muy rápidamente. Hice un clic y pensé que si no usaba el 100 por ciento de mis energías en ganarle, no iba a poder. Puse el foco en la esgrima, sin pensar más allá de cada asalto. Cuando terminó el torneo, no me di cuenta de que ya había ganado, pensé que tenía que seguir compitiendo. Fue muy raro. Terminé de tirar y pensé en tomar agua, hidratarme, comer y prepararme para lo siguiente. Pero ya estaba, era la campeona.
- Ahora comenzó un nuevo ciclo olímpico, ¿clasificar es el gran objetivo?
Sí. Ya lo intenté muchas veces y no lo alcancé. Es un lindo objetivo, me motiva, pero trato de poner el foco en hacer una esgrima que yo disfrute y dar lo mejor de mí. Ya estoy orgullosa de todo lo que logré. Obviamente, si consigo clasificar a los Juegos, estaría buenísimo, pero estoy tratando de soltar esa necesidad de clasificar solo para poder decir “Clasifiqué”. Quiero dar lo mejor de mí estos cuatro años, mirar hacia atrás y estar orgullosa de la totalidad de mi carrera y no solamente de si al final clasifiqué o no.
- Vas a hacer todo para eso, pero eso no es todo…
Claro. Yo no puedo mentirte y decir que no me interesa clasificar a los Juegos Olímpicos. Obviamente me interesa y es el sueño de todo deportista. El que te dice que no te miente. Pero sería muy injusto conmigo misma no reconocer todo lo otro que logré.
INVESTIGADORA
Graduada en Matemáticas en la Universidad de Harvard, Isabel cursa un doctorado en Economía en el Massachusetts Institute of Technology: “Para mí siempre fue muy importante la parte académica. Estimula una parte de mi cerebro que disfruto y siempre hice lo posible por mantener las dos cosas. Mis padres siempre nos instaron a mi hermano y a mí a darles bola al deporte y a lo académico. Personalmente, a mí me da equilibrio. Las veces que opté por una sola cosa, sentí que me faltaba algo. Ahora estoy haciendo investigación, me planteo preguntas que quizás no tienen respuesta y es muy desafiante esa búsqueda”, cuenta.