La misión Artemis II, que marcará el primer vuelo tripulado del programa Artemis y allanará el camino para el regreso humano a la superficie lunar, enfrenta nuevos retrasos por cuestiones técnicas en el cohete Space Launch System (SLS). Tras un problema detectado en el flujo de helio hacia la etapa superior durante pruebas recientes, la NASA decidió regresar el vehículo al Vehicle Assembly Building (VAB) en el Centro Espacial Kennedy a finales de febrero, lo que elimina la ventana de lanzamiento de marzo y apunta ahora a oportunidades en abril, con fechas tentativas como el 1, entre el 3 y 6, o el 30 de ese mes.
Mientras los equipos trabajan en las reparaciones y preparativos para un posible despliegue en la plataforma de lanzamiento a finales de marzo, la agencia ha compartido un detalle que genera curiosidad: la alimentación de la tripulación durante los aproximadamente 10 días de misión. La nave Orión, compacta y sin sistema de refrigeración ni capacidad de reabastecimiento o carga tardía, impone restricciones estrictas: todos los alimentos deben ser no perecederos, estables a largo plazo, fáciles de preparar y, sobre todo, seguros en microgravedad para evitar partículas flotantes que puedan dañar equipos o ser inhaladas.
«Los alimentos no perecederos ayudan a gestionar la seguridad y la calidad alimentaria durante todo el periodo de conservación previsto en una nave espacial compacta y autónoma, al tiempo que reducen el riesgo de migas o partículas en microgravedad», explicó la NASA en su comunicado oficial. Este enfoque evita problemas históricos, como los sándwiches que se desintegraban en misiones pasadas, generando migajas que representaban un riesgo real.
El menú de Artemis II incluye 189 ítems únicos, una notable mejora respecto a las limitadas opciones de las misiones Apolo —donde los astronautas consumían pastas en tubos, cubos liofilizados o mezclas semilíquidas—. Entre los elementos más destacados figuran 58 tortillas (y pan plano de trigo) como alimento principal, versátil y resistente a las migas, que servirán de base para wraps y comidas. La tripulación contará con cinco tipos distintos de salsas picantes para condimentar, además de jarabe de arce, mantequilla de maní, miel, mostaza picante, canela, mermelada de fresa y mantequilla de almendra.
En bebidas, hay más de 10 opciones, incluyendo café (con 43 tazas previstas para toda la misión), té verde, limonada, cacao, sidra de manzana, bebidas de desayuno en sabores chocolate, vainilla y fresa, smoothie de mango-melocotón y piña. Cada astronauta podrá elegir hasta dos bebidas con sabor al día, limitadas por restricciones de masa.
Los platos principales abarcan desde desayunos como granola con arándanos, salchichas o quiche de verduras, hasta almuerzos y cenas con brisket de res a la barbacoa, macarrones con queso, morrones verdes picantes, brócoli au gratin, ensalada de mango, couscous con nueces o coliflor con calabaza butternut. Para los antojos dulces, no faltan chocolates, galletas, pudín, pastel, cobbler y almendras cubiertas de caramelo.
La preparación es mínima: los alimentos son listos para consumir, rehidratables, termoestabilizados o irradiados. La tripulación usará el dispensador de agua de Orión para rehidratar y un calentador compacto tipo maletín para calentar lo necesario.
«La comida a bordo del Orión está diseñada para favorecer la salud y el rendimiento de la tripulación durante la misión alrededor de la Luna. Todas las comidas deben seleccionarse cuidadosamente para que sean seguras, se conserven bien y sean fáciles de preparar y consumir», subrayó la NASA.





