Cuidarse del calor

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Cómo evitar los trastornos de la salud que suelen causar las altas temperaturas durante el verano. Consejos prácticos para la vida cotidiana y la alimentación.

El verano siempre es bienvenido, porque nos permite disfrutar del aire libre, zambullirnos al agua y andar más ligeros de ropa. Sin embargo, si no nos cuidamos de los calores extremos, podemos llegar a tener algún trastorno de salud. El más común es el golpe de calor, que es un aumento de la temperatura corporal hasta 40 °C, y más grave, pero también menos frecuente, la deshidratación, que es la pérdida de líquidos a causa del exceso de transpiración. Afortunadamente, ambas dolencias pueden prevenirse y evitarse.

Para eso, el Ministerio de Salud de Córdoba dio a conocer un instructivo en el que se indican los cuidados elementales, como no exponerse al sol entre las 10 y 16 horas, usar cremas de protección solar y vestir ropas holgadas, livianas, de algodón y de colores claros, que reflejan y rechazan los rayos solares, a diferencia de los colores oscuros, que los absorben. También advirtió que los más propensos a sufrir un golpe de calor o deshidratación son los mayores de 65 años, las embarazadas y los afectados por enfermedades crónicas respiratorias o cardíacas, diabetes u obesidad, que por eso deben cuidarse más aún del sol y el calor. 

En cualquier caso, siempre es útil saber que el golpe de calor “puede ser detectado por signos como una temperatura corporal mayor a 39 grados, piel enrojecida, caliente y seca; respiración agitada o aceleración del pulso (taquicardia)”, describe Rocío Setti, médica clínica del Centro Moreau, en Buenos Aires. Agrega que otros síntomas son dolor de cabeza, mareos, pérdida de conciencia e incluso convulsiones. A su vez, advierte que la deshidratación se manifiesta con signos como “una respiración agitada, fatiga excesiva, baja presión arterial, falta de apetito, taquicardia y una orina oscura o escasa”.

La médica recomienda que, ante la presencia de cualquiera de estos síntomas, se acuda o llame de inmediato al médico. Entre tanto, lo mejor es mantener a la persona a la sombra o en un lugar fresco, airearla, humedecer su ropa y darle de tomar agua fría. Agrega que, si el afectado “se encuentra consciente y colaborativo, se le puede dar de beber agua en sorbos pequeños”, pero advierte que debe tomarla sentado y no acostado.  

En todos los casos, la bebida más adecuada es el agua potable, según recomienda Cristina Freuler, jefa de Medicina Interna del Hospital Alemán porteño: “La cerveza y el clericó refrescan, pero no aportan agua. La cerveza y el mate son diuréticos, y entonces hacen perder líquidos. Y las gaseosas fomentan la retención de gases”, aclara. Lo mejor, el agua. 

Los niños primero

En el caso de los bebés y niños de hasta cinco años se aconseja bañarlos o mojarlos seguido, y que usen siempre gorro y protector solar. También se recomienda mantenerlos en lugares bien ventilados o frescos, darles de tomar seguido agua fresca o jugos naturales incluso sin que ellos lo pidan (o, en el caso de los bebés, amamantarlos más seguido). Además, ante síntomas como sed intensa, fiebre, dolor de cabeza, sudor excesivo, desorientación, náuseas o vómitos, se debe consultar de inmediato al médico.